Seleccionar página

RECORRIDO PASTORAL

Don Mwamba Chisongo

Mwamba Nicholas Chisongo creció en Zambia como un monaguillo que ayudaba en misa a los misioneros europeos que llevaban el Evangelio a su tierra. Así se fue despertando la vocación en un niño que hoy es sacerdote y doctor en Derecho Canónico. Tras un largo paso por Roma ahora tiene la importante responsabilidad de formar a los futuros miembros del clero en el seminario nacional de este país africano, pobre materialmente pero muy rico en el plano espiritual.
Don Mwamba, una vocación que es fruto de la impagable entrega de los misioneros en África - Sacerdote de Zambia - CARF

Don Mwamba, una vocación que es fruto de la impagable entrega de los misioneros en África

Zambia es un país joven al igual que sus habitantes y la propia Iglesia Católica allí. El catolicismo llegó a esta tierra, tan rica en recursos naturales como pobre para sus gentes, hace 130 años gracias a unos misioneros jesuitas primero, y los Padres Blancos y los franciscanos después. Estos religiosos dieron la impronta a esta incipiente y nueva Iglesia a la que pertenece don Mwamba Nicholas Chisongo, sacerdote de 42 años de la diócesis de Mpika.

Una de las características de esta nación independiente desde 1964, más grande en extensión que España pero con menos de la mitad de habitantes que nuestro país, es la vitalidad de una Iglesia Católica pujante que produce numerosas vocaciones y que ha pasado de recibir misioneros a exportarlos por todo el mundo.

Pese a su gran pobreza, Zambia es un país con cualidades extraordinarias. Así lo explica a CARF el padre Chisongo. La convivencia entre religiones es una de ellas. Los católicos representan el 25 % del total de la población, siendo los protestantes más numerosos, pero en la que la influencia de la Iglesia es clave para el país.

“En Zambia hay una maravillosa armonía entre las religiones y ningún conflicto entre ellas. No sólo tenemos cristianos, sino que también los hay de otras religiones como los musulmanes, hindúes, sijs, bahaíes, budistas y judíos”, cuenta orgulloso este religioso.

Don Mwamba una vocación que es fruto de la impagable entrega de los misioneros en África

Don Mwamba con sus compañeros de Seminario

Don Mwamba celebrando la Santa Misa durante la pandemia

Don Mwamba una vocación que es fruto de la impagable entrega de los misioneros en África

Cómo la Iglesia puede transformar totalmente un país

Al igual que ocurre en otros países de su entorno, en Zambia la Iglesia Católica no sólo es un importante actor religioso sino que también es fundamental en el ámbito social.

En este sentido, el sacerdote zambiano recuerda que en su nación la Iglesia “ha sido una firme defensora de la justicia social y ha contribuido en gran medida al desarrollo del país”. Es más, añade que “en los sectores de educación, salud y servicios sociales, la Iglesia Católica es un socio del Gobierno en todo momento”.

Esto provoca que entre los ciudadanos de Zambia “la voz de la Iglesia sea muy respetada y escuchada”, aunque la lucha por la justicia social le haya ocasionado en varias ocasiones importantes encontronazos con los distintos gobiernos.

Don Mwamba Chisongo se confiesa hijo espiritual de tantos misioneros que han dado su vida en África. Los frutos de aquella entrega –señala el sacerdote– son la presencia de un clero joven que está pudiendo sustituir con éxito a los misioneros de Europa y otros continentes que están volviendo a su tierra de origen para jubilarse o bien han muerto entregando hasta la última gota de su sangre en la misión.

“Esto implica que la Iglesia de Zambia puede enviar ya a miembros de su clero como misioneros a Europa, Estados Unidos y otros lugares. De hecho, ya hay algunos sacerdotes que son misioneros en estos países”, confirma.

