Don Aarón Peñaranda

Don Aarón Peñaranda

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Don Aarón Peñaranda es un joven filipino de 30 años que pronto cumplirá dos años como sacerdote. En estos momentos está completamente volcado en la consolidación de un “mission center” en la ciudad de Calbayog en el que la actividad misionera y formativa de los creyentes será el centro de la actividad pastoral. Tiene mucho trabajo por delante, pero no le falta ni la ilusión ni la fuerza para llevar a cabo el encargo de su obispo.

Camino a la vocación sacerdotal

Aunque nació en Manila, el padre Peñaranda vivió desde que era un bebé en la isla filipina de Samar y más concretamente en un pequeño pueblo. El ambiente de su infancia fue óptimo pues creció en una familia amorosa, muy católica y bastante involucrada en la parroquia.

“Gracias a mis padres conocí la fe, no recuerdo ni un solo domingo en el que no fuéramos a la iglesia”, cuenta don Aarón. De aquellos momentos tan felices de su infancia también relata cómo cada miembro de la familia tenía distintos “encargos” en la misa. Mientras sus padres y su hermana cantaban en el coro parroquial él ejercía de monaguillo, lo que fue una ayuda en su vocación sacerdotal unos años más tarde.

El propio padre Peñaranda reconoce que su vocación “surgió en el seno de la familia”. Y sin saberlo era deseado y querido por sus padres, que en silencio soñaban con un hijo sacerdote. “Cuando ya estaba en el seminario mi padre me confesó que rezaba a Dios a diario para que me convirtiera en sacerdote”, explica este joven filipino.

La vocación religiosa no era algo nuevo en su familia pues tiene un tío sacerdote y una tía monja. Tanto es así que asegura que le inspiraron a “adherirse a la llamada de Dios al sacerdocio”.

Del mismo modo, sus años como monaguillo –asegura don Aarón- “acrecentaron esa llamada porque fue a través de esta experiencia en la parroquia como pude ver, más o menos, la vida y la labor de un sacerdote. Y me encantó, por lo que decidí ingresar en el seminario”.

Recorrido pastoral del sacerdote filipino Aaron Peñaranda .Beca de estudios de CARF

Don Aaron Peñaranda celebrando la Santa Misa en Filipinas

Recorrido pastoral del sacerdote filipino Aaron Peñaranda .Beca de estudios de CARF

Con jovenes del proyecto «mission center» de acción pastoral en su parroquia

Recorrido pastoral del sacerdote filipino Aaron Peñaranda .Beca de estudios de CARF

Don Aaron Peñaranda durante su formación

La oración de su padre

La decisión dejarlo todo no fue difícil ni para él ni para su familia: “sentía su apoyo y su alegría”. Por eso, al acabar la Secundaria pidió la entrada al seminario. Y ya en el tiempo de formación su obispo decidió enviarlo a formarse al Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa y a la Universidad de Navarra gracias a una beca del CARF.

“Estoy muy agradecido por los cuatro años que viví en Pamplona y eso que al principio me resultó difícil porque todo era nuevo para mí: lengua, comida, cultura, la gente, el clima…”, recuerda el padre Peñaranda.

De aquellos años destaca el cuidado y la gran atención de los formadores así como la “internacionalidad del ambiente en Bidasoa”. Nunca había imaginado que conocería a alguien de México, Uganda, India o de las otras muchas nacionalidades presentes en el seminario internacional de Pamplona.

Sin embargo, hay otro aspecto de su paso por España que le ayudó a conocer sus raíces. Se trata de las peregrinaciones que hizo en aquellos años a iglesias, catedrales: “así conocí y me asombré con el origen de la fe en Filipinas” llevada por santos y misioneros españoles que siglos antes habían pasado por aquellos templos.

“Me di cuenta que en Bidasoa, a pesar de los diferentes orígenes de cada uno, había algo que me hacía sentir en casa, y era el tener la misma llamada de Dios que superaba cualquier obstáculo y nos unió en aquel seminario”, relata este sacerdote de Filipinas.

“Con buena doctrina se hace buena pastoral”

Centrándose ya en la formación recibida en Pamplona este joven sacó una preciosa lección para su futuro: “aprendí que con una buena doctrina se hace una buena pastoral”. En su opinión, “la fidelidad a la fe y a la Iglesia guía al sacerdote para realizar su labor cotidiana porque sabes que no es el trabajo de uno mismo sino de Jesús que lo entrega a la Iglesia”.

Sobre este aspecto, Concretamente destaca la formación litúrgica que recibió tanto en la Universidad de Navarra como en Bidasoa, pues “conocer la teología y las normas de la liturgia nos lleva precisamente a una liturgia bien celebrada, y esto evangeliza mucho a aquellos que participan en ella llevando a la veneración y al amor a los sacramentos”.

Tras su ordenación hace casi dos años este joven sacerdote fue enviado al seminario como formador y también como responsable de las finanzas, donde también daba clases de español a los seminaristas.

Hace apenas unas semanas su obispo le encargó impulsar un “mission center”, un centro pastoral que no llega a ser una parroquia, en un barrio de Calbayog. Dado que es de reciente creación el padre Peñaranda se está centrando en lo más urgente como es priorizar la formación sobre la fe y la organización de grupos de evangelización. Y su gran sueño es que se puede construir pronto una capilla.

“Como sacerdote es necesario que haya una profunda vida de oración, celebrar la Santa Misa diariamente y acudir a la confesión frecuente”, explica don Aarón sobre su día a día, sin olvidar olvida la importancia también de hacer algo de deporte y tener un buen descanso.

D. Aarón Peñaranda

“Quiero expresar mi infinito agradecimiento a los benefactores por la ayuda que me brindaron durante mis estudios en Pamplona sin la cual la posibilidad de recibir tal formación hubiera sido imposible. Sepan que les encomiendo para que su labor continúe y dure por muchos años más”

El “dinamismo de la fe”

En un mundo cada vez más secularizado –explica el padre Peñaranda- “un sacerdote joven debe tener ese dinamismo de la fe, siempre anclado profundamente en ella y en la Iglesia,  para saber caminar con los tiempos, y creo que esta es la ‘nueva evangelización’ de la que hablaba San Juan Pablo II”.

Recorrido pastoral del sacerdote filipino Aaron Peñaranda .Beca de estudios de CARF
Recorrido pastoral del sacerdote filipino Aaron Peñaranda .Beca de estudios de CARF

Pero además, como un joven más nacido en esta generación ve la ventaja que tiene de poder evangelizar pues comparte lenguaje, expresiones y comprende la forma de ver el mundo, lo que le permite “dialogar con naturalidad con los jóvenes para poder atraerlos a la fe”.

Sin embargo, en su zona todavía hay una gran cantidad de personas religiosas que “todavía ven con confianza al sacerdote como un instrumento de Dios que puede acompañarlos en la vida diaria de la comunidad a la que pertenecen”.

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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