Don Carlos Andrés Pinzón Castillo

Don Carlos Andrés Pinzón Castillo

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Don Carlos Andrés Pinzón Castillo es natural de Ibagué, la capital de la música de Colombia. A esta archidiócesis pertenece como sacerdote desde que fuera ordenado hace diez años, aniversario que cumplió en Pamplona, donde ha estado los tres últimos cursos estudiando Derecho Canónico en la Universidad de Navarra gracias a una beca del CARF.

Vocación Sacerdotal

A sus 38 años, este sacerdote colombiano lleva tras de sí una gran experiencia pastoral  y ahora también intelectual. De ahí, que el padre Pinzón considere fundamental una buena formación sacerdotal para que las personas consagradas como él puedan dar respuestas convincentes a los interrogantes de hoy e iluminar a los fieles en el combate diario.

Pero también tiene claro que a una recta formación debe ir unida una profunda vida de piedad, fe y oración. De hecho, su propia vocación estuvo muy marcada por el ejemplo de un sacerdote en su infancia.

En una entrevista con CARF, don Carlos Pinzón nos habla de cómo se fue fraguando su vocación sacerdotal, su experiencia como sacerdote y su actual estancia en España en la Universidad de Navarra. Con la vista puesta ya en el futuro explica los retos a los que se enfrenta en su recorrido pastoral y la ayuda que en Pamplona ha recibido para superarlos.

Recorrido pastoral de Don Carlos Andrés Pinzón  Sacerdote colombiano Compañeros de formación sacerdotal en pamplona

En Pamplona con sus compañeros del Colegio Mayor Echalar II

Recorrido pastoral de Don Carlos Andrés Pinzón  Sacerdote colombiano Compañeros de formación sacerdotal en pamplona y el obispo de pamplona

Don Carlos Andrés Pinzón Sacerdote con el obispo de pamplona y otros estudiantes de las facultades Eclesiásticas de Navarra

Recorrido pastoral de Don Carlos Andrés Pinzón  Sacerdote colombiano Compañeros de formación sacerdotal Peregrinación a Tierra Santa

Don Carlos Andrés Pinzón en la Peregrinación a Tierra Santa que organiza la Universidad de Navarra

¿Cómo se fraguó tu vocación al sacerdocio?

Mi padre, que pertenecía a la policía de Colombia, fue destinado en su oficio a un pueblo de unas contadas familias llamado “Villarrestrepo”, en la zona centro de Colombia y con vista a uno de los pocos nevados que tiene nuestro país. Allí, en los años noventa, el centro de la vida social, familiar y rural era la parroquia de San Pío X. Nuestros padres nos llevaban a mis hermanos y a mí a la Santa Misa todos los domingos y me llamaba mucho la atención que mis compañeros de escuela hacían de monaguillos, además participaban del coro infantil y de la Infancia Misionera. Yo tenía siete años.

El padre José Ramón, muy cercano a todos, me invitó a participar de la escuela de monaguillos y a partir de este momento empecé a acolitar todos los días; sentí una alegría especial, muy intensa que me llenaba más que cualquier otra cosa, al punto de que el padre me prestaba el alba para llevarla a casa y delante de mi familia “celebraba la misa”; en el pueblo me veían como un pequeño curita.

Entonces, este sacerdote fue un gran referente para su vocación…

Sí, desde entonces ya no vi en mi vida otra felicidad que llegar a servir a Dios en el altar como lo hacía el padre José Ramón, quería ser sacerdote. Con su ayuda, ingresé en el Seminario Menor de la ciudad de Ibagué “San Joaquín” para terminar mis tres últimos años de estudio y a los dieciséis años fui admitido en el Seminario Mayor “María Inmaculada”.

¿Podrías contarnos cómo es la tierra de la que provienes?

Con sano orgullo comparto mi lugar de origen: mi ciudad se llama Ibagué, es conocida como “la capital musical de Colombia”, es el centro del departamento del Tolima. La cultura criolla arraigada en el seno de familias tradicionales y campesinas ha delineado a lo largo de su historia un pequeño paraíso en el que se disfruta la calidez del buen trato, las buenas costumbres, el amor por los aires musicales, la oferta de platos típicos como el tamal o la lechona, el trabajo industrial y campestre. Ibagué es una ciudad acogedora, que va creciendo en su vida de fe y ampliándose como un territorio turístico por sus bellos paisajes que recuerdo al contemplar los paisajes navarros. Pero esta porción de Colombia no deja de sentir las tremendas dificultades propias de nuestra región como el desempleo, la falta de oportunidades, el crecimiento abundante de las sectas y no se escapa a las consecuencias de la pandemia.

