“Donde la Iglesia tenga necesidad, ahí quiero estar yo”

Amiel Bracino tiene 27 años y es natural de Filipinas, reside en el Seminario Internacional Bidasoa y en junio concluye sus estudios de Teología en la Universidad de Navarra. Después volverá a Basud, Camarines Norte (Filipinas), donde se ordenará sacerdote.

Allí vivió su infancia en una casa cercana a la parroquia. Creció en una familia cristiana y recuerda que con ella adquirió las primeras virtudes que fundamentan su crecimiento en la vida cristiana y en la vocación. Asegura que desde pequeño “tenía la idea de ser sacerdote”, pero a medida que fue creciendo él mismo se decía: “Es cosa de niños”.

Terminó el colegio e hizo el examen en la universidad para estudiar Ciencias Políticas. Era sacristán en la parroquia y, aunque no tenía intención de hacer el examen para entrar en el Seminario, “después de la graduación del colegio uno de mis compañeros me animó”. Hizo el examen durante más de tres horas y habló con el director de vocaciones. Fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía el deseo de ser sacerdote: “Empecé a recordar lo que era una inquietud y me dio mucha alegría”.

Entró en el Seminario, en Labo, una localidad cercana a Basud y allí cursó cuatro años de estudios filosóficos. Hizo el año de pastoral correspondiente y, cuando apenas superaba los 22 años, el obispo de su diócesis le sugirió la posibilidad de ir a estudiar a la Universidad de Navarra. “Todos estamos llamados a la santidad, la vocación sacerdotal es uno de los caminos para llegar a ella y a mí me parece conveniente seguir. Quiero ser un sacerdote santo y bueno”, relata.

“Todos estamos llamados a la santidad, la vocación sacerdotal es uno de los caminos para llegar a ella y a mí me parece conveniente seguir. Quiero ser un sacerdote santo y bueno”

Tras casi cuatro años formándose en Pamplona gracias a ayudas recibidas de benefactores, asegura haber disfrutado y aprendido mucho tanto de la capital navarra como en el Seminario Internacional Bidasoa, donde vive desde que llegó.

El día comienza para él a las 6.45 de la mañana con la oración personal y concluye dando gracias a Dios por el día vivido. Entre medias, tiene como centro la Misa diaria, el estudio, las clases, los ratos de oración, la dirección espiritual y los momentos con sus compañeros del Seminario: tertulias, documentales, formación… Las labores pastorales en la Residencia del Buen Pastor de Pamplona ocupan sus horas del domingo por la tarde. Allí se desplaza en bicicleta. También le gusta practicar deporte cuando tiene tiempo y, aunque afirma que no es muy “de fútbol”, sí disfruta mucho jugando al squash y al ping-pong.

Cuando el camino es incierto acostumbra a pedir la intercesión a San Rafael Arcángel, patrón de su parroquia de Filipinas: “Para que me alumbre como hizo a Tobías. No sólo en la vocación sacerdotal, sino en la vida”.

Antes de terminar la conversación le pregunté por sus gustos en la lectura. ¿Cuáles son los libros que más le han marcado?, le dije. “Prefiero pensarlo bien”, afirmó.  A primera hora de día siguiente trajo en un papel escritos, con letra cuidada, los siguientes libros: “Father Brown Stories”, complete edition, de G.K Chesterton; “Tuesday’s with Morrie”; “Hardy Boy’s Adventure Stories”; “Mero Cristianismo”, de C.S. Lewis; y “Un Papa sirio”, de José Adalid.

Chus Cantalapiedra