«Formar a un sacerdote es formar a toda una comunidad»

José Alejandro García es un sacerdote guatemalteco de 39 años, estudiante de la Licenciatura de Derecho Canónico. Está terminando su segundo semestre en la Universidad de Navarra. Proviene de la Diócesis de Santa Rosa de Lima, en la Ciudad de Guatemala. Allí ha sido párroco en tres iglesias con diferentes realidades sociales a lo largo de sus nueve años de sacerdocio. “Al volver a mi diócesis quiero seguir sirviendo a la Iglesia, en la misión que se me encomiende” asegura.

Cuando llegó a España, el 28 de agosto de 2018, partía de cero en un país y una ciudad desconocidos para él, con una cultura y una forma de vivir diferentes. Sin embargo, “el miedo que sentí antes de llegar fue vencido por la fraternidad, la amabilidad y comprensión de los sacerdotes y profesores, tanto en la residencia como en la facultad”. Su tiempo libre lo emplea en pasear y conocer lugares. Ha visitado la localidad de san Francisco Javier y los santuarios de Fátima, Lourdes y Torreciudad.

José Alejandro es el mayor de cuatro hermanos. Descubrió su vocación sacerdotal cuando tenía 19 años, porque un amigo suyo laico le habló del sacerdocio. “Me dijo, ‘¿Nunca te has planteado la vocación sacerdotal? La pregunta resonó en mi mente, una y otra vez. Así que, después de ser acompañado en la dirección espiritual, por un sacerdote, pensé: ‘Esto es lo mío’. Me ilusioné muchísimo, con temor y temblor dije en mi oración ‘Aquí estoy Señor, quiero servirte’”.

«Administrar los sacramentos a mi familia»

Transcurridos dos años desde aquella conversación, en 2002 renunció a su trabajo y proyectos personales y se dispuso a ingresar en el Seminario Mayor Interdiocesano Ntra. Sra. De la Asunción, en Guatemala. En él se formó hasta el año 2010. Recuerda que, aunque con sorpresa, la noticia fue acogida entre sus familiares y amigos con mucha alegría; y relata que una de las experiencias más bonitas que ha vivido a lo largo de estos años de sacerdocio ha sido poder ser consejero espiritual de ellos, ser testigo del sacramento del matrimonio y bautizar a los hijos de sus amigos.

Desde antes de ingresar al seminario, sentía especial devoción por la Virgen del Rosario y por dos sacerdotes: San Josemaría, fundador del Opus Dei; y del sacerdote guatemalteco y siervo de Dios, Hermógenes López.

Se siente muy agradecido de la ayuda que ha recibido para poder formarse. Asegura que es necesario que los sacerdotes sean verdaderos promotores vocacionales. También recuerda la importancia de que los esposos oren por la vocación de sus hijos. Y concluye recordando la frase de san Juan Bosco: “El mejor regalo que Dios puede hacer a una familia es un hijo sacerdote”.