Don Miguel Granados

Don Miguel Granados

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Miguel Granados, que completó sus años de seminario en Pamplona, ha cumplido 30 años de sacerdote durante el Estado de alarma: «Lo he celebrado con mi madre, que está muy enferma, y he ido a celebrar la Eucaristía todos los días a su casa»

La labor de Don Miguel en Madrid

Miguel Granados acaba de cumplir 30 años de sacerdote y lo ha conmemorado, como no podía ser de otra manera, celebrando Misa. Pero Miguel ha cumplido las tres décadas desde su ordenación durante el Estado de alarma y el confinamiento nacional y esta Misa, como todas las anteriores, tuvo que celebrarla sin fieles. Bueno, en realidad había un asistente, su madre, «que está muy enferma. He estado yendo a celebrar la Eucaristía todos los días a su casa, así que lo festejé con ella».

La segunda Misa que se celebró con motivo de su cumpleaños sacerdotal fue retransmitida por internet y en ella «participó mucha gente de la parroquia en la que estoy actualmente –Santa María Magdalena, de Madrid–, también de mi parroquia anterior -Espíritu Santo y Nuestra Señora de la Araucana– y de los diversos grupos que atiendo, desde Cursillos de cristiandad, hasta Efetá, pasando por Hakuna o los carismáticos». También «tuvimos una videoconferencia en Zoom en la que participaron más de 70 personas», explica.

A pesar de no poder celebrar la Misa con los fieles hasta hace poco, Granados no ha cerrado ningún día la parroquia durante la pandemia. «Hemos estado abiertos siempre y algunos entraban a rezar, otros a confesarse o a recibir la comunión. Hemos dado la comunión 5 o 6 veces al día», asegura. Tampoco ha faltado la solidaridad, que ante una crisis económica de tal calado se ha materializado en la entrega de comida a las familias: «Nos acaban de llegar dos camiones de Cáritas y estamos dando bolsas de comida a unas 100 familias aproximadamente».

Don Miguel Granados celebrando la Santa Misa

Don Miguel Granados en Roma con el Papa Francisco

Don Miguel Granados con su Madre

Un mes, y al seminario

Pero si Miguel Granados está celebrando ahora sus 30 años de sacerdote, cuando nunca se había planteado la posibilidad de ser cura, fue por Antonio Sánchez Caro, «que ahora está de párroco en el Prado de Somosaguas y que entonces estaba de capellán en el Ramiro de Maeztu». El 9 de septiembre de 1983, después de una tertuliar en el colegio Retamar con Álvaro del Portillo, «me propuso el tema vocacional. Ese mismo mes me fui al seminario a Pamplona». Entonces, Granados dejó su ciudad, la carrera e incluso la novia.

Llegó al Ciclo Institucional de la Universidad de Navarra cuando este comenzaba su tercer año de existencia. Pura historia. De hecho, el Colegio Internacional Bidasoa todavía no existía y «yo me tuve que ir a vivir a una residencia que se llamaba Albaizar», situada en la plaza de los castaños. «Allí vivíamos unos 30 chicos de todas las condiciones y países posibles junto a seis sacerdotes». Dos años después, «abrieron una segunda residencia –Echalar– en la calle Miguel Astráin y allí nos fuimos a vivir otros tantos seminaristas».

D. Miguel Granados

«Aquellos años los recuerdo como años maravillosos, de formación, de convivencia, se nos daba una doctrina estupenda, había un ambiente de estudio fantástico, se hacía deporte, brillaba el compañerismo…».

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de D. Miguel, y da la oportunidad de colaborar con las labores sociales que se realizan en la parroquia Santa María Magdalena, de Madrid.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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