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RECORRIDO PASTORAL

Don Wilder García, la Iglesia frente al avance de las sectas en Guatemala

Este sacerdote de la diócesis de Escuintla (Guatemala) ofrece un certero análisis de la situación del catolicismo en su país, donde el avance de las sectas y los grupos evangélicos está haciendo mucho daño a la Iglesia.

Don Wilder Alexander García es un joven sacerdote guatemalteco, ordenado hace más de ocho años, de la diócesis de Escuintla, un lugar costero muy cercano a la capital de este país americano. Se está especializando en Derecho Canónico desde hace tres años en la Universidad de Navarra. Cuando termine su periodo formativo regresará a su país para ponerse al servicio de su obispo.

Guatemala es un país en el que se está produciendo un rápido avance de los grupos protestantes y de las sectas, y un retroceso de la Iglesia Católica. En estos momentos, el número de evangélicos ya supera al de católicos, lo que es una gran preocupación para la jerarquía católica.

Uno de los problemas que detecta don Wilder es la escasez de sacerdotes, lo cual provoca que la desatención pastoral sea aprovechada por los numerosos pastores evangélicos y las muchas sectas que abundan en el país. Por ello, urge a transformar la pastoral de mantenimiento por una decididamente misionera.

Por otro lado, este sacerdote cree necesaria una buena formación tanto del clero como de los fieles para favorecer una mejor comprensión y transmisión de la fe. Este hecho generaría, en su opinión, una mayor fortaleza de la Iglesia frente a estos grupos que mediante falsas promesas están llevándose a numerosos católicos.

Don Wilder celebrando una boda en la diócesis de Escuintla

Apoyando a la comunidad

Celebrando en la parroquia

Don Wilder, un sacerdote para defender la Iglesia ante el aumento de las sectas

En esta entrevista con CARF don Wilder Alexander García habla de esta batalla por las almas que está realizando la Iglesia en Guatemala y de las herramientas necesarias para evitar que siga disminuyendo la cifra de católicos. Su estancia en España para formarse es parte de la respuesta a esta situación. Así nos lo cuenta:

En Guatemala el catolicismo ha ido perdiendo fieles en favor de distintos grupos evangélicos, hasta tal punto que su número supera actualmente al de los católicos. ¿Qué ha pasado?

Es un fenómeno muy complejo. Hay muchas causas, pero sobresalen tres. La primera es la ausencia de sacerdotes en las comunidades. Hay parroquias donde el sacerdote sólo llega esporádicamente para celebrar la Eucaristía, mientras que los pastores evangélicos están 24 horas cerca de las familias, y eso les da la cercanía necesaria para acompañar a las personas en momentos importantes. La segunda causa es la propia propuesta de estos grupos y sectas. Se trata del “evangelio de la prosperidad” con el que se le dice al creyente que utilice a Dios para sus necesidades. En un país tan necesitado de lo básico eso hace que se busque la religión como una forma de inversión. La tercera causa es la utilización de la dimensión emocional como instrumento religioso. De ahí que el fin de las reuniones no sea tanto el aprender de la Palabra de Dios, sino el aumentar las emociones con la predicación frenética, los testimonios emotivos, las señales, milagros y, sobre todo, la música con alta carga emocional.

¿En qué ha fallado la Iglesia para llegar a este punto?

Aún no se ha caído en la cuenta del daño que las sectas están haciendo a nuestras comunidades. No es que se haya hecho algo mal… es la indiferencia ante el problema. Se hace necesario fortalecer a los agentes de pastoral que residen en las comunidades para que se pase de una pastoral de mantenimiento a una pastoral misionera.

Más allá de esto ¿Cómo es la salud del catolicismo en su país?

Aunque los números dicen la verdad sobre la pérdida de miembros en las comunidades parroquiales, también es cierto que el católico de este tiempo es más consciente de su identidad y misión dentro de la Iglesia. Se está pasando de un “catolicismo de masa” a un “catolicismo de compromiso”. Aún es casi nula la presencia del católico en los ambientes sociales, por lo que el trabajo apunta a la necesidad de formarlo para su papel en el mundo.

Vayamos a su vida, ¿Cómo surgió su vocación al sacerdocio?

Nací en una familia católica practicante, con unos padres preocupados por la educación cristiana de sus hijos. Todos mis estudios fueron realizados en colegios católicos con la presencia y acompañamiento de sacerdotes y religiosas. En mi parroquia de origen, parroquia de santa Lucía virgen y mártir, tuve la oportunidad de pertenecer al coro parroquial y a la pastoral infantil, siendo estos los motores que impulsaron y encendieron la chispa de mi vocación. Además, pude conocer personalmente la necesidad de sacerdotes y el gran trabajo que realizan para acercar a las personas a Dios.

Ingresé en el seminario menor de la Diócesis de Escuintla a los 17 años. Allí realicé los estudios de maestro de educación primaria durante tres años. Después ingresé en el seminario mayor nacional de la Asunción en Guatemala donde estuve ocho años. Fue un proceso de once años donde la asistencia de la Divina Providencia siempre estuvo presente.

¿Qué aspectos del sacerdocio son los que más le gustan?

