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RECORRIDO PASTORAL

Don Luis Alberto Herrera

La Iglesia Católica vive momentos de gran dificultad en Nicaragua. Y es así desde hace unos cuantos años. Se ha convertido en un elemento incómodo para el régimen de Daniel Ortega y por ello los ataques contra la jerarquía, los sacerdotes y los propios fieles católicos se han multiplicado durante este tiempo. Y el hecho más reciente, y también de los más graves, ha sido la expulsión del país del Nuncio Apostólico, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag.
RECORRIDO PASTORAL DEL PADRE LUIS ALBERTO HERRERA, SACERDOTE DE LA ARCHIDIÓCESIS DE MANAGUA (NICARAGUA)

Don Luis Alberto Herrera, sacerdote de la Archidiócesis de Managua en Nicaragua

El padre Luis Alberto Herrera ha vivido de primera mano el agravamiento de la situación de su país. Durante un tiempo fue rector de la catedral de Managua. En 2018 vio cómo jóvenes refugiados en el templo del que era responsable eran tiroteados y asesinados.

Aquellos episodios de gran violencia los sufrió en directo y su rostro pudo verse en medios de comunicación de todo el mundo denunciando los graves ataques contra la Iglesia nicaragüense.

En la actualidad el padre Herrera es párroco de san Antonio de Padua (Jinotepe, Carazo), aunque sigue viviendo con preocupación la deriva de su tierra.

Don Luis, de paseo por Roma con sus compañeros de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

En la parroquia de de san Antonio de Padua, antes de celebrar la Santa Misa.

Estudiando con sus compañeros de la Licenciatura en Teología Dogmática.

Don Luis tiene 48 años, casi 15 como sacerdote, y entre 2015 y 2017 estudió la Licenciatura en Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma gracias a una beca de la Fundación CARF.

En una entrevista con esta fundación explica la situación de Nicaragua, su experiencia en Roma, la importancia de ampliar su formación así como en un plano más personal los motivos que le llevaron a ser sacerdote. Don Luis habla claro y directo sin dar rodeos a las preguntas que le hacen.

¿Cómo está la situación ahora en Nicaragua?

La situación en nuestro país actualmente es tensa, hay una aparente calma, pero en realidad vivimos sitiados por la policía, y el ejecito junto a los paramilitares, que en los barrios siempre asedian a toda persona que está en contra del gobierno.

¿Qué papel está desarrollando la Iglesia en esta profunda crisis que está viviendo el país?

La Iglesia está jugando un papel reconciliador, promoviendo el dialogo y el respeto entre los nicaragüenses ya que actualmente nuestra sociedad está muy polarizada.

¿Usted ha experimentado alguna situación complicada en este tiempo en Nicaragua?

Efectivamente, en lo personal sí he vivido situaciones difíciles en estos últimos años, especialmente en 2018 cuando se dio la crisis sociopolítica en el país.

Ese año estaba como rector de la catedral de Managua. El 18 de abril unos jóvenes salieron a protestar pacíficamente por las calles cercanas a la catedral y de repente se vieron atacados por la policía, quienes dispararon a matar contra ellos.

En esos momentos tensión, los jóvenes se refugiaron en nuestro templo catedralicio y permanecimos prácticamente toda la tarde sometidos al fuego por parte de la policía. Mataron a algunos jóvenes e incluso había francotiradores en el estadio de baseball que está a unos cien metros al norte de catedral. Fue algo espantoso.

Más allá de este conflicto, ¿cómo es Nicaragua el ámbito social y religioso?

Nicaragua es un país muy bello en su naturaleza, con un gran potencial en recursos naturales, pero que desgraciadamente, y es duro admitirlo, ha estado gobernado por gente corrupta que lo único que ha hecho es ver a Nicaragua como su hacienda. Nuestra gente es sencilla, trabajadora y muy fervorosa en su piedad. Sobre todo somos muy marianos, de hecho, nuestra patrona es la Inmaculada Concepción de María.

¿Y cómo surgió su vocación al sacerdocio?

