RECORRIDO PASTORAL

Don Carlos López Bonifacio

Este sacerdote de la diócesis de Huancavelica, situada en la cordillera andina del Perú, la zona más pobre del país. La vocación de Don Carlos López Bonifacio está unida estrechamente a la música, pues fue lo que desde niño le atrajo a la Iglesia y le hizo conocer esta llamada de Dios. Ahora como sacerdote precisamente enseña a numerosos niños a través de un coro que no para de crecer y con el que se dirigen a Dios en español y quechua, los idiomas de su pueblo, y en latín, el de la Iglesia.
Don Carlos López Bonifacio - Peru - Recorridos Pastorales

Don Carlos López Bonifacio, de 42 años y ordenado hace casi 18 años, estudió durante dos cursos en Pamplona gracias a una beca del CARF gracias a la cual pudo conseguir la licenciatura en Filosofía en la Universidad de Navarra.

Nunca podrá olvidar su paso por España entre 2007 y 2009. Experimentó lo mejor y lo peor. Pudo disfrutar de los estudios y de una cultura que ansiaba conocer, pero a la vez estuvo a punto de morir en el atentado que la banda terrorista ETA cometió a través de un coche bomba en 2008 en la Universidad de Navarra. Él fue uno de los heridos que tuvo que ser hospitalizado debido al ataque.

Entrevista a Don Carlos López Bonifacio

Donde nos habla de su paso por España, de la formación que recibió en Pamplona así como de su propia vocación y la importancia que la música ha tenido en su vida y también en la historia de la Iglesia:

¿Cómo es la tierra de donde usted procede?

Soy de Huancavelica, región andina del Perú. Aquí existen pueblos que superan los cuatro mil metros de altura, aunque también hay valles y quebradas. En general es una zona fría. Durante el virreinato hubo una importante actividad minera y de la bonanza económica de aquella época son los espléndidos templos barrocos que tenemos. En la actualidad seguimos luchando para dejar de ser el departamento más pobre del Perú.

¿Y religiosamente hablando?

En cuanto a la fe hay zonas más religiosas que otras. Diversos factores influyeron en esto, pero se notan los pueblos que tuvieron permanente atención sacerdotal de los que ocasionalmente eran atendidos por los escasos sacerdotes que había.

Veo que la música es una parte fundamental en su vida, Don Carlos ¿de dónde viene está afición y por qué?

La música la aprendimos varios sacerdotes durante nuestra formación en el seminario menor. Nuestro obispo promovió una escuela de música para los niños acólitos. Por la afición a la música nos íbamos acercando más al seminario menor donde funcionaba esta escuela. En realidad, soy sacerdote y la música es un hobby que sirve como gancho apostólico.

¿Qué aporta y qué debe aportar la música a la Iglesia?

La música es un arte sublime que no necesariamente está reservado para los que hacen carrera musical. Desde Pitágoras pasando por el quadrivium medieval hasta nuestros días la sensibilidad musical ha sido considerada como un aspecto importante en la formación de la persona. La música despierta el gusto por lo estético como vía que nos conduce a la Belleza Infinita. En este sentido, la buena música es un lugar de encuentro con Dios. Por eso el Papa nos anima a recuperar la “via pulchritudinis” en la evangelización (Evangelii Gaudium, 167).

¿Y a la liturgia?

No cabe duda de que la música no es mero adorno marginal sino parte esencial de la liturgia. Nuestra alabanza a Dios requiere el canto. Dios se merece lo mejor y la música pretende expresar lo inefable. Eso lo comprendieron bien los primeros misioneros que llegaron al corazón de los nativos con hermosas melodías en quechua que perduran hasta el día de hoy.

Un ejemplo es el Hanaq Pachap, un himno procesional a la Virgen María, que es la primera polifonía en quechua del Perú (1631), compuesta en Cuzco y que sigue resonando en nuestros templos con gran majestuosidad.

Don Carlos celebrando Misa en su parroquia

Don Carlos con el coro

Don Carlos López Bonifacio

Usted es el promotor del Coro de Acólitos. ¿Nos puede hablar de él y con qué intenciones lo creó?

El Coro surgió para participar en los festivales de villancicos pero como nos fue bien decidimos hacer vídeos con villancicos en quechua. De esta manera evangelizamos por las redes sociales difundiendo nuestra cultura, nuestro idioma y tradiciones siguiendo aquello que nos pidió el Papa: “no se olviden de sus raíces”.

Ya son siete los videos navideños grabados. Los pueden encontrar en YouTube y en nuestra página web Coro de Acolitos. El año pasado fuimos invitados a cantar en la ceremonia de bendición del Pesebre Peruano en el Vaticano. Debido a la pandemia nuestra presentación fue virtual, pero ha sido motivo de gran alegría para nuestros niños y sus familias.