Poder ofrecer la santa Eucaristía por los vivos y los difuntos. Y pido a Dios que me conceda un corazón de buen pastor para no ser indiferente al dolor de las personas y poderlas consolar en los momentos de tristeza y angustia.

Otro aspecto que es especialmente muy significativo para mí es la asistencia a los enfermos, especialmente en su tránsito hacia la muerte. No es fácil hacerlo dada la escasez de sacerdotes y el constante trabajo parroquial.

De igual manera querría destacar la confesión, pues es un sacramento muy importante y delicado. Requiere mucho respeto y prudencia sabiendo que las personas esperan encontrarse con un Dios misericordioso y no con un juez o policía.

«Estoy profundamente agradecido a los benefactores de CARF porque gracias a su ayuda espiritual y económica muchos sacerdotes de todo el mundo hemos podido continuar con nuestra formación permanente, dando frutos abundantes en las diferentes diócesis donde desempeñamos un servicio pastoral en favor de muchos niños, jóvenes, seminarios, etc. Aprovecho este espacio para motivar al querido lector a que se una en oración y al grupo de benefactores para que la formación sacerdotal continúe y no se detenga, porque de una u otra manera se está contribuyendo a la promoción vocacional. ».

Don Wilder García, la Iglesia frente al avance de las sectas en Guatemala

¿Hay alguna situación llamativa o destacable que haya vivido en estos años como sacerdote y que nos quiera comentar?

En mis ocho años de ministerio sacerdotal recuerdo sobre todo con mucho agrado la asistencia espiritual a los privados de libertad, recluidos en la cárcel de máxima seguridad ubicada dentro del territorio que comprende la Diócesis de Escuintla. Aunque no estaba a cargo de dicha pastoral siempre manifesté disponibilidad para acompañar todos los jueves a la Pastoral Penitenciaria, aunque al principio confieso que fue un tiempo de temor por los comentarios y prejuicios.

No cabe duda de que por alguna razón están ahí, pero no dejan de ser seres humanos que tienen hambre y sed de Dios. Los asistía con la confesión y la celebración Eucarística siendo un momento donde la experiencia de la misericordia de Dios era más grande que la condena social. La pastoral penitenciaria les brindaba el asesoramiento legal, y en algunos casos asistencia material y sanitaria. La presencia de la Iglesia en esa realidad es necesaria. No a todos los sacerdotes les gusta asistir por el temor a la inseguridad, pero honestamente, en algunas situaciones, se está más seguro dentro que fuera de la cárcel.

En estos momentos se forma en la Universidad de Navarra, ¿Cómo está siendo su experiencia?

Actualmente estudio en Pamplona, curso el tercer año de Derecho Canónico y la experiencia está siendo muy enriquecedora, tanto humana como espiritual e intelectualmente. El poder convivir con sacerdotes de muchas partes del mundo me ayuda a comprender la universalidad de la Iglesia. Además, la experiencia y las dificultades de fe de todos ellos han hecho que valore y ame mi experiencia en la diócesis de Escuintla, donde he estado sirviendo durante varios años.

De igual manera me ha llamado la atención el esmero de los profesores por formar bien académicamente a los sacerdotes que acuden a la universidad, lo cual me hace concluir que la Iglesia se merece sacerdotes bien preparados para afrontar los retos que la Iglesia y la sociedad exigen hoy en día. Todo esto me motiva personalmente para aprovechar al máximo el tiempo y las oportunidades que la universidad ofrece.

¿Es muy diferente la religiosidad y cultura que ha encontrado en Europa con la que se da en Guatemala?

No es fácil comparar porque la realidad cultural, política, social y religiosa es muy variada, pero durante el tiempo que llevo en España he logrado diferenciar dos grupos. El primero es el de personas mayores profundamente religiosas con una fe y devoción muy arraiga, celosos de las tradiciones y respetuosos en el cumplimiento religioso. El segundo es el de la generación más joven, quienes manifiestan una indiferencia y cansancio hacia los temas de fe. Existen muchos motivos que dan respuesta a esta actitud y existe el gran reto de salir de una pastoral de mantenimiento para fomentar una conversión y misión parroquial permanente.

Aunque el tiempo de evangelización en América haya cumplido 500 años aún se percibe mucho fervor religioso, pero las condiciones año a año van cambiando y se están percibiendo algunos efectos parecidos a los que atraviesa la Iglesia en Europa. El fervor misionero por parte de los sacerdotes y laicos gracias a Dios se mantiene. En la diócesis de Escuintla permanece el proyecto de los cenáculos parroquiales, impulsado por Monseñor Víctor Hugo Palma, así como la escuela bíblica para catequistas y todo aquel que siente el deseo de formarse.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta hoy como sacerdote?

Ser un buen pastor tal como lo está pidiendo el Papa Francisco y además alejarme de todo lo que conlleve ser un simple funcionario religioso. La Iglesia no es una empresa, los laicos no son empleados parroquiales, son personas que quieren santificarse. Y el sacerdote al cumplir con sus deberes pastorales se santifica y ayuda a santificar al pueblo de Dios. Estamos llamados a configurar nuestro corazón como el de Jesucristo Sacerdote para ayudar en la promoción vocacional, y más en estos últimos años donde el deseo de los jóvenes por servir a Dios mediante la vocación sacerdotal ha disminuido considerablemente.

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