RECORRIDO PASTORAL

Don Charles Mulindwa: Uganda, donde las nuevas vocaciones florecen

Este sacerdote de Uganda de 37 años llegó a Pamplona sin hablar español y dos años más tarde volvió a África enamorado de la cultura, la historia y la gastronomía de España. En esta entrevista con CARF nos cuenta por qué la Iglesia en Uganda está preparada para mandar sacerdotes ugandeses a otros continentes ante la gran crisis vocacional existente.
Don Charles Mulindwa - La Iglesia en Uganda está ya preparada para mandar misioneros al resto del mundo - Sacerdote Ugandés - Recorridos Pastorales - CARF

La Diócesis de Masaka en Uganda

Don Charles Mulindwa procede de la diócesis de Masaka, situada a los pies del gran lago Victoria. Se trata de una diócesis joven, al igual que la propia Iglesia Católica en Uganda, que llegó a este país hace menos de 150 años.

Desde sus inicios la Iglesia estuvo regada por la sangre de los mártires y los frutos de la entrega de estos primeros creyentes se pueden palpar ahora en la vitalidad del catolicismo ugandés, que al contrario que en Occidente sigue creciendo y viendo cómo aumenta el número de fieles y de vocaciones.

Este joven sacerdote cree que la Iglesia en Uganda está ya preparada no sólo para no tener que necesitar misioneros europeos o americanos sino que está en disposición de poder mandar sacerdotes ugandeses a otros continentes ante la gran crisis vocacional que hay en muchos países. «Depende de la Iglesia Católica en Europa y América aprovechar esta oportunidad», asegura este sacerdote ugandés a CARF.

El catolicismo es la principal confesión en Uganda, seguida por el protestantismo. Además, en torno al 12 % de sus habitantes profesa la fe islámica. Pese a todo, se da un ejemplo de convivencia que hace enorgullecerse a este sacerdote ugandés, que encontró su vocación gracias a su tío, también religioso, al que admiraba porque recorría las aldeas en moto. De esta manera tan curiosa empezó a forjarse una vocación que ahora le ha llevado a Estados Unidos para seguir ampliando su formación en Teología en Boston (EE. UU.).

Don Charles junto a otros sacerdotes de Uganda

Iglesia de Kampala - Uganda

Lago Victoria junto a la diócesis de Masaka en Uganda

La Iglesia en Uganda está ya preparada para mandar misioneros al resto del mundo

Don Charles Mulindwa nos cuentas la importancia de su trabajo en su diócesis, para que la Iglesia siga liderando como hasta ahora el desarrollo social de este pequeño gran país africano. Y así aportar nuevas vocaciones sacerdotales al resto del mundo.

¿Cuáles son los puntos fuertes de la Iglesia en Uganda y cuál su mayor debilidad?

Hay muchas fortalezas en la Iglesia Católica en Uganda. Se está produciendo un crecimiento en el número de bautizados en el seno de la Iglesia Católica, por lo que cada vez hay más católicos. Por otro lado, se está produciendo un aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.

Pero además, la Iglesia Católica ha sido un importante actor en los sectores de la educación y la salud. Se siguen creando más escuelas y centros de salud dirigidos por católicos. De hecho, la Iglesia ha sido una parte clave en el desarrollo social en Uganda.

Con respecto a su mayor debilidad, diría que es la lenta realización de la autosuficiencia en algunos lugares.

¿Cree que Uganda sigue necesitando misioneros de Occidente o su Iglesia ya está preparada para enviarlos a otras partes del mundo?

La Iglesia Católica en Uganda ha crecido hasta tal punto de convertirse ahora en una Iglesia que crece y se gobierna a sí misma. Ya no necesita misioneros. De hecho, Uganda actualmente proporciona misioneros a otras partes del mundo, y depende de la Iglesia Católica en Europa y América aprovechar esta oportunidad. Los sacerdotes y religiosos de Uganda reciben una sólida formación a nivel internacional, por lo que sus misioneros son capaces de servir en cualquier parte del mundo.

Hablemos ahora de usted. ¿Cómo fue surgiendo su vocación al sacerdocio?

Tengo un tío por parte de madre que es sacerdote. Solía venir a visitarnos a casa y lo hacía en moto. Para mí era algo muy singular, yo tenía entonces alrededor de 7 años. Lo podíamos escuchar desde lejos llegar a casa gracias al ruido de su motocicleta. Yo quería ser sacerdote para algún día circular en moto como él.

