Don Luis Acuña

Don Luis Acuña

4 min
Por Javier Lozano
Sacerdote de El Salvador estudió en Bidasoa, gracias a CARF y sus benefactores. Luego regresó a su país natal. Lee su historia aquí.

Javier Lozano

Una vida acompañando a los mas necesitados.

Han pasado ya más de tres años desde que el padre Luis Acuña fuera ordenado sacerdote. Aunque joven, a sus 33 años ya tiene un importante bagaje en su ministerio como párroco de San José de la Montaña, en San Salvador, donde se enfrenta a una realidad de pobreza, sufrimiento y también de descristianización.

Como párroco, el padre Acuña asegura que su mayor reto en este momento es el de “acompañar a tantos hermanos nuestros que experimenta la soledad y la pobreza”. En estos años ha visto que el ambiente que se respira hace más difícil encontrarse a Dios debido a “tantas distracciones donde lo más fácil es pasar de largo”.

Recorridos pastorales Sacerdote en el Salvador

El padre Luis Acuña, en España con otros seminaristas del Colegio Internacional Bidasoa.

Recorridos pastorales Sacerdote en el Salvador

Ordenación diaconal en la parroquia de San Nicolás. La ceremonia estuvo presidida por el entonces obispo de Calahora-Logroño-La Calzada, monseñor Escribano, ahora arzobispo de Zaratoza

Navidad en el salvador-recorridos pastorales

El padre Acuña, ya como sacerdote en El Salvador durante una celebración navideña.

Su labor en la escuela parroquial

Precisamente, la escuela parroquial es una de las niñas de sus ojos. Se mantiene gracias a las donaciones y ayudas de benefactores. Con ella pretende justamente que los niños y jóvenes no pasen de largo y puedan encontrar la felicidad en Dios y en su Iglesia.

La realidad pastoral con la que se encuentra cada día en el barrio de la capital salvadoreña se caracteriza por lo “complicado que está siendo acompañar a los jóvenes, cada vez más expuestos a numerosos males y situaciones complicadas, lo que les hace volverse más reacios al Evangelio”. Este joven sacerdote recuerda que muchos de ellos pese a su corta edad ya “llevan consigo muchas heridas en su corazón”.

Su Formación

Luis Acuña se formó en el Seminario Internacional de Bidasoa entre 2012 y 2017 gracias a una beca del CARF. Fue ordenado diácono en Pamplona y meses después ya sacerdote en su país. Él mismo confiesa la importancia que ha tenido para él su formación en España y lo importante que está siendo en su actual desempeño sacerdotal.

Este tiempo le ha dado unos pilares que le ayudan a mantenerse firme en mitad de la tormenta. Este joven sacerdote afirma que “Pamplona me cambió la manera de ver la Iglesia y vivir mi fe”.

La internacionalidad del Colegio Bidasoa, con compañeros de decenas de nacionalidades “me enseñó –agrega el padre Acuña- a no enfrascarme en mi modo de vivir la fe y no buscar encasillar a los demás en mis esquemas”. Allí también aprendió que “hay muchas formas de buscar y adorar a Dios”.

D. Luis Acuña

“Yo creo que ahora estoy cosechando, entre otras cosas, lo que pude sembrar en los momentos de oración del seminario. A veces desearía haber sembrado más. De las clases de la universidad me acuerdo a diario pues tuve muy buenos profesores. Varias partes de mi predicación son recuerdos de las clases de la universidad. Mis profesores fueron personas dedicadas a la educación y la investigación que contagiaban el gusto por encontrarse a Dios entre los libros” recuerda don Luis sobre su estancia en España.

En Bidasoa

De este tiempo quiso destacar también a sus formadores, “sacerdotes a los que espero algún dúa alcanzar en virtud”. De ellos asegura que fueron “verdaderos padres” que le ayudaron a “esforzarme en cada aspecto de mi vida”.

Tras más de tres años pudiendo aplicar como sacerdote aquello que aprendió en España, Luis  Acuña tiene clarísima la importancia de una buena y recta formación para afrontar las numerosas dificultades que se presentan en su vida.