Ahora usted se encuentra como sacerdote estudiando en Pamplona gracias a una beca del CARF, ¿cómo está siendo su experiencia?

Por gracia de Dios y para servir mejor a mi Iglesia Arquidiocesana fui enviado a estudiar Derecho Canónico en la Universidad de Navarra en Pamplona. Sin ninguna duda puedo afirmar con inmensa gratitud que esta es una experiencia nueva y diferente en mi vida sacerdotal.  Ha sido en realidad maravillosa, además de exigente por la altura intelectual de la universidad.

Por otra parte, mi permanencia en Pamplona ha sido una oportunidad para vivir nuevas formas de universalidad de la Iglesia, convivir con sacerdotes de diversos continentes, culturas, lenguas ha enriquecido mi visión de la Iglesia en el mundo, acompañados por sacerdotes de la Prelatura que fomentan en nosotros el don preciado de la amistad sacerdotal. En definitiva, todos diferentes en nuestras raíces pero unidos en el mismo llamado vocacional y comprometidos en la única tarea común de ser misioneros de Jesús en nuestras tierras.

¿Qué le parece España o lo que ha podido conocer de nuestro país en este tiempo?

No deja de ser interesante todo lo que he podido aprender en estos casi tres años de estancia, también el conocimiento de un país que ha sido la cuna de la evangelización para América Latina, conocer su gente, la belleza de su historia, incluso poder celebrar la Eucaristía en templos con tantos siglos de antigüedad, incluso anteriores a la fe cristiana en nuestros pueblos de Suramérica, así como degustar las deliciosas comidas que no había disfrutado antes. Todo esto brinda un gran bagaje cultural y eclesiástico a quienes peregrinamos en España.  

En Pamplona ha estado ampliando sus estudios ya como sacerdote, ¿por qué cree que es tan importante recibir una buena formación?

El estudio del Derecho Canónico me ha hecho tomar conciencia, y cada día lo entiendo y lo siento más, de la urgencia que tenemos los sacerdotes de la formación permanente y especializada para responder a los grandes retos que nos sugiere la realidad cambiante y sedienta de una palabra de consuelo, de solución, de esperanza cristiana. Esto es posible si vivimos con alegría, santidad, entrega, formación y dedicación nuestro ministerio sacerdotal.

Toda gracia recibida de Dios en el camino sacerdotal es un regalo de su amor, sin embargo, tiene un grave riesgo: olvidar precisamente que es un don, gratuito y esto puede convertirse en causa de orgullo y altivez. Creo profundamente, por el contrario, que poder estudiar asistido por benefactores de buen corazón es una gracia de Dios, un “regalo de su amor” y exige de quienes nos formamos una actitud de verdadera gratitud y humildad, así como una proyección pastoral que tenga por objetivo único “servir” a todos los que en nuestras comunidades nos son encomendados.

Personalmente, el Derecho Canónico me compromete a entregar más mi sacerdocio a las disposiciones de mi Obispo ya sea en la asistencia en el tribunal eclesiástico, ya sea brindando asesoría a los fieles en los distintos procesos a los que pueden acceder, sin olvidar que sobre todo soy pastor de almas. 

En este tiempo de sacerdocio, ¿nos puede relatar cuál ha sido su labor así como la experiencia que saca de estos años?

Cumplí aquí en Pamplona diez años de sacerdocio. En mis anteriores siete, antes de iniciar mis estudios tuve la gracia de ser vicario en la Iglesia Catedral de María Inmaculada y en la parroquia María Auxiliadora en Ibagué.

Durante este tiempo serví como delegado de la Pastoral Juvenil, de la Pastoral de la Niñez y asesor de la Primera Infancia. Agradezco una doble experiencia en este tiempo inicial de mi sacerdocio: por una parte, recibir el testimonio y experiencia de los párrocos que me acompañaron y, por otra, aprender de los fieles, la gente a la que Dios me llamó a servir me ha ayudado a no olvidar que su vida de apostolado en medio de algunas dificultades son parte de la motivación y del sentido del ministerio presbiteral.

Justo dos años antes de viajar a España serví como párroco en la parroquia San Francisco de Asís, una comunidad que me acogió y en la que experimenté el calor y la sencillez de todos los fieles que viven de manera comprometida su fe católica.