Pero mi vocación llegó en mi hogar. Mi familia me ayudó mucho. Es realmente una familia muy religiosa. Me animaron mucho. A los 8 años comencé a ser monaguillo y, como mi parroquia natal era al mismo tiempo la catedral, tuve la oportunidad de servir siempre al obispo. Esa fue también otra fuente de aliento.

Usted estudió durante dos años en Pamplona, ¿Cómo fue su experiencia?

Era la primera vez que salía al extranjero para estudiar y que viajaba a Europa. Fue una etapa bastante aventurera, llena de sorpresas. El clima era diferente al de mi casa, y más el de Pamplona que fluctúa mucho. Los estudios allí eran muy buenos, teníamos profesores con gran experiencia y nos animaban mucho. Además, disfruté viendo los partidos del Osasuna, pues el estadio del Sadar estaba cerca de donde yo residía. De hecho, todavía hoy lo sigo apoyando.

En ese tiempo recorrí distintos puntos de España y de Europa, y pude admirar la forma en que se conservan los monumentos históricos. Además, durante el verano iba al sur de España y la gente allí era muy cálida.

«A los queridos benefactores de CARF les quiero dar las gracias por hacer posible que lograra la formación y educación que recibí en la Universidad de Navarra. Si no fuera por sus contribuciones habría sido muy difícil. Sus sacrificios y su ayuda marcan una gran diferencia en la vida de muchos sacerdotes que continúan sus estudios. Que el Dios Todopoderoso siempre les bendiga abundantemente y les recompense con buena salud. Les pido que continúen apoyando a aquellos que desean aprender»

Don Charles Mulindwa: Uganda, donde las nuevas vocaciones florecen

¿Qué diferencias encontró cultural y religiosamente entre España y Uganda?

La sociedad en España está muy desarrollada, pero es de naturaleza individualista, mientras que la de Uganda es una sociedad generalmente subdesarrollada, pero de naturaleza muy comunitaria.

Por otro lado, en España la gente proviene de una cultura cristiana y me llamó la atención que las actividades religiosas suelen ocupar el menor tiempo posible; en mi país la gente todavía se está adaptando a la cultura cristiana, aunque hay menos prisas en las actividades que se desarrollan en la iglesia.

¿Qué le marcó más de su paso por España, tanto de su gente como de su cultura e incluso su gastronomía?

Cuando llegué a España en el verano de 2018 tan solo sabía unas pocas palabras en español. Tuve que luchar para aprender el idioma y al mismo tiempo seguir las clases. Aún recuerdo la alegría de mis compañeros cuando me escucharon hablar español. Fue muy alentador verlos apreciar mis humildes esfuerzos.

España es un país desarrollado y muchas cosas eran nuevas para mí. Tiene infraestructuras bien desarrolladas y sistemas de transportes bien organizados… También me llamó mucho la atención la cultura deportiva en España, es algo increíble, tanto a nivel profesional como amateur, además de personas comprometidas con el ejercicio a través del deporte.

Con respecto a la gastronomía me sorprendió la enorme variedad de la comida. Al principio lo que más me costó fue comer marisco, pero con el paso del tiempo me acostumbré. Recuerdo una anécdota cuando una vez que fui a un restaurante y el camarero se sorprendió de que pidiera mejillones como aperitivo.

¿Por qué cree que es importante recibir una buena formación como la que recibió en Navarra?

La formación que recibí en Navarra fue muy importante, porque me ayudó a cimentarme como sacerdote. Con la tradición y formación del Opus Dei volví a las raíces y a una espiritualidad más profunda. Este tiempo me ayudó a profundizar en la llamada especial como sacerdote y a los deberes que conlleva.

Desde su experiencia, ¿en qué aspectos de su ministerio puede ser más útil y práctica?

La formación que recibí mejoró mi trabajo en el campo pastoral porque era relevante para las personas, especialmente aquellas que enfrentan diferentes desafíos con respecto a su fe. Fue también la formación adecuada para asumir la responsabilidad como docente, pues el rigor académico era el adecuado.

¿Podría contarnos cuáles han sido sus mejores momentos como sacerdote?

Seguramente fueron durante los primeros dos años tras mi ordenación como sacerdote. Trabajaba en una parroquia en mi diócesis y estaba a cargo de las escuelas. Esa experiencia de trabajar con educadores y niños fue bastante increíble. La fe y el amor genuino de esos pequeños es algo que recuerdo siempre. Eran almas hermosas.

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