RECORRIDO PASTORAL

Don Peter Rettig

Sacerdote estadounidense de la diócesis de Harrisburg, en Pensilvania, donde los católicos apenas representan un 10% de la población. Luteranos, metodistas y una importante comunidad amish conviven junto a los católicos de esta zona del Este de Estados Unidos.
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Don Peter Rettig, sacerdote de la diócesis de Harrisburg (Pensilvania), en Estados Unidos

Ordenado en 2021, este joven sacerdote estadounidense que aún no ha cumplido los 30 años estudió durante un año en el Colegio Internacional Bidasoa de Pamplona, pero no le hizo falta más tiempo para que España y la Universidad de Navarra le marcaran para siempre.

Actualmente está destinado en dos parroquias de su diócesis y tiene un gran contacto con los jóvenes de sus comunidades. Don Peter Rettig lucha contra la cada vez más rápida descristianización de su país, aumentada en estos últimos años por la cultura woke, de la que advierte de sus peligros.

En esta entrevista con CARF realiza un análisis de la peculiar situación religiosa de Estados Unidos, de su feliz paso por España tanto en el aspecto formativo como personal, y de su propia experiencia vocacional, marcada por una adoración ante el Santísimo en el instituto.

Don Peter Rettig, celebrando la Santa Misa en la parroquia de la diócesis de Harrisburg

Don Peter Rettig, es un apasionado de los deportes. Una de sus aficiones es el tiro

Don Peter Rettig con jovenes en la parroquia del Sagrado Corazón en Lewistown

Usted es de Estados Unidos, país con una realidad religiosa muy particular. ¿Nos puede decir que tiene de peculiar con respecto a Europa?

Sí, en general, la identidad religiosa del EEUU es bastante diferente y cuando se habla del cristianismo aquí se piensa en las iglesias protestantes tanto como en la Iglesia católica. De todas las denominaciones cristianas en EEUU (como 200), la Iglesia católica es la más grande. Pero, cuando se compara con el número total de los protestantes, los católicos sólo representan el 23% de la población.

La religión aquí también está reflejada en la política. Por ejemplo, los católicos americanos de la generación de mis padres eran más demócratas (izquierda) porque el Partido Demócrata apoyaba a los pobres. Pero cuando este partido decidió centrarse en el aborto o la eutanasia desde los años 80 la mayoría de los católicos son republicanos.

Muy pocos católicos de mi generación practican la fe, pero los que sí lo hacen son creyentes muy fuertes. De hecho, muchos de ellos prefieren liturgias más tradicionales y en algunos círculos la misa en latín. Por su parte, algunas universidades católicas no necesariamente tienen mucho fervor por la fe, mientras que existen universidades públicas, como la de Luisiana y Texas que tienen centros católicos grandes y crecientes.

En su país hay muchas grandes iniciativas de evangelización, pero también se nota la descristianización y la cultura woke, precisamente surgida allí. ¿Qué está pasando?

Creo que la cultura woke (de la cancelación) ha venido provocada por la descristianización de EEUU. Muchos americanos piensan que la religión es una mitología. Y estoy convencido de que la declaración de opiniones personales que reemplaza a la búsqueda de la verdad objetiva causa la descristianización en mi país.

La cultura woke es muy fuerte incluso en las zonas rurales y entre los jóvenes a causa de las redes sociales. La cultura woke nos empuja apoyar cosas que no creemos que puedan ser compatibles ser humano, por eso es muy difícil evangelizar.

Usted, Don Peter Rettig, pertenece a la diócesis de Harrisburg, en Pensilvania, ¿Cómo es su diócesis y la realidad católica en esta zona?

Mi diócesis es más o menos del tamaño de Navarra. En ella tenemos tres ciudades, incluida la capital de Pennsylvania, Harrisburg. De hecho, coloquialmente mi diócesis se llama el “Bible Belt” de Pensilvania, es decir, es muy protestante, mientras que las ciudades grandes como Pittsburg y Filadelfia son más católicas. Típicamente los sitios rurales en EEUU son más protestantes mientras que las ciudades son más católicas.

Hay pocos católicos en mi diócesis (10% de la población), pero sí muchos luteranos, metodistas, menonitas y amish. De hecho, en mi diócesis está, digámoslo así, “el vaticano de los Amish”, situado en el condado de Lancaster.

¿Cómo surgió su vocación al sacerdocio?

Bueno, escuché la voz de Dios delante del Santísimo en la capilla de Adoración de mi escuela secundaria católica. Me dijo: “Peter, quiero que seas sacerdote”. Sentí paz y alegría. Al principio no quería hacerme sacerdote porque tenía novia. Pero me di cuenta de que no era feliz sin seguir esta vocación. De hecho, mi novia tuvo un sueño en el que vio que yo debía ser sacerdote. En cada dirección que buscaba Dios me estaba llamando. Estoy muy feliz y me siento realizado con esta misión.

