Mihai Șona, greco-católico rumano: «La libertad religiosa ha sido un regalo de Dios»

Mihai Șona tiene 23 años y es estudiante de la Facultad de Comunicación Social e Institucional en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. Se está formando para ser sacerdote. Es de Rumania, más concretamente, de Transilvania, de la ciudad de Cluj-Napoca y es católico bizantino, miembro de la Iglesia Greco-católica Rumana, que está unida a Roma. Cuenta su testimonio de vida y vocación a CARF. 

«Siempre hay un camino que el Señor hace con nosotros, incluso si no somos conscientes de ello. Creo que así fue conmigo: el Señor me recibió, pasando por todas las estaciones de mi juventud.

Mi vocación al sacerdocio viene como una llamada por parte de nuestro Señor. De niño sentía curiosidad por las cosas que pasaban en la Iglesia y ayudé a mi abuela que no podía ir a la Divina Liturgia.

A lo largo de mi adolescencia, me alejé de la Iglesia porque cada edad tiene su tiempo. Pero aun así, el Señor siempre me miró y me protegió porque al final de la escuela secundaria, cuando tenía que tomar una decisión para continuar mi viaje en la vida, mis estudios, escuché su llamada. Antes de tomar la decisión de ingresar en el seminario diocesano, quería estudiar periodismo, porque me encantaba escribir. Pero el Señor tenía otro plan, siempre mejor que el mio. Y así sucedió que, en un día de la Cuaresma de 2014, cuando estaba en un retiro y me encontraba solo dentro de la capilla, sentí una atracción muy fuerte hacia el altar que nunca había advertido antes. Después de esta experiencia, tomé la decisión de ingresar al seminario.

Cuatro años después terminé mi tesis y elegí venir a Roma y continuar aquí mis estudios para ser sacerdote. Sin embargo, antes del sacerdocio e incluso después, era necesario que encontrara mi camino para servir a la Iglesia.

Entonces, descubrí que el deseo de estudiar periodismo que ya tenía en la escuela secundaria se podría realizar a través de mis estudios en Roma, tomando forma en la Universidad de Santa Cruz, y más precisamente en la Facultad de Comunicación Social e Institucional. Es claro que el Señor nunca ha retirado los regalos que me dio: me tomó por la mano y me amó como un padre, mostrándome el camino.

A través de mis estudios quiero servir a la Iglesia, a mi Eparquía y a mi Obispo en este campo de la comunicación donde siempre las cosas cambian y envuelven. Eso es la Iglesia local lo debe tener en cuenta, especialmente en su actividad de evangelización.

 «La situación de Rumanía no es de las más fáciles»

La situación en mi país no es de la más fáciles, ya que Rumanía ha estado bajo la cortina de hierro del comunismo y por ello ha sufrido muchísimo. Lo primero que hay que decir es que somos un pueblo con una tradición histórica de cristianismo oriental y la mayoría de la población es de confesión ortodoxa. Durante mucho tiempo, hasta 1918, el país se dividió en tres partes: Transilvania, que siempre estuvo bajo otro tipo de gobernador; Moldavia, que es la parte oriental; y el sur.

En Transilvania, de donde vengo yo, siempre ha habido una gran diversidad de población: no solamente rumanos, sino también húngaros, alemanes y judíos. Las confesiones cristianas han sido varias y siguen siéndolo aún hoy. Católicos romanos, greco-católicos, ortodoxos, calvinistas y luteranos: todos vivimos juntos y este es un ejercicio que siempre intentamos hacer, en lo bueno y en lo malo.

A partir de esta situación social, cultural y religiosa, en todo el país, la libertad religiosa, después de la caída del comunismo en 1989, ha sido un gran regalo de Dios para todos.

