Don Juan Pedro Alanís

Don Juan Pedro Alanís

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Don Juan Pedro Alanís tiene a sus 42 años una de las misiones más importantes en la enorme archidiócesis mexicana de Monterrey. Este doctor en Teología por la Universidad de Navarra estuvo tres años en España gracias a una beca del CARF. En estos momentos se dedica a la formación de los futuros sacerdotes como director espiritual y prefecto de Estudios en el curso propedéutico del Seminario de Monterrey, por lo que su discernimiento es fundamental con los jóvenes que sienten la llamada de Dios al sacerdocio.

Llamado a la vocación sacerdotal

Ordenado en 2007, este sacerdote mexicano proviene de una familia católica y aunque sus padres no iban a misa explica que su madre le enseñó “las primeras oraciones y estando embarazada me consagró a la Virgen María. Siempre se preocuparon de que recibiera los sacramentos de iniciación”.

En la Iglesia encontró el lugar que le hacía feliz y a los 13 años ya era catequista de los niños más pequeños de su parroquia, a la que le encantaba ir a rezar el Rosario.

Precisamente, esta llamada al sacerdocio le fue naciendo en esta parroquia. “Surgió del trato con los seminaristas que venían los sábados. Me parecía que llevaban una vida feliz y plena, y me invitaron a un proceso vocacional e hice muchos retiros”, explica.

El padre Juan Pedro señala una “experiencia” que le marcó “profundamente”: ir de misiones a una comunidad rural. Allí -asegura- “me di cuenta de que las personas estaban sedientas de escuchar la Palabra de Dios, pero el sacerdote los visitaba muy poco porque tenía que atender 20 comunidades. En ese momento me cuestioné por qué no había más sacerdotes para evangelizar a estas personas. Después de un tiempo el Señor me puso en el corazón la pregunta ‘¿podría ser yo?’”.

Así fue como dijo sí a Dios, acabó ingresando en el seminario y siendo ordenado sacerdote. Fue entonces cuando llegó a Pamplona gracias a una beca del CARF y sus benefactores para obtener el doctorado en Teología.

Sacerdote de mejico con sus compañeros de la universidad de navarraen su curso de formacion sacerdotal

En la actualidad es director espiritual y prefecto de estudios del curso propedéutico del Seminario de Monterrey.

Sacerdote mejicano Juan Pedro Alanis con el antiguo rector de la Universidad de Navarra Juan Carlos Arcq durante su curso de formacion sacerdotal

D. Juan Pedro con el antiguo rector Juan Carlos Arcq, después nombrado obispo.

Investidura del sacerdote de mejico juan pedro alanis en la universidad de navarra

Investidura de su Doctorado en la Universidad de Navarra, en Pamplona.

La productiva experiencia en Navarra

De aquellos años de formación sacerdotal en España, don Juan Pedro asegura que conoció “algunos maestros sacerdotes estupendos, llenos de sabiduría, amor de Dios y trato entrañable. Tuve también la oportunidad de convivir con sacerdotes de muchos países; sin duda, esto me ayudó a tener una visión más amplia de la Iglesia.

Pasé muchas horas en la biblioteca, estudiando y meditando los Misterios de nuestra fe; ha sido una oportunidad única en mi vida. El campus también me ofreció la oportunidad de orar; uno de mis lugares favoritos es la Ermita de la Madre del Amor Hermoso”.

Su desempeño sacerdotal está muy influenciado por su experiencia en Navarra, pues es ahora él quien forma a las futuras generaciones de sacerdotes. Y tiene clarísimo que una sólida formación es una garantía. “Soy profesor ordinario en el seminario. He impartido diversas asignaturas de dogmática a los seminaristas: Cristología, Trinidad, Sacramentos, etc. Además, llevo varios años siendo Censor eclesiástico, es decir, revisamos los libros para dictaminar si es conveniente que el obispo otorgue el nihil obstat. Constato, además, que los fieles de las parroquias se benefician de homilías mejor fundamentadas o recibir consejos más pertinentes en la confesión”, explica sobre este asunto.

Es más, el padre Alanis considera clave esta buena formación sacerdotal para que el sacerdote pueda afrontar los desafíos del mundo de hoy. En su opinión, “la sociedad actual nos presenta retos pastorales enormes, por ejemplo, cómo responder a los que sostienen el relativismo moral o la ideología de género. Los valores del reino, sin duda, son contraculturales; se necesitan sacerdotes santos que tengan también una formación intelectual que les permita instruir a los fieles”.

