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16 Ago, 22

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san expedito

A Jesús por María: la intercesión de la Virgen María

La Virgen intercede por cada uno de nosotros. Lo mismo que para una madre sus hijos son únicos y diferentes entre sí, así somos nosotros para María. Ella guarda siempre para nosotros una mirada que invita a la confianza que nos acerca más a Ella, y así llegamos a Jesús por María.

Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!,
¡Todos, con Pedro, a Jesús por María!
San Josemaría Escrivá de Balaguer.

 A Jesús por María

La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo. Ella es “omnipotente por gracia”.

Hace tiempo el Papa san Juan Pablo II, en Redemptoris Mater escribió sobre la intercesión de la Virgen María y puntualizó que María «cooperó libremente en la obra de la Salvación de la humanidad, en profunda y constante sintonía con su divino Hijo».

De esta cooperación «se deriva el don de la maternidad espiritual universal: asociada a Cristo en la obra de la Redención, que incluye la regeneración espiritual de la humanidad y se convierte en Madre de los hombres renacidos a una vida nueva».

Es la Virgen María quien «guía la fe de la Iglesia hacia una acogida de la Palabra de Dios cada vez más profunda, sosteniendo su esperanza, animando la caridad y la comunión fraterna, y alentando el dinamismo apostólico».

Dios ha querido unir «a la intercesión sacerdotal del Redentor la intercesión maternal de la Virgen. Es una función que Ella ejercita en beneficio de quienes están en peligro y tienen necesidad de favores temporales y, sobre todo, de la salvación eterna».

Letanías a la Virgen María

Los títulos con los que los cristianos nos dirigimos a la Virgen María cuando rezamos las letanías que acompañan la oración del Santo Rosario, “ayudan a comprender mejor la naturaleza de su intervención en la vida de la Iglesia y de cada fiel». San Juan Pablo II.

Como «Abogada«, defiende a sus hijos y los protege de los daños causados por sus propias culpas. Los cristianos invocan a María como «Auxiliadora», reconociendo su amor materno que ve las necesidades de sus hijos y está dispuesta a intervenir en su ayuda, sobre todo cuando está en juego la salvación eterna».

Recibe el título de «Socorro» porque está cerca de cuantos sufren o se encuentran en situaciones de grave peligro. Y como «maternal Mediadora«, María presenta a Cristo nuestros deseos, nuestras súplicas y nos transmite los dones divinos, intercediendo continuamente en favor nuestro.

«¡Madre! —llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la Gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha».
San Josemaría Escrivá, Camino N° 516.

La intercesión de la Virgen María: “Mediación en Cristo”

María no quiere atraer la atención hacia su persona. Vivió en la tierra con la mirada fija en Jesús y en el Padre celestial. Su deseo más intenso consiste en hacer que las miradas de todos converjan en esa misma dirección. Quiere promover una mirada de fe y de esperanza en el Salvador que nos envió el Padre. Con esta mirada de fe y de esperanza, impulsa a la Iglesia y a los creyentes a cumplir siempre la voluntad del Padre, que nos ha manifestado Cristo.

De la Homilía sobre la Virgen María pronunciada por san Josemaría Escrivá, el 4 de mayo de 1957, e incluida en el libro “Es Cristo que pasa”:

María, Madre de Dios y Madre de los hombres

“Estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Habiendo mirado, pues, Jesús a su madre, y al discípulo que él amaba, que estaba allí, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después, dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel punto el discípulo la tuvo por Madre”. Juan 19, 25-27.

Así es, porque así lo quiso el Señor. Y el Espíritu Santo dispuso que quedase escrito, para que constase por todas las generaciones.

María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre (Monstra te esse Matrem – Himno litúrgico Ave maris stella).

Es una madre que no se hace rogar, que incluso se adelanta a nuestras súplicas, porque conoce nuestras necesidades y viene prontamente en nuestra ayuda, demostrando con obras que se acuerda constantemente de sus hijos.

