Entre la guerra y la paz

Entre la guerra y la paz

8 min
Eugenio Corti: Epopeya de un escritor, de un hombre, de un cristiano a través de sus palabras

Epopeya es palabra griega (ἐποποΐα, de ἔπος (v. epos) y ποιέω «hacer»). Indica la narración poética de hechos heroicos, como los poemas épicos, o los ciclos de poemas que recopilan historias legendarias en una unidad orgánica. Y la vida de Eugenio Corti, gran escritor italiano, es de verdad una epopeya.

La infancia del autor

Corti nació cerca de Milán en 1921, primero de una larga familia de diez hermanos, familia de sólidas convicciones cristianas. Su padre era un industrial textil quien, de pobre aprendiz, se había convertido en el dueño de la fábrica en que trabajaba. De hecho, después de comprarla logró expandirla y abrir nuevas sucursales.

A pesar de manifestar, desde muy pequeño, una gran inclinación hacia el mundo de la literatura, su padre quiso que estudiara Derecho, por lo que se matriculó en la Universidad Católica de Milán, donde cursó solamente el primer año de Derecho, antes de ser llamado a filas en calidad de subteniente de artillería. Él mismo pidió ser asignado a los combates del frente ruso, donde Italia, junto con Alemania, estaba llevando a cabo una campaña de conquista.

La guerra

Corti quería «tener una idea de los resultados del intento gigantesco de construir un mundo nuevo, completamente libre de Dios, de hecho, en contra de Dios, operado por los comunistas. Absolutamente quería conocer la realidad del comunismo. Por esta razón, recé a Dios para que no me permitiera perder esa experiencia.»

Los días en Rusia fueron los más dramáticos de su vida: las tropas soviéticas, pues, obligaron a los italianos a cumplir una retirada dramática que costó a la Armada Italiana en Rusia (ARMIR), quien contaba con 229.000 hombres, 74.800 fallecidos. Además, sobre 55.000 soldados capturados por los rusos, tan sólo 10.000 volvieron a su casa, muchos de ellos después de años de torturas en campos de concentración. Esta retirada, donde Eugenio Corti fue entre los pocos sobrevivientes, fue narrada por él mismo en su primera obra, I più non ritornano (La mayoría no regresa).  

En la Nochebuena de 1942, casi muerto de frío con alrededor de -35 grados, le hizo un voto a la Virgen, prometiéndole dedicar toda su vida a trabajar para el Reino de Dios, para convertirse en un instrumento de ese Reino con las cualidades que le habían sido otorgadas tener una idea de los resultados del intento gigantesco de construir un mundo nuevo, completamente libre de Dios, de hecho, en contra de Dios, operado por los comunistas. Absolutamente quería conocer la realidad del comunismo. Por esta razón, recé a Dios para que no me permitiera perder esa experiencia.

«Si me hubiera salvado, habría gastado toda mi vida en función de ese versículo del Padre Nuestro donde se dice: Venga tu Reino.»

Italia

A la vuelta a Italia, en 1943, se juntó con las tropas aliadas para liberar Italia de la ocupación nazi. De esta época narra su obra Gli ultimi soldati del re (Los últimos soldados del rey). Escribe Corti: «La patria no debe confundirse con los monumentos de nuestro país o con un libro de historia: es el legado que nos dejaron los padres, nuestros padres. Son las personas como nosotros: nuestros familiares, amigos, vecinos, aquellos que piensan como nosotros; es la casa en la que vivimos, a la cual siempre estamos pensando cuando estamos lejos; son las cosas hermosas que tenemos a nuestro alrededor. La patria es nuestra forma de vida, diferente de la de todos los demás pueblos.»

Eugenio Corti falleció el 4 de febrero de 2014 en su casa natal, dejando una herencia increíble, en un sentido humano, cristiano y literario. Su vida y sus obras compendian lo que es el papel de un artista y de un escritor en particular, que no es para nada, como hoy en día se podría pensar, de ser un vendedor de best sellers.