Una gran responsabilidad en el Seminario

En la actualidad, don Juan Pedro tiene una gran responsabilidad pastoral como director espiritual y prefecto de estudios del curso propedéutico del seminario. “En esta etapa –explica este sacerdote- tenemos a los jóvenes en sus dos primeros años antes de estudiar Filosofía. Tenemos un itinerario espiritual y académico para ir introduciéndolos en la experiencia de la oración y conocer los elementos fundamentales de la fe y de la cultura. Son 29 jóvenes los que hay en esta etapa, y soy confesor ordinario y les entrevisto en dirección espiritual”. Pero además, como responsable de estudios es el encargado de organizar el calendario de clases, estar en contacto con los profesores, etc.

Su día a día es agotador, comienza a las 5.30 y termina a las 22.30. Don Alanis acompaña a los seminaristas en sus momentos de oración (laudes, lectura espiritual, Misa, Hora Santa, rosario, vísperas, completas) y además les imparte las asignaturas de Griego y Metodología de la Investigación mientras que a los que estudian Teología les da otra asignatura, Sacramentos de curación: reconciliación y unción de los enfermos.

Lo que más me gusta es confesar; es magnífico ver como Dios concede la gracia de la conversión. Lo más complicado, quizá, es tratar que todos vayan creciendo a cierto ritmo; hay jóvenes muy capaces y algunos que parece que van más lento. Le pido a Dios que me ayude a tomar en cuenta las necesidades de todos”, añade sobre su labor pastoral actual.

D. Juan Pedro Alanís

“Estoy convencido de que los benefactores son siempre cristianos que aman a Dios y a los sacerdotes; nos ayudan porque desean que la labor evangelizadora se extienda cada vez a más personas. Sólo quiero motivarlos, como lo hacía el apóstol, para que no se cansen de hacer el bien, pues Dios siempre concede que se coseche un fruto”.

“En estos tiempos de pandemia se reducen los donativos al seminario, sea por la economía debilitada de los benefactores, o bien, porque la colecta que habitualmente se realiza en las parroquias no podrá contar con la presencia física de los seminaristas. La ayuda a cualquier seminario de Hispanoamérica mitigará la crisis que vendrá”.

Una experiencia que crece día a día

Desde que fuera ordenado en 2007, don Juan Pedro ha podido conocer distintas realidades. Él mismo explica que ha estado en cuatro parroquias: “la primera fue una basílica dedicada a nuestra Señora de Guadalupe. Los domingos celebraba 4 misas y confesaba 4 horas; trabajé con los grupos de jóvenes y de matrimonios. La segunda y la tercera parroquia se ubicaban en una zona de gran crecimiento urbano en Monterrey. En una de ellas teníamos alrededor de 100 grupos apostólicos y asistían unas 7.000 personas a misa dominical. La cuarta parroquia se ubicaba en la periferia de la ciudad y había muchas personas que venían de comunidades rurales del centro de México”.

A pesar de vivir en una sociedad cada vez más hostil y secularizada este sacerdote confiesa sentirse “bendecido con la amistad de buenos sacerdotes, lo que me ha ayudado a mantener clara mi identidad sacerdotal”.

Sacerdote Mejicano Juan Pedro Alanis durante su formación sacerdotal en la facultad de Teologia en la Universidad de Navarra
Juan Pedro, sacerdote Mejicano durante su epoca de formación sacerdotal en pamplona

“El remedio al secularismo es el ‘apostolado de la amistad’, como lo llamaba San Josemaría; un amigo que ama a Dios atrae muchas almas a Cristo”, añade don Juan Pedro.

Por otro lado, si tiene que elegir su mejor y peor momento como sacerdote también lo tiene bastante claro. Él lo ve así: “mis mejores momentos se dan cuando veo a un cristiano recibir con fervor la Eucaristía o cuando se conmueve al recibir la absolución. Por otro lado, me ha tocado encontrarme con gente grosera o que desprecia a la Iglesia y a los sacerdotes; pero he pensado ¿qué soldado es ese que no carga ninguna herida de guerra? San Agustín escribió que así como los soldados romanos llevaban la marca del Senado, así el sacerdote , que ha sido marcado con el Espíritu Santo en la ordenación, lleva la marca de su general: Cristo”.

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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