RECORRIDO PASTORAL

Don Tadeo Velázquez Centeno

Joven sacerdote mexicano, de la Archidiócesis de León, situada en el centro del país y en la que viven casi tres millones de católicos, personas de gran religiosidad y muy devotas de la Virgen de Guadalupe.
Entrevista a Don Tadeo Velázquez Centeno - Sacerdote de Mexico - Estudiante de La Universidad de Navarra gracias a una beca de CARF

Entrevista a don Tadeo Velázquez Centeno, sacerdote en México.

Pese a su corta edad son numerosos las responsabilidades pastorales que el arzobispo Alfonso Cortés ha encargado a don Tadeo Velázquez: vicario parroquial de la parroquia San Sebastián; vicario judicial adjunto del tribunal de la Archidiócesis; profesor de Derecho Canónico en el Seminario y capellán de la Universidad EPCA.

Todo ello lo vive con mucha intensidad, pero también gran alegría gracias a una vocación que se forjó en él desde muy jovencito. Una vez ordenado sacerdote fue enviado a Pamplona donde durante tres cursos estudió Derecho Canónico en la Universidad de Navarra gracias a una beca del CARF.

Usted pertenece a un pueblo muy religioso, ¿cómo es la fe de los mexicanos?

La fe de nosotros los mexicanos es sencilla, pero muy profunda. Es un país donde el porcentaje de católicos es muy alto. El pueblo mexicano tiene un gran amor a Dios y a la Virgen de Guadalupe. Nuestros templos los domingos están llenos en las misas, se confiesa mucha gente, recurren a los sacramentos y hay una gran piedad popular en la cultura mexicana. A los obispos y sacerdotes nos quieren mucho.

¿Qué peligros detecta en México que puedan hacer daño a los católicos?

Principalmente son las ideologías que están permeando en todo el mundo. Sobre todo en las familias mexicanas se están perdiendo los valores humanos y cristianos, la falta de una buena educación en los niños, adolescentes y jóvenes, y el mal gobierno que quiere atentar contra el derecho a la libertad religiosa.

¿Es una profesión (vocación) de riesgo a día de hoy ser sacerdote en México?

En algunas zonas de México es peligroso ser sacerdote, no en todo México. Por ejemplo, en mi diócesis no se han dado actos de violencia contra sacerdotes, pero en otras sí, sobre todo donde el narcotráfico reina. Allí cuando un sacerdote habla sobre este tema o tiene información sobre el crimen organizado comienzan los actos violentos contra él, ya que el crimen organizado quiere el silencio.

¿Tiene la Iglesia mexicana problemas con los grupos protestantes y con el sincretismo religioso?

Con los grupos protestantes no hay problemas relevantes, ya que se procura el respeto y el diálogo. En cuanto al sincretismo religioso lo que preocupa es el culto a la “santa muerte”, que son cuestiones demoniacas y cuyo culto se está extendiendo en todo México.

Don Tadeo a las Puertas de la Universidad

Don Tadeo en una peregrinación a Torreciudad

Compañeros de Derecho Canónico en la UN

Don Tadeo en Europa

Hablemos de usted don Tadeo, ¿cómo surgió su vocación al sacerdocio?

Hubo varias circunstancias para que el Señor me llamara a esta vocación. En primer lugar, crecí en una familia muy católica, mis padres me dieron grandes valores humanos y cristianos. Además, mi educación se llevó a cabo en una escuela católica donde recibía clases de religión y estaba muy de cerca de la figura de un sacerdote.

Pero fue en mi adolescencia cuando al ir a una Vigilia de espigas le dije al Señor que quería ser sacerdote. Ese día fui a confesar y le dije al sacerdote que quería irme al seminario y él me dijo lo que tenía que hacer para poder ingresar. Y a los 14 años entré al seminario menor.

Usted estudió años después, ya como sacerdote, en Pamplona, ¿cómo fue su experiencia?

Ha sido una experiencia inolvidable y de gran enriquecimiento personal. No solo por haber podido adquirir muchos conocimientos sobre Derecho Canónico, sino que fue una experiencia de fe, ya que nunca había tenido contacto con el Opus Dei y esto me ayudó a fortalecer mi vida espiritual como sacerdote.

De hecho, puedo decir que la Universidad de Navarra conjuga muy bien el estudio y la oración. También fue muy enriquecedor estar en España y poder compartir la vida con otros sacerdotes de diferentes partes del mundo. Me llevaría muchas horas poder describir mi experiencia en Pamplona.

