Augustin, de Burkina Faso, donde actualmente los católicos están perseguidos

Augustin Bassole es un sacerdote de Burkina Faso, un país con más de 20 millones de habitantes en el que casi el 35% son católicos, bautizados que actualmente son perseguidos por los extremistas musulmanes. Por eso, Augustin declara: «Hay una necesidad inmensa de profesionales en el campo de la comunicación para impulsar la evangelización». Él estudia Comunicación Institucional en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. Nos cuenta su historia y vocación. 

«Nací el 21 de mayo de 1980 en el hermoso pueblo de Kordié, departamento de la provincia de Sanguié, en la región centro-occidental de Burkina Faso. Mis padres me llamaron Agustín BASSOLE. En realidad, deberían haberme llamado Constantino como era habitual en aquella época, todavía marcada por los  consejos de los padres misioneros de África que evangelizaron a Burkina Faso desde Mali, alrededor del siglo XX. Constantino, sin embargo, sonaba muy nuevo y mi padre temía que, de llamarme así, la gente pudiera pronunciar mal ese nombre. Por eso optó por la elección fácil y arbitraria: Agustín. Siguiendo la tradición, además, debería haber llevado el nombre de Yomboe, que es una de las formas derivadas o descendentes del nombre principal Bagnomo (máscara), según mi clan, que es el clan de las máscaras de la aldea de donde vengo. Mi pueblo de origen se llama Ninion y podría traducirse como “Aquí está bien” o “Aquí está el buen vivir”. Ciertamente, algunos se preguntarán por qué no nací allí. Es muy simple: mi padre era catequista titular.

El catequista titular en Burkina Faso es alguien que fue invitado por los sacerdotes de la parroquia y enviado a una casa de formación llamada Escuela Normal de Catequistas, donde recibe toda la teología básica para ser la ayuda principal de los sacerdotes en las aldeas. 

Por lo tanto, no es un catequista en el sentido ordinario del término según el Catecismo de la Iglesia Católica, porque anima a toda la comunidad del pueblo, da formación a los catequistas que imparten catequesis, forman a las parejas para el matrimonio y también celebra los ritos fúnebres o preside las celebraciones en ausencia del sacerdote, etc.

Padres misioneros 

Y a menudo, cuando él está ausente, su esposa lo reemplaza por los mismos cargos. Claramente, su papel es mucho más amplio que el de catequista común que conocemos en Europa y en otros lugares. Al final de los cuatro años de formación, el obispo de su diócesis lo instituye oficialmente como acólito y lo envía a una parroquia. Lleva esta vida de animador misionero de las comunidades, asimilado a la misión del diácono permanente en Europa, durante 25 a 30 años antes de retirarse. Por lo tanto, mi padre fue catequista titular, instituto acólito desde 1959 y, por lo tanto, misionero en la aldea de Kordié, especialmente en el barrio de Gapouché, donde yo mismo nací el 21 de mayo de 1980.

Toda la historia de mi vocación comienza en este barrio de Gapouché. Como todas las vocaciones nacidas desde la infancia, primero me atrajo la gandura de los Padres Blancos que pasaron por la carretera principal que va desde Koudougou (capital de mi diócesis) a Yako (una de las ciudades importantes de mi diócesis, ubicada en el norte). Digamos que la casa del catequista en Gapouché está justo al lado de esta carretera principal.

Por lo tanto, los Padres Blancos tenían la amabilidad de detenerse muchas veces para saludar al catequista Hyacinthe BASSOLE y su esposa Marie KANDO y sus ocho hijos, de los cuales soy el penúltimo. Cuando se detenían en nuestra casa, llevaban caramelos en el bolsillo, lo que nos encantaba a nosotros, los niños. Por mi parte, no fueron tanto los caramelos que me atrajeron, sino la gandura blanca de los padres, atada con un cinturón hecho de un largo rosario. Y soñaba: un día, yo también llevaría tal blancura. 

Mi deseo de ser sacerdote 

Aquel tiempo no duró mucho porque los Padres Blancos fueron llamados a ir a otros lugares para fundar nuevas comunidades cristianas. Fue entonces que empecé a comprender que también era posible que yo me convirtiera en sacerdote como otros africanos de mi pueblo.

El que más me marcó fue el padre Thomas SALOU, de Yako. Siendo de Yako (ciudad que mencioné arriba), no podía ir a su casa sin pasar por el mismo camino de los Padres Blancos, es decir al lado de nuestra casa en Gapouché. Así es como él también, siguiendo a los Padres Blancos, se acostumbró a detenerse en nuestra casa para saludar a mis queridos padres. Es él quien, de manera especial, alimentó mi deseo de ser sacerdote. En la actualidad, es profesor en el Seminario menor Notre Dame d’Afrique en Koudougou.