Una vocación marcada por la vida entregada de unos misioneros

Su propia vocación religiosa está ligada a aquellos misioneros que trajeron la Buena Nueva a su Zambia. El padre Chisongo explica a CARF que de niño ejercía como monaguillo y le encantaba ayudar al sacerdote durante la Misa.

“Mi deseo de ser sacerdote se produjo al estar cerca de los sacerdotes misioneros polacos –fidei donum– que estaban en mi parroquia”, asegura. Su ejemplo, su entrega desinteresada y el amor a Dios que le transmitieron fueron despertando en el joven Mwamba la vocación a entregar su vida a Dios. Y así fue como al terminar la Secundaria solicitó ingresar en el Seminario Mayor de Zambia. Ocho años después, el 2 de junio de 2007, cumplió aquel sueño de su infancia al ser ordenado sacerdote.

Tras varios años ejerciendo en su diócesis, su obispo le reclamó para una importante misión: había sido elegido para ir a Roma y formarse allí, para luego volver a Zambia y transmitir sus conocimientos a los numerosos seminaristas y sacerdotes que se quedaban en su tierra.

Gracias a una beca del CARF, el padre Chisongo ha estado seis años en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, donde primero estudió la licenciatura de Derecho Canónico y más tarde el doctorado que obtuvo el pasado año.

«“A los benefactores del CARF quisiera decirles que sus oraciones y ayuda material no pasan desapercibidas. Ustedes son un regalo especial para la Iglesia porque contribuyen a la misión de servicio de Cristo de una manera única. Estoy agradecido y seguiré estando agradecido por su patrocinio, y permitirme adquirir conocimientos en la Universidad de la Santa Cruz que ahora imparto a los seminaristas mayores aquí en el seminario. Sigan ayudando y ténganme en sus oraciones. Tengan la seguridad de mis oraciones cada día que ofrezco la Santa Misa”.».

Don Mwamba Chisongo

La importante lección que aprendió en Roma

Durante los tres primeros años vivió en el Colegio Sacerdotal Tiberino y los tres siguientes en la parroquia romana a la que estaba adscrito y con la que colaboraba en su tiempo libre.

Esta experiencia europea ha marcado su vida. Así lo recuerda el propio don Mwamba: “me conmovió mucho la fe de la gente, sobre todo en los momentos de Adoración Eucarística y en la veneración de los santos. En la medida en que la Iglesia italiana en particular y la Iglesia europea en general sufren por la falta de presencia de los jóvenes en la Iglesia, los ancianos que nunca pierden la ocasión de estar en la Iglesia resultaron ser una inspiración para mí”.

Todo aquello que recibió en estos años no han caído en saco roto, más bien al contrario, pues aquellos conocimientos son los que ahora utiliza como profesor y formador en el seminario nacional de Lusaka, la capital de Zambia, donde enseña Derecho Canónico.

En su opinión, una buena formación sacerdotal es necesaria para una misión eficaz. “Los tiempos modernos –insiste el padre Chisongo– exigen una buena formación para poder afrontar los desafíos actuales y ser un ministro eficaz. La Pontificia Universidad de la Santa Cruz está haciendo un excelente trabajo en este sentido, ya que no solo se enfoca en la formación intelectual sino también en la formación integral del estudiante”.

Pero no sólo es importante la formación académica, pues tal y como pudo comprobar en primera persona en su estancia en Roma es aún más necesaria esta educación integral. Y por ello vive volcado en ayudar a los seminaristas no sólo en las dudas que puedan surgir con su asignatura, sino también en el ámbito personal y espiritual.

El seminario es, en la práctica, la niña de sus ojos. Y por ello presume ante CARF de todo lo que allí intentan hacer. “El seminario trata de ser productivo y autosuficiente cultivando verduras, cebollas, tomates y criando pollos, conejos, patos y pavos…”, cuenta orgulloso.

Los sacerdotes, la sonrisa de Dios en la Tierra

Pon cara a tu donativo. Ayúdanos a formar sacerdotes diocesanos y religiosos.