Mi vocación surgió cuando entré en el grupo de monaguillos y cuando conocí a unos frailes que llegaron al pueblo donde nací. Ellos vinieron a pasar un mes de misión y, de un modo natural, poco a poco fui descubriendo que el Señor me llamaba a la vida sacerdotal.

¿Pero cuál fue el mayor recuerdo que guarda de ese tiempo?

El momento más intenso que he vivido fue el día de mi ordenación, el día de mi primera Misa. Pero también me impactó muchísimo cuando un día en el confesionario al decir “Ave María Purísima” me contestó una voz que era imposible no reconocer. Era mi madre, esa mujer que me llevó en su seno durante nueve meses y después me educó. Recuerdo que le dije ″mamá, ¿es usted?″, y ella me respondió: “sí padre, soy yo”. Eso fue para mí una experiencia de la gracia del Señor, de su infinita misericordia. No podía creer que estuviera reconciliando a mi mamá con el Señor Jesús a través del sacramento de la Penitencia sabiendo que fue ella quien muchas veces junto a mi papá me llevaba al templo parroquial para que yo me confesara con el sacerdote cada primer viernes de mes en honor al Corazón de Jesús. Ahora mis padres son los dos ancianos, están felices y siempre que les visito me piden el sacramento. Me digo: “Señor cuanta misericordia has tenido conmigo, gracias Señor”.

«A los benefactores del CARF quisiera darles las gracias por darme la oportunidad de formarme en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, sin ellos no sería posible que muchos sacerdotes como yo pudiéramos formarnos y vivir tantas experiencias bellas llenas de la misericordia del Señor. Gracias hermanos, siempre les llevaré en mis oraciones.».

Don Luis Alberto Herrera

Y usted fue a estudiar a Roma, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, ¿Cómo fue su experiencia?

Cierto, mi experiencia en Roma ha sido maravillosa, no solo por el hecho de estudiar en una universidad tan prestigiosa y de excelente calidad, sino por el hecho de vivir la fraternidad sacerdotal con tantos hermanos míos de distintas nacionalidades. Ahí puede experimentar nuestra catolicidad y la cercanía de la Iglesia en la persona del Papa.

¿Qué recuerda más de su etapa romana?

En Roma pude experimentar la calidez humana de muchos sacerdotes del Opus Dei, entre ellos me permito mencionar a don Javier Canosa, don Federico Requena, don Giulio Maspero y don Antonio Rodríguez, que en ese entonces era el capellán de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Todos ellos me dieron un testimonio de vida de santidad. En lo personal son simplemente sacerdotes que viven fielmente su sacerdocio y se van santificando cada día con su testimonio de vida. Siempre les estaré muy agradecido.

Cambiando de tema. ¿Por qué cree que es importante tener una buena formación como sacerdote como la que recibió usted en Roma?

Es importante recibir una buena formación como sacerdote para poder enfrentar el mundo tan secularizado en el que vivimos, para dar razón de nuestra esperanza, y de nuestra fe. El sacerdote debe estar bien formado para hablar con el mundo a buen nivel intelectual tanto en la Filosofía como en la Teología, especialmente a través de la Teología fundamental. Un sacerdote bien formado, sobre todo formado en la Universidad de la Santa Cruz, es de una gran importancia para la diócesis.

Desde su experiencia, ¿en qué aspectos de su ministerio puede ser más útil y práctica?

Desde mi experiencia creo que como párroco soy de mucha utilidad en cuanto a la formación de los laicos. A nuestra gente le encanta que sus sacerdotes sean personas no solamente santas sino también bien preparadas, capaces de formales a ellos. También he podido darme cuenta de lo útil que es un sacerdote formado en Roma para dar clases en el seminario. He impartido clases en él y he podido aportar un poco en la formación de los futuros sacerdotes de mi diócesis, algunos de los cuales se han ordenado recientemente.

Ya para terminar. ¿Podría contarnos cuáles han sido sus mejores momentos en Roma?

Mis mejores momentos como sacerdote en Roma han sido los que he vivido en el colegio sacerdotal Altomonte, pues ahí me sentía en casa, podía confraternizar con mis demás hermanos, pero también guardo grandes recuerdos de los momentos en la universidad con los profesores, cada uno con su propio estilo de enseñanza.

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