Mi vocación 

Y así llegamos a mi historia personal de vocación. Aconteció que, desde mi hogar, llevé mi intención al párroco, que estaba muy contento de inscribirme en la lista de candidatos al sacerdocio. A partir de entonces, tuve que participar en las diversas reuniones de los vocandi de mi parroquia. Todavía recuerdo, cuando tenía seis o siete años, que tenía que pedalear en mi bicicleta para ir a Réo (ciudad principal de la parroquia) a través de Koudougou, por un total de 60 km para acudir a todo los encuentros de los vocandi.

Inimaginable hoy en este mundo moderno donde el niño es más que un rey. Pero nunca me arrepiento de esos momentos. Por el contrario, me permitieron cultivar una personalidad que ningún niño de hoy puede tener hasta 15 años… ¡Y no digo nada más!

Formación sacerdotal 

Asistí a la escuela primaria pública de Ninion de 1987 a 1993. Fui allí porque mi padre se había retirado en 1986 y nos habíamos mudado a su pueblo natal de Ninion. Recuerdo la fecha, abril de 1992, que fui en bicicleta a realizar el examen de ingreso al Seminario menor de Koudougou, en Réo. Y fui admitido, con gran pena para mi maestro de escuela, quien me había preparado para otro ingreso, llamado “PMK”, que sería el concurso de entrada en la Escuela Primaria Militar de Kadiogo, o sea la escuela pública de referencia para los estudiantes trabajadores. Lo que implica que estaba entre los mejores la escuela primaria. Sin embargo, seguí siendo un buen estudiante y un buen amigo de este maestro de escuela, Yomboè BASSOLE, que actualmente es profesor universitario.

De 1993 a 2001, asistí al Seminario Menor “Notre Dame d’Afrique” de Koudougou y luego, de 2001 a 2003, al Seminario Mayor “St. Pierre et St. Paul” de Kossoghê, en Ouagadougou,  la capital de nuestro país. Desde 2003 hasta 2005, frecuenté el Seminario Mayor “St. Jean Baptiste” de Wayalge, en Ouagadougou, donde comencé mi ciclo de teología, especialmente cristología y dogmática.

El año académico 2005-2006 fue el año de la formación pastoral. De hecho, después de cuatro años de Seminario Mayor, los obispos de la Conferencia de Obispos Burkina-Níger decidieron que los candidatos al sacerdocio, después de los primeros dos años de Teología, deben de hacer una experiencia pastoral anual en una parroquia. Y así me enviaron a la parroquia de San Juan de Fara para dicho año pastoral. Fue muy duro, pero una gran experiencia y muy enriquecedora.

De 2006 a 2008, regresé al Seminario Mayor “St. Jean Baptiste” de Wayalge, en Ouagadougou, donde completé mi ciclo de Teología, especialmente pastoral, y donde fui ordenado diácono el 24 de junio de 2007, incardinado en la diócesis de Koudougou, y donde obtuve mi licenciatura en Teología a finales de 2008.

El 5 de julio de 2008, cuando tenía 28 años, Su excelencia Monseñor Basile TAPSOBA, entonces obispo de mi diócesis, me confirió la ordenación sacerdotal en la Iglesia de Nuestra Señora de la Reconciliación de Burkina en Koudougou, junto con cuatro de mis compañeros.

De 2008 a 2013, fui vicario en varias parroquias de la diócesis y, de 2013 a 2017, fui director diocesano de Medios de Comunicación, director de la Radio “Notre Dame de la Reconciliation” de Koudougou y Coordinador de las otras dos radios católicas de la diócesis que son la Radio “Natigm-b-zanga” de Yako y la Radio “Nemaro-Zien” de Leo.

En septiembre de 2017, mi obispo me envió a especializarme en el campo de la Comunicación Social e Institucional en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, donde ya estoy en mi segundo año de Licenciatura.

Mi país 

En un país de 20 millones de habitantes, con casi el 35% de católicos, y donde actualmente los católicos son perseguidos por los extremistas musulmanes, hay una necesidad de profesionales en el campo de la comunicación para impulsar la evangelización.

El país tiene 15 diócesis y más de 3500 sacerdotes y miles de religiosos y religiosas. Nuestra Iglesia local en Burkina Faso tiene 15 radios diocesanas, todas conectadas entre ellas gracias a la creación de una radio madre llamada RCB (Red Católica de Radio de Burkina).

También hay un canal de televisión católico llamado Tv-María. Sin mencionar los muchos sitios web y redes sociales que todas las diócesis están tratando de establecer. En tal realidad, más que la diócesis de Koudougou, todo el país necesita profesionales de la comunicación para mantener estas estructuras de diálogo con el mundo y proponer el evangelio a Burkina y al mundo con los medios de nuestro tiempo y para mejor entretener relaciones en general con otros medios.

Por eso siempre repito que, al apoyar mis estudios en esta área de la Comunicación, mis benefactores, sin los cuales yo no podría estar en Roma formándome, están haciendo una gran labor de caridad hacia una Iglesia hermana cuyos miembros siempre los recordarán y rezará por ellos todo el tiempo.