Don Jan Lozano

Don Jan Lozano

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Don Jan Lozano está a sus 29 años al frente de la parroquia de la Natividad de María, en el barrio de Rímac, en Lima (Perú). Tiene bajo su responsabilidad una zona donde la pobreza es un problema urgente por lo que a su labor evangelizadora une numerosas iniciativas sociales como comedores parroquiales y ollas comunes.

Comienzo de este Recorrido Pastoral

Este joven peruano fue ordenado sacerdote en 2017 y en estos años ha podido conocer la realidad de la labor sacerdotal en distintos puntos de la enorme Archidiócesis de Lima. Pero en su misión actual como párroco también está pudiendo aplicar todo lo que aprendió en sus años de formación en España, cuando entre 2013 y 2016 estudió en la Universidad de Navarra y se formó en el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa gracias a una beca del CARF.

Don Lozano confiesa que fue en el seno de su familia donde aprendió “a amar a Dios”. Todavía hoy recuerda bonitos detalles que luego han sido muy importantes en su proceso hacia la vocación sacerdotal.

“De pequeño mi abuela me llevaba a los rosarios que ella tenía con sus vecinas, aunque en lo único que yo pensaba era en el bocadillo que repartían al finalizar el rezo. Mi padre, militar de la Fuerza Aérea, siempre nos ha dicho a mí y a mis hermanos que nos ama mucho y que daría la vida por nosotros”, cuenta don Jan.

Y precisamente así –agrega este joven religioso- “es como concibo mi vida como sacerdote, igual a la de un padre que da la vida por sus hijos”. Del mismo modo, de su madre ha aprendido a “amar con cariño en miles de detalles que pueden pasar desapercibidos”.

Sin embargo, al ir creciendo el joven Jan se fue alejando de la práctica religiosa para tocar el bajo en una banda de rock o jugar al fútbol. Buscaba lo que él llama un “camino más libre”.

Recorrido Pastoral del sacerdote Don Jan Lozano de Lima Peru

Don Jan con los niños de la Parroquia de la Natividad de María en Lima

Don Jan Lozano en sus años de formación sacerdotal en Bidasoa

Cuando estaba realizando su formación sacerdotal Don Jan tocaba el bajo en la banda de Bidasoa

Don Jan Lozano sacerdote de Lima, Peru realizando su labor pastoral

Don Jan Lozano mientras realiza su labor pastoral con las familias de la Parroquia

El fruto que puede dar un buen sacerdote

A pesar de sus intentos, este intento de ir por “libre” no le satisfacía ni le hacía sentir mejor. Fue entonces cuando su vida dio un giro. Estaba en Secundaria y un día, cuenta el padre Lozano, «tuve el deseo de buscar al sacerdote de mi parroquia para confesarme pues hacía tiempo que no lo hacía. No me acuerdo bien que me dijo, pero sí que me pidió que lo ayudase en misa”.

Finalmente, un joven Jan acabó esa jornada siendo monaguillo aun sin saber muy bien qué tenía que hacer. “Era ‘simplemente’ un buen sacerdote: alegre, celebraba con cariño y con cuidado la Santa Misa, buscaba a las personas que lo necesitaban a pesar de que las distancias en la parroquia eran muy largas…”, cuenta sobre aquel religioso. Su ejemplo fue fundamental para su vida futura.

A partir de aquel encuentro se fue insertando más y más en la parroquia aunque tenía miedo a dar demasiado a Dios. Aun así, este joven llegó a la clara conclusión de que “lo que realmente salva a las personas de la tristeza y la soledad es un amor compasivo y misericordioso, un amor que tiene su fuente última en Dios, y que es el amor que los sacerdotes experimentan y procuran a los demás”.

Así fue como “sin grandes señales divinas” descubrió su vocación sacerdotal en su familia, en el ejemplo de un buen sacerdote y en la necesidad que las personas tienen de este amor.

Ya en el seminario su obispo le envió a estudiar a Pamplona con la beca del CARF. En Bidasoa Jan asegura haber conocido a sacerdotes alegres y doctos. Recuerda especialmente al ya fallecido Don Juan Antonio Gil Tamayo. “En muchos momentos de mi vida me he preguntado: ‘¿qué haría don Juan Antonio si estuviera en mi situación?’, ‘¿cómo alegraría a esta persona si la tuviera delante?’. Estos sacerdotes son como un reflejo cercano de Jesús”, relata.

El deseo de seguir buscando el Misterio de Dios

Del mismo modo, don Jan confiesa que los conocimientos adquiridos en sus años de formación sacerdotal en Pamplona le han servido enormemente en su vida sacerdotal. Tanto que incluso asegura tener “grabadas en la memoria hasta las anécdotas que nos contaban los sacerdotes de Bidasoa en las charlas de formación”.

Por otro lado, este sacerdote de Lima indica que “la Universidad de Navarra no sólo me ha proporcionado conocimientos teológicos para la labor sacerdotal, sino el deseo de seguir buscando con amor y ciencia el Misterio de Dios encarnado en las demás ramas del saber al servicio de la humanidad”.

Don Jan Lozano se muestra agradecido por los años de formación sacerdotal, un aspecto fundamental para ser sacerdote hoy. “Si un sacerdote no está bien formado, señala, no le bastarán sus buenas intenciones para hacer frente a los desafíos del mundo actual. Hace falta en primer lugar que sea una persona íntegra y equilibrada (con una formación humana, cultural y profesional), con un corazón generoso como el de Cristo, capaz de suscitar un ambiente de familia allí donde se encuentre”.

Pero también es necesaria, a su juicio, “una buena base antropológica para conocer con delicadeza a las personas que se les encomienda. Hace falta la suficiente pericia teológica para que la evangelización sea una respuesta a las preguntas del hombre de hoy”.

D. Jan Lozano

A los benefactores del CARF que tanto bien le hicieron a él y también ahora a otros jóvenes seminaristas y sacerdotes. “Quiero decirles con todas las fuerzas de mi corazón: ¡muchas gracias! No saben todo el bien que realizan a tantas personas en todo el mundo, pues un sacerdote bien formado que ha aprendido a entregarse a Cristo y a su pueblo es un pastor que cambia vidas. ¡Qué el Señor les retribuya su generosidad”

“Seguir dando esperanzas”

Todo lo que ha citado anteriormente lo pone en práctica ahora como párroco de la Natividad de María, en el distrito limeño de Rímac, una zona popular y muy necesitada de la ciudad.

A sus 29 años es un auténtico reto hacer frente a las numerosas necesidades espirituales y sociales de tantas personas, muchas de las cuales son víctimas de la violencia, las drogas y la pobreza extrema.

Ollas comunes y comedores sociales de Don Jan en Lima Pero
Don Jan Sacerdote celebrando la santa misa en Lima Peru

De este modo, el padre Lozano señala que su gran reto “es seguir dando esperanza a las personas en medio de la pandemia. También acompañarlas en el sufrimiento y en sus necesidades básicas, buscar nuevas formas de hacer presente el Evangelio”.

“En la zona en la que vivo –agrega este joven sacerdote- hay que ayudar a las personas que no tienen qué comer, para ello contamos con dos comedores parroquiales y apoyamos ocho ollas comunes, dando alimento gratuito a muchas personas”.

Pero además, otro reto importante es la “urgencia de acompañar a las familias para mejorar sus costumbres y así disminuir la violencia doméstica, el alcohol y las drogas, sobre todo entre los jóvenes”.

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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