Don Edgar Ponce

Don Edgar Ponce

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Don Edgar Ponce es un joven sacerdote natural de Sámar del Norte, en Filipinas, e incardinado en la diócesis de Catarmán, que da nombre a la capital de esta región del país asiático. A sus 31 años lleva ya un total de cuatro como sacerdote y mientras compagina su tesis doctoral en la Universidad de Navarra a distancia desde Filipinas ocupa numerosas labores pastorales que le ha encargado su obispo, muchas de ellas relacionadas con su alta valía intelectual.

De camino a la vocación sacerdotal

Nacido en 1990, este sacerdote filipino nació y se crio en una familia católica, lo que provocó en él que tuviera una vida muy activa en la parroquia. “Tuve el deseo de ser sacerdote siendo monaguillo. Acompañaba a nuestros sacerdotes incluso a los pueblos más lejanos”, cuenta.

Precisamente estos viajes con los sacerdotes forjaron su futura vocación.  Largas y de gran dureza, durante aquellas jornadas pudo ser testigo del amor de estas personas consagradas por el prójimo. “Había pueblos -explica-  a los que para poder llegar debíamos cruzar montañas durante horas, a veces nos ocupaba todo el día. En la época de lluvia el sacrificio era mayor ya que al llegar a esos pueblos estábamos totalmente cubiertos de barro. Pero íbamos allí para que pudieran celebrar sus fiestas patronales”.

Don Edgar Ponce, sacerdote filipino realizó su formación sacerdotal en Pamplona

Don Edgar con sus compañeros del seminario en el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa

Sacerdote Filipino Recorrido Pastoral Vidas de Sacerdotes

Don Edgar Ponce celebrando la Santa Misa.

Sacerdote Filipinas Estudiante de Teología en Pamplona

Con sus comañeros del Doctorado en Teología recorriendo la ciudad de Pamplona

Formación sacerdotal en Pamplona

Una vez ya en el seminario, el obispo de Catarmán envió a  Edgar a España para estudiar en el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa gracias a una beca del CARF. Sobre este importante periodo de su vida, el padre Ponce recuerda que Pamplona “es el segundo lugar donde más tiempo he estado después de mi pueblo natal de Catabuig”. En total son siete los años que ha pasado en España: cuatro para el Grado en Sagrada Teología, dos para la Licenciatura en Teología y el primer año de doctorado.

Don Edgar Ponce confiesa que en Pamplona tuvo “la dicha de haber sido guiado por presbíteros del Opus Dei que siempre nos marcaron con su ejemplaridad a la hora de vivir la vocación sacerdotal”. Sin duda, afirma convencido, “los sacerdotes más doctos y ejemplares que he conocido y que tal vez conoceré fueron con los que conviví en España, por eso siempre les estaré agradecido”.

Este religioso filipino explica lo fundamental que ha sido en su ministerio todo lo aprendido durante sus años en España. En su opinión, “una buena formación lo es todo para ser un buen sacerdote. Si éste no lucha por ser un buen ministro del Señor puede causar muchos daños con su ejemplo deficiente”.

Por ello, si la formación no es buena mucha gente bajo la responsabilidad pastoral de este tipo de sacerdotes observará el Evangelio que él proclame como algo teórico más que como una realidad vivida. Sería como dijo Benedicto XVI un Evangelio “performativo”.

Formación desde Filipinas

En estos momentos, don Edgar Ponce tiene una ajetreada vida sacerdotal. Está realizando el doctorado en Sagrada Teología con la Universidad de Navarra pero desde Filipinas, afiliándose a la Universidad de Santo Tomás.

“Ahora intento compaginar el estudio con las labores que mi obispo me ha encargado, que son ya bastantes: secretario personal del obispo diocesano, notario eclesiástico, profesor en el seminario propedéutico a tiempo parcial, archivista diocesano, director de la comisión diocesana del apostolado bíblico y secretario ejecutivo de la comisión diocesana de medios de comunicación”, enumera este joven filipino.

Durante sus años como sacerdote también ha sido profesor en el seminario interdiocesano en Calbayog, donde también fue formador y encargado de la disciplina y del apostolado cotidiano con los seminaristas.

Veranos en USA como predicador misionero

Igualmente, en estos años el padre Ponce ha sido enviado durante los veranos a Estados Unidos como predicador misionero en los programas que promociona la Congregación para la Evangelización de los Pueblos de la Santa Sede para conseguir ayudas económicas para las Iglesias más pobres. “Básicamente, durante la homilía les explicamos a los fieles lo concerniente a las labores pastorales o caritativas que hacemos en mi diócesis y de qué manera pueden ellos colaborar”, cuenta sobre esta misión tan concreta.

D. Edgar Ponce

Quiere agradecer a los benefactores del CARF toda la ayuda recibida durante años para poder formarse. De este modo, les recuerda que “el alcance de su generosidad y la docilidad que muestran a Dios para ser instrumentos para la formación de los sacerdotes repartidos por todo el mundo no tiene forma de calcularse. Cada sacerdote es fruto de ese amor infinito de Dios. Ustedes han sido cooperadores libres para realizar esta efusión de la misericordia divina al mundo. Qué Dios les bendiga y sostenga siempre. ¡Gracias!”.

Labor Pastoral

Sobe su propia condición de sacerdote, don Edgar afirma sentirse “un privilegiado de poder ser un testigo en la relación personal de Dios con los fieles, sobre todo en el fuero interno de mi labor pastoral como es la confesión o la dirección espiritual…”.

En su opinión, “la misericordia del Señor es más palpable en un alma que es sincera en su deseo de querer estar en la gracia del Señor. Además, siendo sacerdote puedo acompañar a mucha gente en sus alegrías y esperanzas, en los dolores de la vida y en sus agradecimientos por las gracias recibidas de Dios. Es gratificante saber que en mis labores pastorales estoy siempre ayudando directa o indirectamente a las familias cristianas”.

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Don Edgar Ponce - sacerdote filipino, estudiante en pamplona, recorrido pastoral

Por otro lado, el padre Edgar Ponce cree que el mayor reto al que se enfrenta siendo un joven sacerdote es la “tensión constante”  de ser “imagen de Cristo para los demás”.

Acerca de sus mejores momentos como sacerdote, este religioso filipino lo tiene claro: “las ocasiones en la que el Señor permite que yo sienta haber sido un instrumento de salvación y santificación de otros. Me siento muy feliz en los bautismos y cuando alguien muere en pez después de haber recibido los sacramentos. Hasta siento un poco de envidia al verlos porque me gustaría morir así, acompañado con ese mismo consuelo del encuentro sacramental con el Señor”.

Pero también el padre Edgar asegura haber vivido malos momentos, sobre todo cuando la confesión no es muy frecuente en él. Por ello, considera “muy acertadas las palabras de un obispo, que les dijo que cuando llega a un lugar nuevo lo primero que hace es buscar un confesor. El sacerdocio se alimenta con ese encuentro constante y personal con la misericordia del Señor”.

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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