“Desde los 12 años, mi sueño era de ser sacerdote”

Nací en una aldea de An My, cerca de la ciudad de Hanói, el día 11 de  agosto de 1983. Una semana después fui bautizado en la parroquia de la Asunción, y me llamaron Anton Tran Van Phu.

He crecido en una familia católica. Mis padres se llaman Joseph Tran Quoc Oai y Anna Vu Thi Thuc, y tengo un hermano y una hermana mayores.

Desde niño solía ir a la Misa y rezaba en la iglesia parroquial, y también era un fiel monaguillo. Le ayudaba a mi párroco en la Misa cada día. Él ya era bastante mayor, pero muy espiritual y lleno de sabiduría. Yo le ayudaba mucho. Por eso, desde los 12 años, mi sueño era de ser sacerdote.

Después de terminar el liceo, el sueño de ser sacerdote seguía ilusionándome. Un día, escuché una voz en mi, que me decía que el Señor quería que yo fuese un sacerdote. Esa voz la sentí con mucha claridad. Era como una iluminación interior, que llevaba consigo la alegría y la seguridad. Desde entonces, me tomé muy en serio de seguir la voz del Señor.

La vocación sacerdotal se hizo cada vez más clara, sobre todo después de terminar la Universidad de lenguas de Hanói. En el verano de 2006 entré en el seminario menor de la Archidiócesis de Hanói.  Un año después, mi arzobispo me envió al seminario de St. John, en Boston, Estados Unidos, donde estudié Filosofía y Teología durante siete años.

En Boston tuve la suerte de encontrar a grandes profesores y muy buenos seminaristas de todo el mundo. Quisiera agradecerles a todos mis superiores, padres espirituales y profesores, quienes contribuyeron a mi formación en el periodo del seminario.

Después de terminar el seminario, regresé a Vietnam y estuve en una parroquia de mi Archidiócesis para cumplir los dos años de trabajo pastoral. Fui ordenado por el Cardenal Peter Nguyen Van Nhon, arzobispo de la Archidiócesis de Hanói, el 30 marzo 2016. Al poco tiempo, mi arzobispo me envió a la parroquia Regina Martyrum para administrar y celebrar los sacramentos con los fieles cada día.

A fecha de hoy, la Archidiócesis tiene 150 sacerdotes, pero no basta, pues hay alrededor de 250 parroquias. Y por eso se necesita que haya más curas para vivir y trabajar en las parroquias. En el mismo tiempo, el seminario de mi Archidiócesis, donde hay más de 300 seminaristas de las distintas diócesis, hacen falta más profesores, en particular profesores de Biblia. Así, mi arzobispo me envió a Roma para estudiar Teología bíblica.

Antes de venir a Roma, no tenía ni idea de la ciudad, de Italia, de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz: nunca había pensado visitar estos lugares. Mi arzobispo sabía muy bien que la Universidad de la Santa Cruz es una gran universidad en Roma, y por eso pidió una beca para mi. Su petición fue aceptada en seguida por la Universidad, y eso fue un gran donativo para mi y para mi Archidiócesis.

Quiero darle las gracias a la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y a todos los benefactores, quienes siempre responden a las necesidades de la Iglesia en el mundo con el amor de Jesucristo. En particular, quiero agradecerle a la comunidad del Colegio Sacerdotal Tiberino, quien me aceptó como un hijo en su gran familia.

Estoy convencido que el Señor me ayuda para cumplir esta misión. Cuando termine el programa de mi licenciatura volveré a Vietnam y seguiré sirviendo la Archidiócesis de Hanói con todo mi corazón, con toda mi fuerza y con toda mi mente.

Anton Tran Van Phu