“A través de la oración me fui enamorando de Dios”

Francisco Javier de León  es guatemalteco, tiene 25 años y actualmente estudia 2º curso del Bachillerato en Teología en la Universidad de Navarra. Desde que llegó a España está “cumpliendo un sueño”: formarse para ser sacerdote.

“A través de la oración me fui enamorando de Dios y descubrí la responsabilidad de ser sacerdote”, cuenta Francisco Javier de León. Tiene 25 años, reside en el Seminario Internacional Bidasoa y actualmente estudia 2º curso del Bachillerato en Teología en la Universidad de Navarra.

“Conocía la Universidad, pero nunca me imaginé que estudiaría fuera de Guatemala, tampoco en Europa y mucho menos en la Universidad de Navarra. Fue una decisión de Dios y un sueño que se está cumpliendo”, relata con emoción.

“A través de la oración me fui enamorando de Dios y descubrí la responsabilidad de ser sacerdote”

Francisco Javier terminó sus estudios con 18 años y poco después se incorporó como profesor al Colegio Capouillez de Guatemala, para impartir clase de Matemáticas. Durante los cinco años siguientes compaginó la docencia con la carrera de Ingeniería en la Universidad San Carlos (USAC).

Desde adolescente participaba en los Encuentros de Promoción Juvenil que organiza la Archidiócesis de Santiago. Entonces tenía novia y estaba muy implicado con las actividades juveniles de estos encuentros. Vivía feliz junto a su madre y abuela.

Sin embargo, el encuentro de Promoción Juvenil celebrado en julio de 2012 le permitió descubrir que su camino iba por otros derroteros: el del sacerdocio. Con la inquietud en su interior habló con su director espiritual. Continuó con su labor docente y fue la elección del papa Francisco como sumo pontífice lo que le hizo convencerse. Tras rezarlo mucho dio un paso adelante: “Me llamó la atención cómo la humildad de un hombre a ejemplo de Dios es capaz de arrastrar masas”.

Unos meses después el obispo de su diócesis le animó a venir a la Universidad de Navarra. “Yo sólo pensaba: ¿Señor, qué quieres de mí? Y recordaba una y otra vez el pasaje de la Biblia: ‘No tengas miedo, sólo ten fe’. Vale la pena arriesgarse, el miedo que uno siente al principio se transforma en alegría”.