Entrevista a monseñor Damian Bryl

Entrevista a monseñor Damian Bryl

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Tiene 51 años y el Papa Francisco le ha encargado una complicada tarea como obispo de Kalisz, en Polonia. Se trata de monseñor Damian Bryl, hasta hace pocos meses auxiliar de Poznan y desde marzo de este 2021 ya al mando de una joven diócesis con más de 700.000 católicos pero que el pasado año sufrió un duro escándalo por los casos de abusos a menores.

El reto encomendado por el Papa es grande, pero en Roma le han visto sobradamente preparado para esta misión. Como buen polaco, monseñor Bryl encarna la fortaleza y la espiritualidad que ha aportado a lo largo de los siglos la Iglesia en Polonia, tierra de San Juan Pablo II.

Precisamente, el nuevo obispo de Kalisz no es sólo un hijo espiritual de las enseñanzas del Papa polaco sino que es un gran experto de su obra y su legado.

Sus años en Pamplona

Entre 1996 y 1999, gracias a una beca del CARF, vivió en Pamplona donde se doctoró por la Universidad de Navarra con su tesis «Índole secular»  en la vida espiritual de los laicos en la enseñanza de Juan Pablo II (1978-1998).

Sus años en España –confiesa monseñor Damian Bryl- fueron “muy fructíferos” pues le permitieron “crecer espiritual e intelectualmente”. Pero los conocimientos que adquirió en su paso por la Universidad de Navarra han sido además “una importante inspiración y ayuda” en su actual ministerio pastoral.

En una entrevista con el Centro Académico Romano Fundación (CARF)  este obispo formado durante un tiempo en España nos habla de los retos pastorales a los que se enfrenta, pero también de la ferviente fe de su nación y la lucha en defensa por la vida y la familia que abandera Polonia. Pero como no podía ser de otro modo monseñor Bryl profundiza sobre la influencia de San Juan Pablo II en su vida y su feliz paso por Pamplona.

Damian Bryl Toma de posesión en Kalisz, Polonia como obispo. Recorrido postoral. Beca CARF

Don Damián Bryl toma de posesión como obispo en Kalisz, Polonia.

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Cuando asumió su cargo de obispo de Kalisz.

˗ Recientemente ha sido nombrado obispo de Kalisz, donde acaba de tomar posesión. ¿Cómo afronta este nuevo encargo que le ha hecho el Papa Francisco?

-En 2013, el Santo Padre me nombró obispo auxiliar de la Archidiócesis de Poznan, donde nací, me formé para el sacerdocio y donde serví pastoralmente en el trabajo parroquial y finalmente como padre espiritual del Seminario arzobispal de Poznan. Durante casi 8 años tuve la oportunidad de servir como obispo auxiliar junto al arzobispo Stanisław Gądecki, metropolitano de Poznan, y en colaboración con los otros obispos auxiliares de la Archidiócesis.

Agradezco mucho este tiempo que Dios me ha dado. También agradezco a Dios la gracia de la fraterna cooperación episcopal, gracias a la cual pude aprender mucho. Debo confesar, sin embargo, que si bien me habían encomendado importantes tareas como obispo auxiliar, la misión de un obispo diocesano implica un tipo diferente de responsabilidad. Con esto en mente, agradezco al Santo Padre la confianza que ha depositado en mí al confiarme la diócesis de Kalisz.

-¿Nos puede hablar un poco de su nueva diócesis?

-La Diócesis de Kalisz es una diócesis joven, creada por el Papa Juan Pablo II en 1992, pero en casi 30 años, gracias al compromiso de sus obispos, sacerdotes y fieles, ha logrado desarrollar su propio perfil y estilo pastoral. Una gran bendición para la diócesis de Kalisz es su santo patrón, San José, que ha recibido una veneración especial en el santuario de Kalisz durante más de cuatro siglos.

˗ ¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta en estos momentos?

-La Diócesis de Kalisz vivió un momento difícil el año pasado debido al escándalo de los abusos de menores por parte del clero. Es un capítulo muy doloroso en la historia de nuestra diócesis que ha salido a la luz recientemente. Confío en que esto sea una gracia de Dios, porque enfrentarse a problemas difíciles ofrece la oportunidad de reparar y ayudar a las víctimas y hacer justicia a los responsables, para que la verdad y la misericordia puedan triunfar sobre este terrible pecado y gran daño humano.

Confío en que las acciones que hemos tomado a este respecto, que están en total consonancia con las indicaciones de la Santa Sede y las decisiones de la Conferencia Episcopal de Polonia, ayudarán a encontrar la paz, en primer lugar, para las víctimas de abusos, pero también para la Iglesia, cuyo esplendor evangélico ha sido algo ensombrecido por el clero que cometió estos actos indignos y vergonzosos. También espero que el clero que en el pasado ha actuado tan indignamente vea en los juicios dictados por la justicia estatal y eclesiástica al mismo Dios que los llama al arrepentimiento y a la conversión, y así puedan salvarse.