Hablando de la Iglesia Católica, en el caso particular de Rumanía, existen tres Iglesias locales: la Iglesia Católica Romana de Rumanía con la mayoría de los fieles en el sur del país y en el este de Moldavia; la Iglesia Católica Romana de mayoría húngara, a la cual también hacen referencia otras pequeñas comunidades como los polacos, eslovacos, etc.; la Iglesia greco-católica rumana unida a Roma, cuya mayoría está en Transilvania.

Relaciones con otras confesiones 

Las relaciones de la Iglesia Católica con las otras confesiones han sido varias en el pasado, con cambios determinados por el contexto social, pero ahora, entre los distintos líderes, hay un reconocimiento de la diversidad, de la existencia del otro. Es un viaje que te hace entender al otro, a través de las líneas históricas del pasado.

Por ejemplo, en contextos culturales y festivales locales y nacionales, siempre hay un obispo o un sacerdote ortodoxo con su homólogo católico romano o con el griego junto al funcionario local, o los tres juntos las tres confesiones están todas presentes en ese lugar particular: están presentes ante el pueblo y esto ya es un testimonio.

Entre la gente, la mentalidad cambia según el territorio, pero por lo general la situación es bastante buena en la vida común. Las diferencias, mucho más marcadas en el pasado, se han dejado atrás debido a la necesidad de vernos uno con otro, de necesitarnos mutuamente en los diferentes contextos, como por ejemplo el trabajo. También hay muchos matrimonios mixtos.

Cada Iglesia lleva el mensaje del Evangelio a todos, pero para hacerlo debe tener en cuenta que existen también las iglesias y que el camino hay que hacerlo juntos: es un reto para todos. Para la Iglesia Católica es un desafío poder adentrarse cada día más en este camino de diálogo y puede que aún más difícil sea el reto para la Iglesia Ortodoxa, debido a la presencia en ella de grupos pequeños que intentan transmitir un mensaje de desaliento. Sin embargo, entre los hermanos ortodoxos también hay un esfuerzo de emprender un camino hacia un objetivo común, hacia la redención de su pueblo al lado de la Iglesia Católica y de las comunidades protestantes.

Si tenemos que hablar de un apostolado especial, deberíamos decir que el apostolado más necesario es el del amor a los demás. La historia nos enseña que nada se puede hacer sin amor y paciencia. Y en lo concreto, todas las Iglesias hacen un apostolado con los pobres y las familias necesitadas. Esta obra reúne a las iglesias y al pueblo para la gloria de Dios.

La visita del Papa

El anuncio de la visita del Papa a Rumania del 31 de mayo al 2 de junio de 2019, ha sido recibido con gran alegría por las Iglesias Católicas del país y también por la Iglesia Ortodoxa y por el Estado. Aún queda en la memoria colectiva el viaje de San Juan Pablo II, que fue un éxito porque, por primera vez después de 44 años de comunismo, cuando la gente estaba dividida por la ideología marxista, todo el mundo gritaba: “¡Unitate!”, Unidad! Y ese deseo de unidad se ha manifestado y realizado en ver a San Juan Pablo II que se encontraba con el patriarca ortodoxo Teoctist.

Sin embargo, el viaje del Papa Francisco representará un encuentro del rebaño rumano con el gran Pastor, el sucesor de San Pedro para cada comunidad católica. El Papa estará en cuatro lugares, donde se encontrarán los católicos de todas las Iglesias locales que mencioné: en Bucarest, Blaj, Șumuleu Ciuc y Iași. En Blaj, que es el centro de la Iglesia greco-católica, el Santo Padre beatificará a siete obispos greco-católicos que dieron su vida por la fe y la Iglesia católica durante el régimen comunista. Un evento muy esperado por la Iglesia greco-católica local.

La presencia del Papa fortalecerá la alegría y el don de ser católico y, a través de la oración que se llevará a cabo junto con todos, será una bendición para el país entero, pues la presencia del Santo Padre Francisco en Rumanía de verdad es un don del Señor. Espero que su viaje sea un tiempo de oración, paz y fraternidad para las Iglesias y el pueblo rumano.