A Charles le costó llevar «zapatos todos los días» en el Seminario

Charles Kabanda pasó de no hablar español cuando llegó a la Universidad de Navarra en 2014 a ser premio extraordinario fin de carrera cuando se licenció en 2016. Actualmente cursa el doctorado en Teología Espiritual y, si Dios quiere, volverá a Uganda en junio, cuando finalice sus estudios.

Charles Kabanda es un sacerdote de 40 años y es ugandés, de la localidad de Kalungu (Villa María). Es el sexto de siete hermanos de una familia católica, como tantas otras en su país, donde actualmente alrededor del 40% de los ciudadanos profesa esta religión.

Actualmente cursa el doctorado en Teología Espiritual y es la segunda vez que estudia en la Universidad de Navarra. En las dos ocasiones con ayuda económica de benefactores. La primera vez lo hizo en el año 2014, para estudiar la Licenciatura en Teología. Entonces hacía seis años que se había ordenado sacerdote.

Relata que cuando el obispo de su diócesis le animó a ir a Pamplona, no sabía nada de español y que “sentía tanta alegría como miedo”. Hizo su maleta y cambió de país, de cultura y de lengua durante unos años para formarse:

“Al principio recuerdo todo muy duro, sobre todo el tiempo en invierno. Pero poco a poco me fui estabilizando. Aprendí el idioma y comencé a sacar buenas notas. Terminé la Licenciatura en 2016 y obtuve el premio extraordinario fin de carrera”, afirma.

Se dio cuenta siendo niño de que su vocación era el sacerdocio, mientras ayudaba como monaguillo en la parroquia de Matale (Masaka): “Me llamaba mucho la atención la devoción con la que el sacerdote celebraba la Eucaristía. Había un vicario parroquial que era encantador, los monaguillos le acompañábamos a celebrar misa a diferentes pueblos y los feligreses nos invitaban celebrarlo con ellos. Era una fiesta”.

“Una de las cosas que más que costó al entrar al seminario fue acostumbrarme a llevar zapatos todos los días”

Su padre era catequista en la parroquia, por lo que pronto se dio cuenta de la inquietud de su hijo Charles. Cuando lo tuvo decidido, habló de su vocación a sus padres e ingresó en el Seminario Menor Bukalasa, de la diócesis de Masaka. Allí permaneció durante seis años.

Comenzó a ordenar su vida, seguía unos horarios, e incluso tuvo que empezar a usar zapatos todos los días, algo que según afirma fue de las cosas que más le costaron, “porque no estaba acostumbrado”. Allí aprendió a tocar el órgano, una de sus grandes pasiones ahora.

Fiel devoto de la Virgen María, de Sta. Faustina Kowalska y de Sta. Teresa del Niño Jesús, si Dios quiere, volverá a Uganda en junio. Se muestra muy ilusionado con los planes que el obispado de su diócesis tenga para él, pues le gustaría poder transmitir todo lo que ha aprendido en la Universidad y prestar servicio a la Iglesia; y asegura que fomentar las vocaciones al sacerdocio y acompañar en la dirección espiritual de las personas es lo que más le gusta de su vocación.

Texto: Universidad de Navarra