Recorrido pastoral de Don Carlos Andrés Pinzón Sacerdote colombiano Compañeros de formación sacerdotal en colombia

Don Carlos Andrés Pinzón con otros sacerdotes en Colombia

Don Carlos Andrés Pinzón Castillo es natural de Ibagué, la capital de la música de Colombia

Ibagué, la capital de la música, donde nació este sacerdote colombiano

Pastoral de la niñez en Colombia, Don Carlos Andrés Pinzón Castillo

Don Carlos Andrés Pinzón en la Peregrinación a Tierra Santa que organiza la Universidad de Navarra

D. Alejandro Burgos

“Los sacerdotes somos llamados repetidamente “instrumentos” de Dios y lo somos. Nuestras comunidades sienten la presencia del Señor cuando un sacerdote es lo que ha sido llamado a ser. Hoy haciendo uso de esta palabra tan profunda manifiesto mi gratitud a todos los benefactores de CARF que con generosidad y esfuerzo donan a la fundación: ustedes han sido verdaderamente un “instrumento” para mi sacerdocio, sin sus plegarias y sus contribuciones económicas no hubiera sido fácil acceder a esta gracia de la formación humana, espiritual e intelectual que he recibido en la Universidad de Navarra. Mi respuesta será hacer todo el bien posible al regresar a mi país y seguiré orando para que cada benefactor reciba el ciento por uno.

La viuda a la que nadie vio echando las dos monedas en el tesoro del Templo, y que era todo lo que tenía para vivir, tuvo siempre una mirada sobre ella observando su desprendimiento: los ojos de Jesús. Él mismo, quien mira siempre sus corazones los anime para que perseveren en este apostolado que tantos frutos trae a las diócesis de diferentes países. Gracias.

¿Cuáles han sido sus mejores momentos como sacerdote?

Mi vida sacerdotal ha estado marcada por la cercanía a la realidad juvenil que he podido compartir desde la Delegación de la Pastoral Juvenil. Con ellos aprendí a descubrir el rostro joven de Jesús y con certeza creo que son protagonistas de nuestra tarea evangelizadora. En esta experiencia tuve muchas alegrías, sentí que fui un instrumento para mostrarles la importancia y la necesidad de su presencia en la iglesia.

¿Hay algo concreto que le marcase?

Recuerdo con frecuencia una frase que me motivaba a seguir construyendo comunidad de fe en medio de sus distintas realidades, de manera especial cuando humanamente comenzaba a sentir en momentos cansancio y decepción por todos los esfuerzos para mostrarles un mundo mejor: “con los jóvenes nunca se logra lo que se quiere, pero nunca se pierde lo que se hace”.

Quizás una fragilidad propia de la juventud, pero no exclusiva de ellos, es la inconstancia que conduce a la falta de compromiso permanente en la vida pastoral, pero sí sé que su paso por las parroquias o actividades diocesanas los marcó para siempre. Fui testigo de muchas conversiones a Dios y como un joven que se acerca a Jesús cambia no solo su vida, sino la de su familia y paso a paso su entorno.

Ha hablado mucho de los jóvenes y de su trabajo con ellos. Pero usted también es un sacerdote joven. ¿Cuál es la realidad que vive en un mundo cada vez más secularizado?

Cada época de la historia exigirá a los ministros sagrados lo que Dios quiere y la Iglesia necesita: “sacerdotes santos y sabios”. En nuestra actual realidad y siguiendo el llamado de leer los signos de los tiempos, los sacerdotes debemos tener mucha intimidad con Jesucristo que nos conduzca a una vivencia plena de nuestra vocación para ser la luz y la sal que brille y dé sabor que se traduzca en llevar en nuestra frágil humanidad la voz de la esperanza, el alimento sagrado y el acompañamiento espiritual a nuestros fieles que cada día expresan su deseo de vivir radicalmente su fe.

Don Carlos Andrés Pinzón Castillo Sacerdote Colombiano celebrando Santa Misa
Don Carlos Andrés Pinzón Castillo Sacerdote Colombiano Con el equipo de pastoral juvenil

Las personas que están insertas en los procesos de evangelización en nuestras parroquias y movimientos necesitan pastores humildes y sin pretensiones para dedicarse inicialmente a ellos. Ahora bien, las ovejas que no están aún en el rebaño, las que apartadas de la iglesia y doloridas por las heridas de las falsas ideologías, el relativismo, el pecado, el indiferentismo e incluso el ateísmo esperan aún sin saberlo a aquellos que les lleven el remedio a sus males del alma.

Justo aquí es cuando los sacerdotes, llenos de vida espiritual pero también formados para saber dialogar, tenemos una trascendental tarea. Debemos ser observadores y conocedores atentos de lo que sucede en nuestra realidad, tener la altura intelectual y el lenguaje adecuado para introducir la Buena Noticia y por supuesto, aunque el Espíritu Santo hace la obra, todo va mejor si oramos y estudiamos.

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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