Después de la guerra

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Eugenio Corti volvió a su carrera de Derecho en la Universidad Católica de Milán, aún a regañadientes. Logró graduarse, pero el horror vivido en la guerra había cambiado para siempre su perspectiva de la realidad. Era un veterano, aún joven, y ya no se reconocía en los problemas de los jóvenes de su edad. Quería escribir, contarle a todo el mundo lo que le había pasado, y no solamente a él mismo: quería ser fiel al voto a la Virgen y a la memoria de sus compañeros fallecidos.

Así que, después de publicar I più non ritornano, siguió estudiando los procesos sociales, históricos y políticos en los cuales estaban involucrados los italianos de su época, a quienes describe como «muy individualistas, instintivamente desorganizados y sujetos a la rebelión contra la autoridad: la forma de actuar de los soldados italianos en la guerra representa perfectamente su forma de vivir en patria. El buen corazón de nuestros soldados es evidente. Sin embargo, de la misma manera es evidente la dificultad de trabajar juntos, de unirse por el bien común

El comunismo

En aquellos años, Corti se dedicó a un muy profundo estudio teórico e histórico del comunismo: combinado con su experiencia personal en suelo soviético, estos estudios le hicieron comprender no solamente lo que estaba pasando en Rusia, sino también las razones del fracaso de la ideología comunista. De esta misma época es la pieza teatral Processo e morte di Stalin (Proceso y muerte de Stalin), en la cual el mismo Stalin es víctima de un proceso por sus crímenes que él mismo justifica como consecuencia natural y lógica de la aplicación de la doctrina marxista.

 

«Se requiere que el escritor tenga en cuenta toda la realidad de su tiempo. Por esta razón, es el único profesional que no tiene derecho a tener una sola especialización. Sin embargo, no puede saberlo todo: debe tener una competencia auténtica al menos en los sectores más importantes. Por mi parte, elegí profundizar el comunismo (el mayor peligro para la humanidad en este siglo) y la actualidad de la Iglesia católica, porque en ella veo la esperanza más grande.» Eugenio Conti

 

Su lucha personal

Sin embargo, desde este momento, Eugenio Corti, debido a su razonado anticomunismo, se vio obstaculizado de manera sistemática por la prensa y por el mundo de la cultura italianos, ya muy ideologizados.

De carácter muy fuerte e irónico, Corti no se rindió y siguió llevando a cabo sus análisis muy bien documentadas, en particular sobre los horrores y las masacres cometidos por los comunistas antes y después de la Segunda Guerra Mundial (60 millones de víctimas en Rusia; 150 millones en China; muchísimas también en el sudeste de Asia, sobre todo en Camboya; alrededor de 40 mil fueron las víctimas de los partisanos en Italia, sin mencionar la enorme tragedia de la parte de la frontera oriental del país, lo que hoy es la Istría de Croacia y Eslovenia: al menos 10 mil italianos muertos y 300 mil exiliados). Su objetivo era que Occidente pudiera conocer la situación del mundo dominado por el marxismo, y eso mucho antes de que, en 1994, Alexander Solgenitzin, en un discurso ante la Duma (parlamento ruso), recordara los sesenta millones de muertes causadas por el comunismo.

«Ahora mismo, una vez que se ha terminado la fase de los asesinatos en masa, ha llegado la fase de las mentiras: los grandes periódicos, la radio y la televisión continúan, especialmente con el sistema de las medias verdades, a hacer que la gente común no tenga una idea clara de la realidad pasada y presente. Es por eso que debemos esforzarnos por buscar y dar a conocer la verdad. El frente más importante hoy es el de la cultura. El comunismo, pues, no ha terminado. Su fase leninista sí terminó, la fase en la cual la dictadura del proletariado se ejercía con la eliminación física de los opositores. Sin embargo, hoy en Italia nos enfrentamos con el comunismo gramsciano [de su ideólogo Antono Gramsci], en el que la dictadura de los intelectuales “orgánicos al comunismo” [la expresión es del mismo Gramsci] se ejerce a través de la marginación sistemática, es decir la muerte civil de los opositores.»

