Julio Alberto Ordóñez Álvarez

Con la ayuda de Dios he sabido disfrutar y afrontar alegrías como tristezas, éxitos como fracasos, momentos de fortaleza y momentos de crisis
Nombre: Julio Alberto Ordóñez Álvarez
Edad: 35 años
Origen: Santiago, Guatemala
Estudios: Estudia Teología en el Seminario Internacional Bidasoa, en Pamplona
Situación: Seminarista
Importe mínimo admitido: 1.000€
Importe Solicitado: 600 €
Comparte la historia de Julio Alberto Ordóñez Álvarez en tus redes sociales
Julio Alberto Ordóñez Álvarez

Al llegar a Bidasoa comprendí la universalidad de la Iglesia

Julio Alberto Ordoñez Álvarez es un seminarista de la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala.

«Mi primer recuerdo de saberme llamado por Dios fue a la edad de once años, estudiaba en un colegio católico llevado por jesuitas y cada primer viernes de mes nos llevaban a misa, no recuerdo bien la fecha pero en uno de esos viernes de Misa, al momento de la consagración y que el Padre Gullón (era el sacerdote que celebraba la Misa) levanta la Sagrada Forma, empecé a pensar que yo quería hacer eso en mi vida. 

A partir de ese momento le pedí a mi madre que me dejara formar parte de los acólitos de mi parroquia, y así fue como me empecé a involucrar en el servicio al Señor, iba todos los días a Misa para poder acolitar y estar en el Altar, y conforme iba creciendo me iba involucrando mas en grupos juveniles de mi parroquia, prácticamente toda mi adolescencia la viví de la mano de mi parroquia pero también conforme pasaba el tiempo olvidaba cada vez más mi intención de ser Sacerdote.

A los 18 años al terminar mi carrera a nivel de secundaria inicio a trabajar, y lastimosamente empiezo a alejarme de Dios y empiezo una etapa en la que realmente me aleje de Él, pero a los 23 años tras sufrir la perdida de mi tía a causa del cáncer, empiezo a acercarme a Dios nuevamente, y así empiezo a servir nuevamente en la Iglesia, y a través de ese servicio me vuelvo a enamorar enormemente de Dios y vuelve a mis pensamientos el deseo de querer ser sacerdote, lo que me hace empezar a ir a encuentros vocacionales de mi diócesis.

Los encuentros vocacionales, me ayudaban mucho y me iban dando luces hacia dónde dirigir mi vida, y creo que claramente veía que era el sacerdocio pero también entra en mi el temor de serlo, por lo que en lugar de entrar al seminario decido no seguir este camino y empiezo a decirme a mi mismo que el sacerdocio no era mi camino.

Pasaron los años, yo seguía sirviendo en la iglesia, conozco a una chica de la cual me enamoro y llegamos a ser novios, pero después de un tiempo de relación me doy cuenta que El Señor, insistía en mi mente que me quería como sacerdote, y recuerdo preparar una charla para un curso de retiro para jóvenes que se llamaba “estudio y vocación”. Entré en crisis porque iba a hablarle a los chicos de vocación y yo no estaba siguiendo la mía.

Al darme cuenta de esta crisis decido buscar dirección espiritual y uno de mis mejores amigos me presenta al Padre Mario, sacerdote del Opus Dei quien me acompaña durante un tiempo en mi discernimiento vocacional, y en este discernimiento decido que si quiero atender el llamado que Dios me hacía para ser sacerdote diocesano. 

He vivido en Pamplona toda mi formación sacerdotal y mis estudios para el Bachillerato en teología; son años en los que ha habido tanto alegrías como tristezas, éxitos como fracasos, momentos de fortaleza y momentos de crisis, pero que con la ayuda de Dios he sabido disfrutar y afrontar.

Una de las primeras experiencias y de las que más guardo en mi corazón es el día en que vine a Bidasoa, recuerdo bien que fue un martes por la tarde y por el viaje no había podido asistir aun a la Santa Misa, pero en el momento que ya había logrado instalarme un poco en la que sería mi habitación, me informan que un obispo de Brasil (que llegaba de visita a Bidasoa por esos días) iba a celebrar la Santa Misa en unos momentos y que podía participar de ella, rápidamente me aliste, entre en el oratorio y me dispuse a vivirla pero algo había perdido de vista que era el idioma, la Santa Misa seria en portugués y aunque en ese momento no entendía mucho de lo que se decía mi corazón y mente si se lograban situar en lo que se estaba viviendo; esta primer experiencia hizo que mi amor por la Iglesia aumentara más, ya que experimente y comprendí esa universalidad que tanto escuchaba de ella.

También es importante mencionar, que esta bendición de formarme en el Seminario Internacional Bidasoa no sería posible sin la ayuda que tan generosa y desinteresadamente dan ustedes, es decir nuestros benefactores del CARF, que día a día ponen comida en nuestras mesas un techo donde convivir y dormir y un lugar donde podamos aprender más de Dios.

Julio Alberto Ordóñez Álvarez

Recuerdo preparar una charla para un curso de retiro para jóvenes que se llamaba “estudio y vocación”. Entré en crisis porque iba a hablarle a los chicos de vocación y yo no estaba siguiendo la mía.

«Esta bendición de formarme en el Seminario Internacional Bidasoa no sería posible sin la ayuda que tan generosa y desinteresadamente dan ustedes, que día a día ponen comida en nuestras mesas, un techo donde convivir y dormir y un lugar donde podamos aprender más de Dios. Tengo el corazón lleno de agradecimiento.»

¿En qué consiste una beca completa?

Mas de 800 obispos de los cinco continentes, solicitan ayudas al estudio para sus candidatos a través de las becas. Gracias a los benefactores como tu, CARF hace frente a la mayoría de las solicitudes, pero las necesidades son crecientes y queremos que todas las peticiones sean atendidas.

En la gráfica podrás ver la composición de una beca completa.

  • Manutención y alojamiento: 11.000€
  • Matrícula y tasas académicas: 3.500€
  • Complemento formación académica: 3.500€

Si no hubiera sacerdotes, no habría Iglesia. Que no se pierda ninguna vocación por falta de recursos.

Margarita, donante de CARF