RECORRIDO PASTORAL

Don Javier Quicaña

El padre Javier Quicaña es sacerdote de la joven Prelatura de Ayaviri, que tiene poco más de sesenta años de historia. Situada en plenos Andes peruanos la altura media de esta región se sitúa en torno a los 4.000 metros de altura. A la dureza de vivir en un clima extremo y a tal altitud se unen las necesidades de un pueblo pobre que necesita el empuje espiritual de la Iglesia.
Recorrido pastoral de Don Javier Quicaña, sacerdote de la Prelatura de Ayaviri (Perú) CARF

Entrevista a don Javier Quicaña, un sacerdote de altura en los Andes peruanos

A sus 36 años el Padre Javier Quicaña es párroco en Orurillo, una pequeña localidad donde la temperatura media anual está situada en los 7º centígrados. Además es el delegado vocacional de la prelatura y forma parte del equipo responsable de la pastoral juvenil.

Este joven religioso estudió en el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa entre 2015 y 2019, año en el que fue ordenado diácono en Pamplona antes de volver al Perú, donde meses después ya era sacerdote.

Son muchos los retos que tiene por delante don Javier en su prelatura, pero también es mucho el bien que hace la Iglesia en una tierra pobre pero religiosa. En esta entrevista con CARF habla de su etapa de formación en España y de la importante labor pastoral y social que ejerce como sacerdote en los Andes peruanos.

Don Javier durante su ordenación

Recibiendo el Estuche de vasos sagrados de CARF

Don Javier con los niños de la Prelatura de Ayaviri

Usted pertenece a la Prelatura de Ayaviri, situada a 4.000 metros de altura en los Andes. ¿Cómo es esta zona del Perú?

La Prelatura de Ayaviri está dentro del departamento de Puno en el Sur del Perú. Es una zona de sierra con mucho frío, heladas, lluvias con vientos intensos, nevada y granizo. La gente es sencilla y la mayoría es de escasos recursos económicos. Son personas reservadas pero muy acogedoras.

Aquí se vive una realidad social desigual, moralmente estamos yendo a pique, pues hay un bombardeo de ideologías extranjeras sobre todo entre la juventud. Esta es una sociedad golpeada por la delincuencia, la corrupción, el feminicidio, el sexo por puro placer, el maltrato de los niños y jóvenes, etc.

¿Cómo es la fe y la realidad de la Iglesia en el vasto territorio que comprende esta prelatura?

Gracias a Dios la gente tiene fe, sobre todo por la religiosidad popular. La realidad de la Iglesia en esta zona es difícil sobre todo por la dificultad de entrar en la cultura y la lejanía de las parroquias. Es una prelatura Joven y aún tenemos mucho por hacer. Faltan vocaciones propias del lugar y más compromiso por parte de todos los sacerdotes.

¿A qué peligros se enfrenta la Iglesia?

En esta zona hay muchas sectas protestantes que aprovechan el sentimentalismo de la gente para llevárselos. Además, hay falsos sacerdotes que confunden a la gente jugando con la buena fe de las personas.

¿Cómo surgió su vocación al sacerdocio?

Mi vocación surgió en el grupo juvenil de mi parroquia y por la amistad con algunos seminaristas que venían a mi parroquia. El momento más intenso se produjo cuando di el paso de entrar al seminario: la nueva forma de vida, la Misa y, sobre todo, la exposición del Santísimo Sacramento.

Usted estudió en Pamplona, ¿cómo fue su experiencia?

En una palabra, inolvidable. Mi experiencia fue muy buena porque me sentía en casa a pesar de la distancia de mi país. Destacaría todo: los estudios, la vida del colegio Bidasoa, las amistades… Además, la vida y muerte de don Juan Antonio Gil Tamayo marcó mucho mi vida.

¿Qué le llamó más la atención de la cultura española?

España posee una cultura riquísima, con sus templos y sus museos… Además, su gente es acogedora y amable. La comida es también muy buena, sobre todo la paella valenciana (risas).

¿Por qué cree que es importante recibir una buena formación como sacerdote, como la que recibió en Navarra?

En estos tiempos necesitamos estar más preparados que nunca. Agradezco toda la formación que he recibido, sobre todo la doctrinal, pues los casos de moral de la persona me ayudan mucho para poder confesar. También la liturgia es muy importante, al igual que todas las materias, pero, sobre todo en mi caso, me ha venido muy bien la parte relacionada con la moral.

«Muchas gracias, hermanos, por su ayuda para la formación sólida de los futuros pastores, sobre todo por su cariño, por su entrega, por su oración en favor de la Iglesia. Estoy muy agradecido y siempre rezo por ustedes desde mi humilde parroquia»

Don Javier Quicaña

¿Cuál es su labor en este momento?

Ahora soy párroco en la parroquia Santa Cruz de Orurillo, Melgar, Puno. Además, soy responsable de la pastoral vocacional de la Prelatura de Ayaviri y parte del equipo de la pastoral juvenil.

¿Qué proyecto es el que más le ilusiona ahora y qué sueños tiene para el futuro?

Como parroquia tenemos el proyecto de comedor parroquial que tengo que dirigir y buscar apoyo económico. En el ámbito más personal en este momento estoy muy ocupado con las labores de la parroquia sobre todo apuntando a la pastoral sacramental.

Para un futuro mis sueños pasan por poder estudiar una licenciatura y un doctorado para poder ser profesor en el seminario o en la universidad.

¿Podría contarnos cuáles han sido sus mejores momentos como sacerdote?

El mejor momento se dio en mi primera parroquia a pesar de la pandemia. Mi obispo me ayudó y pudimos trabajar sin parar de manera virtual.

¿Cuál es la realidad de un sacerdote joven en un mundo cada vez más secularizado como el que vivimos?

Es un gran reto porque la sociedad está, como dice usted, muy secularizada. Veo que una ventaja de ser sacerdote joven es que puedes interactuar con los más jóvenes y así poco a poco se extiende a sus padres y amigos.

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