También se observa en Corti la reprobación hacia una buena parte del mundo católico italiano, debido a la adhesión acrítica de ello a las ideas de Jacques Maritain contenidas en su libro Humanismo integral, que abrieron las puertas del catolicismo, en Italia y en el mundo, a las corrientes modernistas, tanto en lo político (el así llamado “compromiso histórico”) como en la esfera teológica, donde surgieron  autores como Karl Rahner.

La obra que se destaca más entre todos los escritos de Eugenio Corti es sin duda El caballo rojo. Para su redacción, Corti trabajó once años. El libro fue publicado en 1983 por una pequeña editora, la Ares (cuyo director, Cesare Cavalleri, del Opus Dei, fue un muy buen amigo del autor).

La obra, una verdadera epopeya que cubre 40 años de historia, se inspira en los caballos del Apocalipsis y se divide en tres volúmenes:

«Para el primer volumen elegí el “caballo rojo”, que en ese texto es el símbolo de la guerra. Luego está el “caballo verde”, un símbolo de hambre (los campos de concentración rusos) y odio (lucha civil). Finalmente, el “árbol de la vida”, que indica el renacimiento de la vida después de la tragedia.»

El legado del autor

El desenrollo de la novela, así como su epílogo, reflejan la idea de Corti de que el arte cristiano no puede abandonar el realismo:

Es la filosofía de la cruz: no estamos en este mundo para ser felices, sino para ser probados. [—] Además, cualquier relación aquí abajo se acaba al terminar la vida.

Eugenio Corti sabe muy bien que, en los acontecimientos de la vida y de la historia, no siempre el bien puede ganar, como lo expresa también el editor Cesare Cavalleri hablando del libro como de “una epopeya de perdedores, porque también la verdad puede conocer eclipsis y derrotas y seguir siendo la verdad intacta y verdadera”. Sin embargo, cada aparente derrota del bien es solo una verdad a medias: la historia se completa en el cielo, que todavía no se nos permite ver aquí, y eso, en la narración de Corti, se convierte en la “epopeya del cielo”, donde confluyen las miserias humanas.

A pesar del ostracismo del mundo cultural contemporáneo, El caballo rojo tuvo y sigue teniendo un gran éxito en todo el mundo, siendo traducido en quince idiomas.

En los últimos años de su vida, Eugenio Corti decidió dedicarse a una nueva serie de escritos que llamó precisamente “historias por imágenes”, que, en su visión, debían de servir como guiones para la televisión, entre los que se destacan L’isola del paradiso (La isla del paraíso), La terra dell’indio (La tierra del indio) y Catone l’antico (Cato el antiguo), así como también al estudio del período histórico que más amaba: en 2008 apareció Il Medioevo e altri racconti (El Medioevo y otras historias).

Solamente pocos años antes de morir Eugenio recibió una atención inusual de las instituciones. Además de los varios premios que se le otorgaron, también se creó un comité para proponer su candidatura para el Premio Nobel de literatura.

Sin embargo, en la consciencia de este autor se iba profundizando cada día más la espera de la muerte o, mejor dicho, de la vida verdadera: «Ya he escrito bastante. Ahora sólo me gustaría ir al cielo y abrazar a mis padres, a mis hermanos, a todos aquellos a quienes he amado en la tierra. Me he comprometido con la pluma para transmitir la verdad. Si he alcanzado mi objetivo, pues, no lo sé. Pero lo más importante es la misericordia divina: sin duda he cometido muchos errores, pero cuando me presente a Dios creo que él todavía me considerará uno de los suyos.

Bern hard

En las antiguas tribus germánicas, al narrador se le llamaba “bern hard”, o sea valiente con los osos (de ahí el nombre de Bernardo) porque perseguía a los osos y mantenía los peligros materiales y espirituales lejos de la aldea. Era el chamán de la tribu, el depositario de las artes mágicas y del espíritu colectivo de la comunidad, es decir el guardián de la humanidad (con todo lo que este término significa), de las personas que tenía la tarea de proteger y alentar y a las cuales se le exigía dar esperanza. Kierkegaard lo dijo bien: “Hay hombres cuyo destino debe ser sacrificado por los demás, de una forma u otra, para expresar una idea”.