Don Tadeo, en su paso por España, ¿qué opinión se llevó de su cultura, su gente y su gastronomía?

En México decimos que España es nuestra madre patria, y ahora tengo un gran cariño por España, ya que me ayudó a comprender muchas cosas de la historia de mi país. Y viviéndolo de primera mano ahora valoro mucho su cultura, sus tradiciones y su arte.

Los españoles me trataron muy bien, ya que cada vez que decía que era mexicano se alegraban enormemente de que fuera de México. Nos tienen un gran aprecio y les gusta mi país. Además de la gente de España, los sacerdotes siempre fueron muy buenos conmigo.

En cuanto a la gastronomía, al principio me costó mucho adaptarme porque extrañaba el picante en las comidas y la tortilla de maíz. Poco a poco me fue gustando mucho la comida española, de hecho cuando tengo oportunidad en México de ir a algún restaurante pido algún platillo español.

 

«Dos palabras: gracias y oración. Gracias porque sé que sin su ayuda no hubiera sido posible mi formación en la Universidad de Navarra, pues mi diócesis no podría solventar los gastos que se necesitan para ir a estudiar. Estoy muy agradecido, y muy comprometido por lo que se me ofreció. Oración porque no sé cómo devolver su generosidad para conmigo, pero desde que estuve en la Universidad he orado por ustedes y sus familias. Nunca olviden que tienen a un sacerdote orando por ustedes y les pido también de su oración. Gracias. »

Don Tadeo Velázquez Centeno

¿De verdad es tan necesario que los sacerdotes amplíen su formación, llegando incluso a ir a otro continente para recibirla?

El sacerdote tiene que estar en continua preparación para afrontar y dar respuesta a la cultura de hoy. Si no estamos al nivel necesario el mensaje de Cristo será pobre, necesitamos una formación sacerdotal sólida e integral en la doctrina de Cristo y de la Iglesia.

En mi experiencia, la formación que he recibido en la Universidad de Navarra se ve reflejada en los cargos que ahora desempeño en mi diócesis, y que no son nada fáciles. También lo veo reflejado en el trato con las personas, ya que la formación académica humaniza al sacerdote.

Ya que ha hablado de ello, ¿nos puede contar cuáles son sus cargos y responsabilidades ahora mismo?

Como estudié Derecho Canónico, una de las pastorales que desempeño todos los días es llevar los procesos de nulidad matrimonial que llegan al Tribunal. Al mismo tiempo realizo otros proyectos: dar clases en el seminario, llevar a cabo la pastoral universitaria donde soy capellán.

Además me han pedido dar algunas actualizaciones de Derecho Canónico a mis hermanos sacerdotes. Pero sobre todo me centro en la atención pastoral de los fieles en la parroquia donde estoy actualmente.

Por otro lado, uno de los sueños que quisiera cumplir como sacerdote es poder hacer el doctorado en Derecho Canónico para servir a mi diócesis y a la Iglesia, pero esto ya es algo que depende de mi obispo.

Don Tadeo, ¿podría contarnos cuáles han sido sus mejores momentos como sacerdote y alguna anécdota que hayas vivido en este tiempo?

Sin duda, uno de los mejores momentos fue el día de mi ordenación, pues experimenté una felicidad indescriptible. Ya como sacerdote los mejores momentos pasan por poder celebrar la Eucaristía y los demás sacramentos. También disfruto el compartir con la gente la vida y estar con ellos en las circunstancias más importantes de su vida, tanto alegres como difíciles.

Quisiera compartir con ustedes esta anécdota que titulo: “Los jóvenes tienen hambre de Dios”. En Semana Santa se tiene la costumbre de hacer “Pascuas juveniles” donde se les ayuda a los jóvenes a vivir la Semana Santa con más intensidad. Este año organizamos todo para este evento, pero en mi cabeza daba vueltas a que sólo iban a asistir unos 15 o 20 jóvenes a debido a la pandemia. Pero cuál fue mi sorpresa cuando llegaron 79 jóvenes para vivir la Pascua juvenil, lo que me dio mucha alegría, pero también susto porque tenía que conseguir más comida para ellos, más recursos… Pero todo esto valió la pena porque los jóvenes se fueron muy contentos a sus hogares y ahora quieren servir en la parroquia. Ahí es donde veo que nuestros jóvenes tienen hambre de Dios.

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