Don Paulo Vita

Don Paulo Vita

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Don Paulo Vita es un joven sacerdote de la Archidiócesis de Río de Janeiro, la más importante de Brasil, y repleta de peligros y retos a los que enfrentarse. Como párroco de la periferia de esta enorme urbe debe afrontar cada día el problema de la violencia, la droga y la delincuencia que azotan el barrio en el que se encuentra su parroquia de Nuestra Señora de la Luz, una de las zonas más pobres de toda la diócesis.

Un párroco en las periferias de Río de Janeiro

Paulo no creció en un hogar religioso. Aunque como casi todos los niños de su edad recibió el bautismo, en su casa sus padres no eran practicantes. Precisamente su abuela era evangélica y fue quien le habló de Dios al que años más tarde sería sacerdote católico. “Tengo buenos recuerdos de mi abuela, que aunque protestante solía rezar el Rosario y tenía un gran amor por la Virgen Santísima”, cuenta este brasileño de 34 años.

Su vocación al sacerdocio está ligada a su interés por buscar y conocer, y eso suplió la falta de fe de su familia. Al estar muy cerca de su casa estudió en un colegio católico, situado junto a una parroquia. Don Paulo todavía recuerda que “hubo un día que escuché la campana de la iglesia y pensé: ‘tengo 14 años y aún no tengo religión, aunque creo en Jesucristo’”. Y así fue como decidió acercarse al catolicismo.

“La semana siguiente empecé a asistir a las misas dominicales, me apunté a la catequesis de jóvenes pues no tenía ni la primera comunión, y cuando llegó la fecha de la comunión y de la confirmación sentí en mi corazón que quería mucho más. Así que después de una charla con mi párroco sobre este deseo de estar más cerca de las cosas del Señor acudí al grupo vocacional de la diócesis”, relata el padre Paulo Vita.

Formación Sacerdotal- Sacerdote Paulo Vita-Parroquia de Rio de Janeiro Brasil - Con Cardenal Tempesta Arzobispo de Rio de Janeiro

Don Paulo Vita en la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz con el  Cardenal Tempesta Arzobispo de Rio de Janeiro

Recorrido Pastoral - Sacerdote don Paulo Vita catequista de la parroquia de Rio de Janeiro

Don Paulo con algunos de sus alumnos de catequesis en la vicaria de Rio

Celebrando la fiesta de Corpus Christi en la parroquia de Rio de Janeiro en el pueblo de Rocha

Su formación Sacerdotal “Bidasoa cambió mi vida”

Una vez ya en el seminario su arzobispo decidió enviarle a Pamplona al Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa gracias a una beca del CARF. En Navarra estudió entre los años 2010 y 2014 y allí mismo fue ordenado diácono.

Su experiencia en España –afirma este sacerdote brasileño- la puede definir en una sola frase: “¡Fueron los mejores años de mi formación!”. En su experiencia, “Bidasoa es mucho más que una casa de formación, es una familia. La facultad, los profesores, los formadores, los colegas seminaristas… tengo una verdadera nostalgia de todo y de todos, fueron como ya he dicho los mejores años de mi formación sacerdotal”.

Don Paulo asegura que tiene una “gratitud eterna” por todo lo recibido en Bidasoa y en la Universidad de Navarra pues cree que “el sacerdote que soy es gracias a la formación que recibí en España”.

Estos frutos los ve en cosas concretas. Según explica, esta recta formación se ve reflejada “en las misas, en las homilías, en la manera de trabajar con las personas”. “Nuestra formación en Pamplona –añade el padre Vita- hace de nosotros sacerdotes con un verdadero amor por Dios, por la Iglesia y por el pueblo de Dios”.

Además, este sacerdote brasilero considera que “nuestra formación teológica se traduce en una labor más cercana a la gente, se traduce en amor por el pueblo y por las cosas de Dios. Creo que la formación en Pamplona fue un punto que cambió mi vida”.

Párroco en las periferias de Río de Janeiro

En estos seis años como sacerdote ha ejercido como vicario en dos parroquias y desde 2017 es párroco de Nuestra Señora de la Luz en el barrio de Rocha, en la periferia de Río de Janeiro. Además es el responsable de catequesis de toda su vicaría.

La realidad del barrio no es sencilla, tampoco la de todo Río de Janeiro. “Vivimos rehenes de la violencia, de los narcos. En los últimos años nuestra parroquia ha sufrido dos robos y no podemos dejar la iglesia abierta pues los trabajadores tienen miedo”, confiesa el párroco.

Según cuenta, ser sacerdote en Río de Janeiro es un gran desafío: “Cada zona de Río es como si fuera una ciudad distinta con una realidad que cambia muchísimo, y por ello cada parroquia tiene una pastoral muy diferente y personalizada para la realidad que vive. La violencia es una gran dificultad para nosotros, las favelas están en casi todos los territorios y la evangelización es muy complicada en estos sitios, pero como dicen por aquí ‘la calma del mar no hace buen marinero’, así que creo que todas estas dificultades son un incentivo para nuestra labor sacerdotal”.

Don Paulo Vita se siente afortunado y preguntado por su mejor momento como sacerdote él contesta que el mismo hecho de serlo ya “es la alegría y razón de mi vida, lo que me hace feliz todos los días”. Aunque sí reconoce momentos difíciles, especialmente con la pandemia y la obligación de cerrar el templo, celebrar la Semana Santa sin fieles y ver morir a personas en los hospitales sin la presencia del sacerdote.

D. Paulo Vita

“Soy sacerdote gracias a la generosidad de los benefactores del CARF. Muchas gracias por el amor a la Iglesia y a los sacerdotes, ustedes son nuestros Ángeles Custodios que hacen posible que muchas personas lleguen al cielo por las manos de sacerdotes que son ayudados por el CARF. ¡Muchas gracias!”.

“Ser señal de Dios en las calles”

De este modo, don Paulo afirma convencido que “es buenísimo ser una señal de Dios en la vida de estas personas y en las calles de esta ciudad. Soy un sacerdote que vive en plenitud la gracia que Dios me regaló, utilizo todos los días la sotana, no salgo a la calle sin ella, celebro con piedad y esto es algo bueno pues las personas necesitan ver la presencia de Dios y saber que la Iglesia está presente, también en las dificultades de la vida”.

Su día a día se ha visto claramente alterado desde la llegada del coronavirus, pero aún así intenta mantener la mayor normalidad posible. Sigue celebrando misa a diario, confesando y realizando dirección espiritual, también mantiene la Adoración al Santísimo. “Es gratificante  estar a diario con las personas, preparar todos los días la homilía, visitar a los enfermos en casa y en los hospitales…”

don Paulo cuenta que en su parroquia ayudan a 150 familias con alimentos. Sacerdote brasilero formación sacerdotal en pamplona
Recorrido Pastoral de Sacerdote brasilero formado en Pamplona en la Parroquia de Nuestra señora de la Luz en Rio de Janeiro

Los “ángeles custodios” del CARF

Ahora tampoco le faltan proyectos para los que la ayuda es necesaria. De hecho, don Paulo cuenta que en su parroquia ayudan a 150 familias con alimentos. Pero además, “ayudamos a las personas que viven en las calles, adictos y personas sin familia. Iniciamos un proyecto de la construcción de unos baños para las personas de la calle, donde puedan ducharse, cambiarse de ropa y volver a tener un poco de dignidad pero con la pandemia ya no tenemos dinero para completar este proyecto, pues sería una bendición”.

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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