Ahora queremos que el coro sea una Escolanía para cultivar los cantos en quechua y latín. Hemos conseguido dos órganos tubulares para nuestros seminarios menor y mayor. La formación sacerdotal debe comenzar desde abajo ya que lo que uno aprende de pequeño queda para siempre.

¿Cómo recibió la fe y surgió su vocación al sacerdocio?

Dios se sirvió de personas que me mostraron la fe en Cristo con su testimonio. Los sacerdotes misioneros españoles y, especialmente, nuestro obispo irlandés influyeron en mi vocación. De pequeño fui acólito y me acercaba con frecuencia al seminario menor porque ahí estaba la escuela de música. Luego ingresé al seminario menor donde encontré un estupendo ambiente formativo y un clima de espiritualidad que me llevó a plantearme la vocación al sacerdocio. A los dieciséis años ingresé al recientemente creado seminario mayor en mi diócesis. Fuimos la tercera promoción de estudios. Los años en el seminario fueron hermosos, de mucho crecimiento y maduración de mi vocación.

 Usted ha estudiado en Pamplona, ¿Cómo ha sido su experiencia?

A los tres años de mi ordenación sacerdotal, gracias a mi obispo, continué mi formación en la Universidad de Navarra y realicé los estudios para obtener la Licenciatura en Filosofía por la Facultad Eclesiástica. Tengo una grata experiencia de lo vivido a nivel académico y de lo compartido con mis compañeros en un magnífico ambiente sacerdotal.

¿Nos puede hablar de su paso por España?

Todo bien por España. Hay mucha cercanía cultural porque España es nuestra Madre Patria donde están los orígenes de nuestra fusión cultural. Conocer de cerca la rica tradición histórica, cultural y religiosa nos abre horizontes para comprender mejor nuestras raíces cristianas y el devenir de un mundo que parece haber perdido el norte.

«Quisiera agradecerles por hacer posible la formación de los sacerdotes. Su generosidad redunda en bien de toda la Iglesia. Les animo a seguir colaborando para que la formación de muchos sacerdotes sea una realidad en beneficio de todos. Les agradezco también por sus oraciones para que podamos perseverar en nuestra vocación. »

Don Carlos López Bonifacio

Sin embargo, le tocó sufrir una situación muy difícil…

Lo que me dejó un recuerdo oscuro fue el atentado de ETA en la Universidad el 2008 porque casi muero. La bomba explotó al lado de nuestra aula de clase. Un compañero sacerdote filipino y yo, entre otros heridos, fuimos internados en la Clínica Universitaria. Felizmente estamos vivos para contarlo. El atentado me hizo recordar a Sendero Luminoso que también nos tocó vivir en el Perú.

¿Por qué cree que es importante recibir una buena formación como sacerdote como la que ha recibido?

Uno es su formación y los tiempos actuales, como lo pide la Iglesia, requieren sacerdotes capaces de salir al paso de los desafíos actuales iluminando con la luz del Evangelio para guiar a las personas hacia Dios. El objetivo es servir mejor a los demás. Para eso nos formamos y eso nos hace felices. El sacerdote siempre estará en la primera línea de batalla contra el mal. Por eso debe estar preparado.

Don Carlos ¿Podría contarnos cuáles han sido sus mejores momentos como sacerdote?

De pequeño fui bautizado en peligro de muerte por un sacerdote. Con el paso de los años, siendo yo joven sacerdote pude dar la última comunión y unción de los enfermos a este sacerdote anciano que me había bautizado. Era como devolverle el favor y tomar la posta. Me impresionó mucho verle gastado en años sirviendo a Dios.

Por otro lado, con el paso de los años uno queda maravillado por las experiencias vividas en el ejercicio del ministerio sacerdotal. Especialmente administrar la confesión y celebrar la Santa Eucaristía llena la vida del sacerdote. Es algo literalmente sobrenatural. Uno puede palpar la acción de Dios. Cuando veo para atrás me sorprendo y agradezco a Dios por la vocación y pido perdón por mis pecados.

¿Cuál es la realidad de un sacerdote en un mundo cada vez más secularizado como el que vivimos y concretamente en tu misión en esta sociedad?

El sacerdote siempre será necesario y de modo especial para los tiempos que vivimos ya que es signo de la presencia de Dios en este mundo. En algunos ambientes el sacerdote es rechazado y su presencia incomoda por los escándalos ocurridos en diversos lugares. Aun con todo, si el sacerdote es fiel su vida cuestiona la fe de los demás. Mi experiencia es que el sacerdote es recibido aquí como signo de bendición y la gente cree en su palabra y valora su entrega. Veo que la gente, sin saberlo, necesita con ansias a Dios. Nadie, ni nosotros, nos eximimos de ese deseo de nuestro corazón. Solo el sacerdote puede darles a Dios.

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