La entrega de Jesús de su Madre significa un Don que Cristo hace personalmente a cada hombre. Es el regalo de Él para nosotros; no le bastó con regalarnos la creación, la vida, el perdón, sino que fue más allá y nos dejó a su Madre Santísima como Madre Nuestra.

María se unió íntimamente a su sacrificio, un sacrificio que implicaba seguir guardando cosas en su corazón. Los 7 Dolores de la Virgen, son varios momentos de la vida de la Virgen María en donde estaba unida a Jesús de un modo particular y único. Lo cual le permitió compartir la profundidad del dolor de su Hijo y el amor de su sacrificio.

María acompaña a Jesús paso a paso

“Hagan lo que Él les diga”. Juan 2, 5. Es Juan quien cuenta la escena de Caná. Él es el único evangelista que ha recogido este rasgo de solicitud materna. San Juan nos quiere recordar que María ha estado presente en el comienzo de la vida pública del Señor. Esto nos demuestra que ha sabido profundizar en la importancia de esa presencia de la Señora. Jesús sabía a quién confiaba su Madre: a un discípulo que la había amado, que había aprendido a quererla como a su propia madre y era capaz de entenderla.

Entre las criaturas nadie mejor que María conoce a Cristo, nadie como su Madre puede introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio.

León XIII, en una Encíclica sobre el Rosario, dice: “Por expresa voluntad de Dios, ningún bien nos es concedido si no es por María; y como nadie puede llegar al Padre sino por el Hijo, así generalmente nadie puede llegar a Jesús sino por María”.

María es madre de todos los cristianos

“Cooperó con su caridad para que nacieran en la Iglesia los fieles, miembros de aquella cabeza, de la que es efectivamente madre según el cuerpo.” San Agustín, De sancta virginitate, 6.

San Lucas, el evangelista que ha narrado con más extensión la infancia de Jesús. Parece como si quisiera darnos a entender que, así como María tuvo un papel de primer plano en la Encarnación del Verbo, de una manera análoga estuvo presente también en los orígenes de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.

Desde el primer momento de la vida de la Iglesia, todos los cristianos que han buscado el amor de Dios, ese amor que se nos revela y se hace carne en Jesucristo, se han encontrado con la Virgen, y han experimentado de maneras muy diversas su maternal solicitud.

"La Madrecita buena de Dios" Mons. Álvaro del Portillo - A Jesús por María

Mons. Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei, en 1987, en Toshi.

Acercarse a la Virgen María

Jesús es un camino transitable, abierto a todos. La Virgen María hoy nos lo indica, nos muestra el camino: ¡Sigámosla! Y Tú, Madre Santa de Dios, acompáñanos con tu protección, Amén. Benedicto XVI, Homilia del 01/02/2012.

La Madrecita buena de Dios: Mons. Álvaro del Portillo

Como Prelado del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo en 1987 habló sobre el poder de intercesión de la Virgen María, cuando viajo a la isla de Toshi, frente a la costa de Toba en Japón.

“Ya veis la fuerza de la intercesión de nuestra Madre. Cuando Ella pide, su Hijo Dios no puede decir que no, dice que sí. Ella es la Madrecita buena de Dios y Dios dice que sí a su Madrecita buena. Y esa Madrecita buena de Dios, es Madrecita buena también, que nos hace caso siempre, que nos oye y que nos escucha. Y por eso, cuando estamos en un apuro, cuando estamos con un dolor, con una pena conviene tratar a la Santísima Virgen para que ella, que lo puede todo, interceda ante su Hijo”.

Como buenos hijos debemos amar cada día a nuestra Madre del Cielo; sabemos que Ella es regalo de Jesús, y Dios nos otorga el Inmaculado Corazón de María para nuestra salvación, para acercarnos más a Él.

Oración para pedir la intercesión de la Virgen María

Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios:
no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad,
antes bien sálvanos siempre de todos los peligros,
Virgen gloriosa y bendita.

Bibliografía

Opusdei.org.
“Es Cristo que pasa”, san Josemaría Escrivá.
Corazones.org.
Carta Enciclíca, Redemptoris Missio, 1990, san Juan Pablo II.
Homilia del 01/01/2012, Benedicto XVI.

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