Un chamán, el paradigma de lo humano. El escritor es un caballero, un valiente armado con un bolígrafo (hoy, tal vez, con el teclado de un ordenador) quien, con gran sacrificio, lucha contra el mayor enemigo de los seres humanos, un monstruo terrible que devora a los hombres y sobre todo roba sus recuerdos, sueños, su misma identidad: la muerte. Pero es una muerte que significa no solo un cese físico de la existencia terrenal, sino la aniquilación de la existencia espiritual, ergo el nihilismo, la fealdad, el aburrimiento, las mentiras, la desidia y, sobre todo, el olvido.

El escritor, y Corti interpretó perfectamente este papel, es la vanguardia de la humanidad y elige, como Jesús yendo a la cruz, sacrificar su vida yendo a la batalla. Teniendo un don contemplativo más destacable que el de otros hombres (muy a menudo una herida abierta y sangrante, una melancolía existencial excelentemente descrita por Romano Guardini en su obra Retrato de la melancolía), se enfrenta con esos monstruos, con esos “osos”, es decir, con la muerte. Después de luchar contra el olvido, utilizando esa belleza y esa verdad que tiene el don de contemplar, regresa entre sus semejantes, herido, cansado y decepcionado al ver que en esta tierra lo absoluto, la belleza y la bondad eterna no son soberanas (y eso es precisamente el realismo del artista cristiano).

Incluso se podría comparar la vida de un escritor verdadero con la misión del primer corredor de maratón (Filípides, al que se le llama el hemeródromo). El escritor, pues, es él también un hemeródromo, quizás incluso más un biódromo, o sea alguien que se manea por toda su vida entre lo relativo y lo absoluto, entre la muerte y la vida, la satisfacción de poder contemplar más que otros la belleza y la verdad y el arrepentimiento y la infelicidad de no poder verlos realizados en esta tierra.

Οἶδα! ¡Lo sé! ¡Lo vi! Lo contemplé: sé quién eres, hombre, sé quién eras y para quién fuiste creado. Tal vez no lo sepas y no lo recuerdes o no lo creas, pero yo te lo grito, te lo cuento a través de historias de tiempos y personas que pueden parecer distantes, pero que son tu historia. Dioses o héroes: cada uno de ellos eres tú; eres precioso, importante, bello, eterno, eres un héroe cuya historia es digna de ser recordada y transmitida para siempre.

Conclusiones

Me gustaría terminar este relato de la vida, o mejor, de la epopeya de un gran artista con sus mismas palabras sobre la necesidad de una gran virtud, la paciencia, relacionada con la consciencia de su propia misión:

No es suficiente saber cómo escribir: los argumentos son necesarios. Y estos nos los dan la vida y la larga experiencia. Solo a los cuarenta años un hombre está lo bastante maduro para escribir. Hasta esa edad, uno es como los niños, y los que escribieron demasiado cuando eran jóvenes se arruinan para siempre. Veo que hay escritores que ya son viejos a los cuarenta años: han cosechado trigo en la hierba. Horacio también dio este consejo: espera. El trigo en ciernes no es necesario: las espigas son necesarias.

Siempre he creído que la providencia tiene diseños especiales para mi. A veces tiemblo al pensar en mi indignidad y pienso asustado que la Providencia se ha cansado ante mis miserias, mi pequeñez, mi ingratitud y por eso me ha abandonado para usar a otra persona para alcanzar el propósito al que yo estaba destinado. Sin embargo, luego rezo y me agito, e invoco el Cielo, hasta que una clara ayuda de la misma Providencia me asegura que Su mano siempre me dirige por el mismo camino: entonces estoy feliz. No quiero que mi afirmación de que la Providencia tiene un diseño especial sobre mí sea interpretada como un acto de orgullo. Me humillo, proclamo mi miseria, pero debo decir que es así, negarlo para mí sería como negar la existencia de una cosa material que se encuentra ante mis propios ojos.

Dott. Gerardo Ferrara
Pontificia Università della Santa Croce

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