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03 Feb, 21

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san expedito

¿Cómo se debe realizar un buen examen de conciencia para la confesión? Claves necesarias

En el examen de conciencia tratamos de examinar nuestra alma en oración ante Dios, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, a partir de nuestra última confesión. Pero hay varios detalles que podemos tener en cuenta para hacerlo de un modo más profundo y efectivo.

Buscar remedio a nuestras faltas es una tarea de amor. Por eso hemos de aprovechar un medio muy necesario, indispensable, que es el examen de conciencia. Mons. Javier Echevarría.

Para qué es el examen de conciencia

El fin del examen no es angustiarse con las culpas sino reconocerlas con sinceridad y confianza en Dios para luego acudir al sacramento de la confesión, sabiendo que seremos perdonados. Todo el proceso se mueve en la misericordia infinita de Dios manifestada en Jesucristo.

Vemos nuestras faltas en relación con:

  • Diez mandamientos.
  • Siete pecados capitales.
  • Defectos de carácter.
  • Dones que Dios nos ha dado para servirle.
  • Las responsabilidades de nuestra vocación.

El examen de conciencia es un puente hacia la confesión

En ocasiones, es nuestra propia vida la que parece desviarse fruto de decisiones equivocada o simplemente de nuestras debilidades personales. Los cristianos somos afortunados ya que contamos con la posibilidad de volver a empezar. Esa posibilidad existe gracias a la bondad de poder acudir al sacramento del Perdón, para alcanzar la certeza de que Dios nos perdona y nos anima a volver a empezar.

Como se puede hacer un examen de conciencia diario

Recomendaciones de Mons. Javier Echevarría en 2016.

Cómo hacer un buen examen de conciencia

En primer lugar, el examen se hace ante Dios, escuchando su voz en la conciencia de cada uno de nosotros.

Tómate unos minutos para el examen de conciencia diario

Seguidamente, solo lleva unos pocos minutos diarios de reflexión mirar con el alma a la luz de Dios. Como explicaba san Josemaría, bastan unos minutos antes de entregarse al reposo nocturno, pero con constancia cotidiana.

Pide la ayuda del Espíritu Santo

Pero hay momentos puntuales, por ejemplo, el examen de conciencia para confesarse, donde será conveniente proceder con más detenimiento. Y en todos los casos, es conveniente invocar al Espíritu Santo, para que nos conceda su luz.

Terminar con un acto de dolor y un propósito de mejora

Para finalizar, no se trata tan solo de enumerar pecados sino de descubrir la actitud equivocada del corazón y con dolor por nuestros pecados, hacer el firme propósito de no volver a cometerlos. Es importante acabar con un acto de dolor y algún propósito concreto para la jornada siguiente. Siempre hay áreas en las que somos más débiles y que requieren atención especial, pero si comprendemos que Cristo es la medida, veremos que en todo tenemos mucho que crecer.

El examen de conciencia que propone el Papa Francisco

Por otra parte, en la Cuaresma 2015, el Papa Francisco obsequió a los fieles en la Plaza de San Pedro un folleto especial titulado “Custodia el corazón”. Contiene importantes recursos para el camino hacia la Semana Santa. Se puede descargar en el anterior enlace.

Entre estos recursos está un examen de conciencia de 30 preguntas planteadas por el Papa para hacer una buena confesión, así como una breve explicación sobre por qué acudir al sacramento de la Reconciliación.

Preguntas para un buen examen de conciencia

Ofrecemos una serie de preguntas dirigidas por san Josemaría Escrivá de Balaguer, que pueden ayudar a realizar el examen de conciencia personal previo a la confesión. Esta versión está dirigida a adultos.

Amarás a Dios sobre todas las cosas…

  • ¿Creo todo lo que Dios ha revelado y nos enseña la Iglesia Católica? ¿He dudado o negado las verdades de la fe católica?
  • ¿Hago con desgana las cosas que se refieren a Dios? ¿Me acuerdo del Señor a lo largo del día? ¿Rezo en algún momento de la jornada?
  • ¿He recibido al Señor en la Sagrada Comunión teniendo algún pecado grave en mi conciencia? ¿He callado en la confesión por vergüenza algún pecado mortal?
  • ¿He blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad? ¿He practicado la superstición o el espiritismo?
  • ¿He faltado a Misa los domingos o días festivos? ¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia?

… y al prójimo como a ti mismo.

  • ¿Manifiesto respeto y cariño a mis familiares? ¿estoy pendiente y ayudo en el cuidado de mis padres o familiares si lo necesitan? ¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en la vida de familia? ¿tengo paciencia?
  • ¿Permito que mi trabajo ocupe tiempo y energías que corresponden a mi familia o amigos? Si estoy casado, ¿he fortalecido la autoridad de mi cónyuge, evitando reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos?
  • ¿Respeto la vida humana? ¿He cooperado o alentado a alguien a abortar, destruir embriones, a la eutanasia o cualquier otro medio que atente contra la vida de seres humanos?
  • ¿Deseo el bien a los demás, o albergo odios y realizo juicios críticos? ¿He sido violento verbal o físicamente en familia, en el trabajo o en otros ambientes? ¿He dado mal ejemplo a las personas que me rodean? ¿Les corrijo con cólera o injustamente?
  • ¿Procuro cuidar mi salud? ¿He tomado alcohol en exceso? ¿He tomado drogas? ¿He arriesgado mi vida injustificadamente (por el modo de conducir, las diversiones, etc.)?
  • ¿He mirado vídeos o páginas web pornográficas? ¿Incito a otros a hacer el mal?
  • ¿Vivo la castidad? ¿He cometido actos impuros conmigo mismo o con otras personas? ¿He consentido pensamientos, deseos o sensaciones impuras? ¿Vivo con alguien como si estuviéramos casados sin estarlo?
  • Si estoy casado, ¿he cuidado la fidelidad matrimonial? ¿procuro amar a mi cónyuge por encima de cualquier otra persona? ¿Pongo mi matrimonio y mis hijos en primer lugar? ¿Tengo una actitud abierta a nuevas vidas?
  • ¿He tomado dinero o cosas que no son mías? ¿En su caso, he restituido o reparado?
  • ¿Procuro cumplir con mis deberes profesionales? ¿Soy honesto? ¿He engañado a otros: cobrando más de lo debido, ofreciendo a propósito un servicio defectuoso?
  • ¿He gastado dinero para mi comodidad o lujo personal olvidando mis responsabilidades hacia otros y hacia la Iglesia? ¿He desatendido a los pobres o a los necesitados? ¿Cumplo con mis deberes de ciudadano?
  • ¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse? ¿He descubierto, sin causa justa, defectos graves de otras personas? ¿He hablado o pensado mal de otros? ¿He calumniado?

Con la colaboración de:

Opusdei.com
Aciprensa

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