Antoine Tiaboundou

Los pequeños y grandes gestos que se hacen en la vida hacen que la vida misma, la nuestra y la de los demás, vuelva a florecer
Nombre: Antoine Tiaboundou
Edad: 40 años
Origen: Fada N'Gourma, Burkina Faso
Estudios: de Licenciatura en Comunicación Institucional en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma
Situación: Presbítero
Importe mínimo admitido: 1.000€
Importe Solicitado: 10.500 €
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Antoine Tiaboundou

Soy sacerdote gracias a mi padre, que era catequista

Antoine Tiaboundou es un sacerdote de la diócesis de Fada N’gourma, una ciudad que se encuentra en la parte oriental de Burkina Faso, a 219 kilómetros al este de Ouagadougou, la capital. Fada N’gourma es una ciudad importante, pues se la conoce mucho por la producción de mantas y alfombras, además que por su miel.

«Nací en una familia de 7 hijos. Tuve la felicidad de nacer y de crecer en una familia católica. Mi papá (fallecido) era catequista. En mi país el del catequista es un ministerio muy importante, un ministerio extraordinario instituido en la Iglesia de Burkina Faso desde el inicio de la evangelización. Con mamá, recibieron una formación de cuatro años y fueron enviados por el párroco sucesivamente a varios pueblos donde papá tenía que enseñar y preparar a los catecúmenos para la recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana y el matrimonio.

La figura del catequista es importante en este sentido porque asegura la permanencia de la Iglesia en lugares remotos donde el sacerdote, muchas veces muy solicitado, viene pocas veces para visitar las comunidades y ofrecerles los sacramentos. Todos los domingos, el catequista reúne a la comunidad, y, cuando no puede haber misa por falta de sacerdotes, preside la oración comunitaria dominical.

Esta celebración está compuesta por la escucha de la Palabra de Dios el domingo, a la que sigue un tiempo para compartir, y por una una oración común por las intenciones de la comunidad y de la Iglesia. A veces el catequista, quien preside, distribuye la Comunión a los fieles. Después de esta celebración, dispensa la catequesis y visita a los enfermos.

En última instancia, el catequista está a cargo del pueblo de su comunidad, ya que le guía y le anima para el anuncio del Evangelio y para la experiencia de la fe a la espera del sacerdote.

Entonces fue en este contexto que viví mi infancia. Y fue en estas circunstancias que tuve el deseo de ser sacerdote desde los cinco años. Veía cuánta falta y cuánto deseo tenía mi pueblo por tener un sacerdote siempre presente… Y mi mismo deseo de servir al pueblo nació del contacto con un sacerdote redentorista de origen francés quien venía a menudo a celebrar la misa dominical para la comunidad de la aldea. Todavía guardo en mi corazón un recuerdo muy vivo de él: recuerdo su sencillez, su cercanía a papá y su facilidad para dialogar con los jóvenes cristianos, con líderes tradicionales y con los creyentes de la religión musulmana, ¡ya que en mi país hay de todo!

Fue este mismo sacerdote quien tuvo el placer de presentar mi expediente para ingresar al seminario menor San Agustín de Baskouré, en la arquidiócesis de Koupéla, en septiembre de 1993 donde seguí la formación durante ocho años hasta obtener el Bachillerato en Letras en 2001.

Después del seminario menor, estudié filosofía y teología durante siete años, hasta ser ordenado sacerdote el 6 de diciembre de 2008 con motivo de la celebración de las bodas de oro de la creación de mi parroquia original, Piela.

Después de seis años de ministerio sacerdotal en la diócesis, mi obispo quiso enviarme a Roma para tres años estudios en Comunicación social e institucional en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de 2014 a 2017, gracias a una beca de estudio.

De hecho, ha sido un sacrificio para la diócesis que yo estuviera en el extranjero para formarme, ya que, como decía antes, hay falta de sacerdotes, pero es muy necesario no solamente tener a buenos y santos sacerdotes, sino que éstos estén bien formados para la tarea de la evangelización, sobre todo a través de los medios de comunicación, tan importantes hoy en día.

Por lo tanto, después de obtener la Licenciatura en junio de 2017, regresé a la diócesis para ocuparme principalmente de las escuelas católicas y, entre otras cosas, Radio Taanba, una radio diocesana.»

Antoine Tiaboundou

 La gratitud es vida, la vida es gratitud. Dios los bendiga siempre

«A partir de septiembre de 2020, estoy de nuevo en misión de estudio para el ciclo de doctorado en la misma universidad. El obispo decidió que regresara para obtener el doctorado ya que se dio cuenta de cuán importante es la labor que se puede hacer en la diócesis después de tener la oportunidad de formarse en una universidad de excelencia como es la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Por eso, después de obtener otra beca, volví a Roma, aunque en un momento muy delicado como el de la pandemia.

De hecho, obtener una beca en este momento en que el COVID está golpeando duramente a la humanidad fue una oportunidad real y tangible que Dios y vosotros, mis benefactores me dieron para servir mejor a la Iglesia en mi diócesis y, con la gracia de Dios, poder animar a otros chicos como fui yo, siguiendo el ejemplo de mi padre y del sacerdote redentorista que tanta influencia tuvo sobre mi, a consagrar su vida en el servicio del Señor.

Estoy feliz de contar con vuestro apoyo, que se que cuidan de mi no solamente en la forma material sino también a través de sus oraciones.

El don de la fe, pues, es lo más importante que tenemos. Siempre doy gracias a Dios por este don tan maravilloso. Percibo mi sacerdocio como una continuación del testimonio de la fe de mi papá en el corazón de las comunidades de pequeñas aldeas, sencillas y pobres. Para mí ser sacerdote significa amar a Jesús, darlo a conocer, compartir la alegría de conocerlo con nuestros hermanos para que la humanidad crezca en el diálogo, en la paz y en la fraternidad.

También estoy convencido que esta especialización tan importante que hago en Comunicación social e institucional sin duda me ofrece herramientas para comunicar mejor la fe en la Iglesia y en el mundo, y en particular en mi pequeño país de África.

Los pequeños y grandes gestos que se hacen en la vida hacen que la vida misma, la nuestra y la de los demás, vuelva a florecer. La gratitud es vida, la vida es gratitud. Dios los bendiga siempre.»

¿En qué consiste una beca completa?

Mas de 800 obispos de los cinco continentes, solicitan ayudas al estudio para sus candidatos a través de las becas. Gracias a los benefactores como tu, CARF hace frente a la mayoría de las solicitudes, pero las necesidades son crecientes y queremos que todas las peticiones sean atendidas.

En la gráfica podrás ver la composición de una beca completa.

  • Manutención y alojamiento: 11.000€
  • Matrícula y tasas académicas: 3.500€
  • Complemento formación académica: 3.500€
Si no hubiera sacerdotes, no habría Iglesia. Que no se pierda ninguna vocación por falta de recursos.
Margarita, donante de CARF