¿Nos puede hablar de su paso por España desde un punto de vista más social y cultural?

En España por lo general la gente es amable y comprensiva. Antes de pasar este año en Pamplona hice el Camino de Santiago desde Francia hasta Santiago de Compostela. He visto muchas culturas dentro España. Durante mi peregrinación llegué a la conclusión de que Navarra era la región más bonita. Mi segundo lugar favorito fue la Rioja y el tercero, Palencia.

La gente de Navarra es muy auténtica y cariñosa. Son muy trabajadores. La comida en toda España era increíble, especialmente los pinchos de los bares de Pamplona.

¿Por qué es importante recibir una buena formación para ser sacerdote?

Tener una buena formación sacerdotal es tan importante porque somos como médicos, pero para el alma. Imagínate si un médico no tuviera una buena formación. Primero, personas morirían; segundo, nadie querría tener a este médico. Lo mismo pasa con un sacerdote. Si él no sabe cuidar almas, no llegarán al cielo. Por eso pasamos entre 6 y 8 años en el seminario aprendiendo a guiar almas.

El primer aspecto de un sacerdote es la santidad por el amor. Sin santidad nada saldrá bien. Una segunda cosa práctica que necesitamos es la habilidad de leer a las personas. Un sacerdote necesita inteligencia emocional para ver cuando alguien tiene un problema. Y además, en tercer lugar, necesitamos paciencia.

Hace poco que eres sacerdote, ¿a qué se dedica en este momento?

Ahora soy un sacerdote asistente en dos parroquias. La más grande es la del Sagrado Corazón, con 465 familias, ubicada en Lewistown. La otra parroquia solía ser una misión, pero recientemente se convirtió en parroquia y se llama San Judas Tadeo. Tiene 265 familias y está en Mifflintown. San Judas Tadeo tiene una misa en español con fieles de El Salvador y Honduras. Me encargo del ministerio hispano, la formación de la fe de los adultos, y de dos grupos de jóvenes.

Además, durante la semana celebro las misas y preparo los fines de semana. Bautizamos niños, escuchamos confesiones… y de vez en cuando tenemos llamadas durante la noche en que tenemos que impartir la extremaunción a alguien que esté muriendo.

«Mi experiencia en Pamplona fue buenísima. Siempre digo que Navarra y la Rioja son mis sitios favoritos de España. Pero Pamplona es otro nivel. Nunca he estado en una ciudad con tanta historia, carácter y pasión por sus raíces, y especialmente en el Seminario Internacional Bidasoa, donde nunca me he sentido más amado que por aquellos formadores y seminaristas. Además, la gente de la Facultad de Teología me trató muy bien. Aprendí más en este año en la Facultad que el resto del tiempo en otros seminarios»

Don Peter Rettig

¿Podría contarnos cuáles han sido sus mejores momentos como sacerdote?

Mis mejores momentos como sacerdote se producen cada vez que escucho las confesiones. Antes de hacerme sacerdote pensaba que serían muy pesadas. Pero, al contrario, puedo ayudar a las personas en problemas con la gracia de Dios. Lo que es más satisfactorio es verlos mejor cuando salen del confesionario.

Otro recuerdo que me produce mucha alegría fue el poder celebrar la misa de Nochebuena en 2021. El sonido de los cantos, el olor del incienso, y viendo además a los niños recrear la escena del Belén me dio muchísima felicidad.

¿Cuál es la realidad de un sacerdote joven en un mundo cada vez más secularizado como el que vivimos y concretamente en tu misión en esta sociedad?

Es difícil, pero acepto el desafío. Puedo identificarme con las preocupaciones sociales de mi generación y bastante con la generación que va por detrás de mí. Primero, se trata de amar al prójimo sin límites. La santidad siempre será atractiva. Si los jóvenes pueden ver que eres santo, querrán experimentar tu alegría.

Segundo, se trata de encontrarlos donde están. Si un sacerdote dice “mi fe es la verdad, y debéis de alcanzar mi nivel de vida”, este mensaje no es atractivo. Tengo simplemente que invitar a los jóvenes a compartir la alegría que experimento cada día por mi fe. Tengo que encontrarles donde están como Dios se encontró con los israelitas en el desierto. Tengo que ser creativo, como dijo Cristo, “astuto como serpiente y sencillo como paloma” Siempre pienso en cómo puedo introducir a Cristo en los temas de los jóvenes.

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