“Recuerdo una frase de mis formadores del seminario: ‘así como seas de seminarista, serás de cura’. San Juan Bosco enseñaba también que los hábitos que uno adquiere en la juventud se marcan más en la adultez. Esto no significa que alguien no pueda cambiar, no hay que ser tan pesimistas, pero se hará cada vez más complicado”, explica el párroco de San José de la Montaña de San Salvador.  

El padre Acuña cree que “los años de seminario son como los primeros momentos de un noviazgo, es el momento para ilusionarse y para concretizar una respuesta a Dios. Por eso es necesario tener una muy buena formación, pues de esos momentos de estudio, oración y convivencia se vive en los momentos de dificultad”.

Sacerdote y Párroco

A su vez, este joven párroco reconoce que una de las cosas que más le desanima y entristece es cuando otro sacerdote deja el ministerio, una situación de que asegura que no se habla mucho pero que cada vez es más frecuente.

Ante estas situaciones, asegura que a él le ayuda “recordar algunas palabras del Papa Francisco cuando hace referencia al ‘martalismo’. Trabajo siempre tendremos, y mucho, los sacerdotes, pero pienso que Dios estará más feliz con mi fidelidad que con otra cosa que intente darle”.

Echando la vista atrás, pensaba que en realidad la vida sacerdotal iba a ser diferente. Confiesa que al “al ver a muchos sacerdotes y las cosas que hacían pensaba que de esto trataba, de hacer y hacer, pero ahora me doy cuenta de que es más bien dejar hacer. Dios habla y va marcando el camino, y lo que debo hacer es seguirlo”.

En este seguimiento de Jesús, los mejores momentos que ha vivido como sacerdote son aquellos de los que precisamente no puede contar nada, la confesión con muchas de las personas que ha acudido a él.

Pero además en su corta vida sacerdotal asegura sentirse orgulloso de haber podido ayudar en la causa de canonización de un mártir de mi país. “Me permitió conocer más la vida y el ejemplo de un sacerdote que vivió tiempos difíciles y supo responder incluso con su vida”, explica al CARF.

Pero también ha experimentado sinsabores en estos años, sobre todo –asegura- “cuando me doy cuenta que estoy haciendo lo que yo quiero y no lo que Dios me pide”.

Su vocación

Este sacerdote ha experimentado que la conversión es una lucha diaria, como lo fue su llamada al sacerdocio. Luis Acuña creció en una familia católica pero no iba a misa de manera frecuente. La prioridad de sus padres no era transmitirle la fe sino que aprendiera idiomas y estuviera ocupado los fines de semana.

Fue en el último de curso del colegio cuando un amigo le invitó a que le acompañara a una actividad. Se trataba de una reunión de un grupo parroquial. “En aquel momento ni me disgustó ni me fascinó. Comencé a asistir a un grupo de jóvenes, luego hice un retiro de fin de semana y la cosa cambió para mí”, cuenta.

En su interior sentía una llamada de Dios, pero decidió obviarla e inició la universidad. Ya en el último año de Ingeniería Industrial empezó también a trabajar. Fue en ese momento cuando se preguntó: “¿esto es todo?”. Y llegó a la conclusión de que tenía que “haber más”. Así que finalmente acudió a ver a su párroco. Acabó viendo clara su vocación, aunque sus padres no lo aceptaron de buen grado porque le quedaba poco tiempo para acabar la universidad. Pero una vez licenciado, el Seminario le esperaba, después Pamplona y ya como sacerdote su parroquia de San José de la Montaña.

Su mensaje para los benefactores del CARF

Para acabar, el padre Acuña tiene un mensaje para todos los benefactores del CARF, de los que dice que “no se imaginan el bien que logran con su ayuda. Los sacerdotes hoy más que nunca necesitamos de su oración y de su cercanía. Vivimos en un mundo cada vez más amigo de lo perfecto y menos amigo del perdón, y esto nos está creando más divisiones. El panorama no pinta bien, pero no debemos desesperar porque ya sabemos cómo va a acabar todo. Cristo vencerá, pero necesitamos echarnos una mano unos a otros mientras esta victoria se hace definitiva”. 

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

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