Reparar la injusticia de los abusos a menores es el asunto más urgente del momento presente, pero por supuesto no es el único desafío que, con la ayuda de Dios, queremos afrontar. La primera y fundamental tarea de la Iglesia, incluida la Iglesia de Kalisz, es permanecer en el amor de Cristo (cf. Jn 15, 9) e invitar a otros a descubrir al Salvador en Cristo, es decir, la evangelización. Esta es la tarea más importante de la Iglesia.

– Desde su propia experiencia primero como obispo auxiliar, y ahora ya como titular de una diócesis, ¿cuáles deben ser las prioridades de un pastor en este siglo XXI y en un Occidente ya postcristiano?

-En respuesta a esta pregunta recuerdo las palabras de San Juan Pablo II que dejó a la Iglesia universal: “no se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz. Este programa de siempre es el nuestro para el tercer milenio”. (Novo millenio ineunte 29).

– Pero, ¿cómo llevar este gran mensaje a su diócesis?

– En línea con San Juan Pablo II este programa es nuestra propuesta para la Diócesis de Kalisz. Intentamos adaptarlo a las condiciones de la Iglesia de Kalisz. En mi homilía durante la Misa de inauguración de mi ministerio en la diócesis de Kalisz, establecí cinco prioridades:

  1. Profundizar, es decir, dar prioridad a la contemplación de Jesucristo sobre la acción, comprometerse con más fervor en la oración para que Cristo sea el primero en el pensamiento y en la acción.
  2. Fidelidad a Cristo y su Evangelio en todos los sentidos.
  3. Una cultura del encuentro que consiste en ver a la persona como es, saber esperar a que el otro esté dispuesto a abrirse para entrar en diálogo.
  4. Ser rico en misericordia, porque la misericordia en la acción da poder a la misericordia en la palabra.
  5. Una comunidad en movimiento que se atreva a salir de los caminos trillados, a menudo cómodos, para aventurarse en las periferias desconocidas de la existencia humana que esperan a los heraldos del Evangelio.

Usted es obispo en Polonia, un país que sigue resistiendo a la ola de secularización que afecta gravemente al resto de Europa. ¿Por qué en su país es diferente?

-Aunque los indicadores de religiosidad en Polonia se mantienen en un nivel más alto que en Europa Occidental no estamos muy contentos. Estudios recientes han señalado un aumento de las tendencias de secularización en las generaciones más jóvenes, lo que es motivo de preocupación. Además, la pandemia ha reducido en gran medida la oportunidad de practicar la fe a través de la participación en la Eucaristía o en la vida parroquial. Me temo que algunos de los fieles, después de la eliminación de todas las restricciones sanitarias, que en sí han sido necesarias, no volverán a la Iglesia.

Quiero señalar un contexto más que vale la pena conocer si pensamos en el nivel de religiosidad de Polonia. En otoño fuimos testigos de graves disturbios sociales de naturaleza principalmente antigubernamental, cuyas causas han sido muy variadas. Lo que es significativo, sin embargo, es que fueron utilizados y dirigidos descaradamente por fuerzas anticatólicas y antirreligiosas que están presentes en Polonia y que son influyentes en el país. La ciudadanía en general estaba consternada por esto, tanto que pronto cesaron las provocaciones antirreligiosas. Sin embargo, lo menciono para que la gente sea consciente de que en todos los países hay movimientos de diversa índole, incluida Polonia, que pueden esperar pacientemente para así aprovechar su oportunidad de provocar, insultar y ridiculizar a la Iglesia y la religión.

Damian Bryl Toma de posesión en Kalisz, Polonia como obispo. Recorrido pastoral. Beca CARF. Alcalde

Damian Bryl con el Alcalde de Kalisz.

 

Pero, ¿por qué la religiosidad de los polacos sigue siendo tan alta?

-Creo que el mayor nivel de religiosidad entre los polacos se puede explicar por varias razones. En primer lugar, es la gracia de Dios que el pueblo polaco no ha merecido, aunque hay que reconocer que ha colaborado con ella más de una vez. En nuestra historia polaca tenemos hermosos ejemplos de períodos en los que sentimos la guía de Dios de manera particularmente intensa.

Me gustaría mencionar varios: la decisión de Mieszko I, el gobernante polaco, de bautizar Polonia en 966, el glorioso martirio de San Adalberto y San Estanislao, la renovación religiosa y política bajo Kazimierz el Restaurador quien contribuyó a la completa cristianización de Polonia con la contribución significativa de la Orden Benedictina. También el reinado de Santa Jadwiga, que propició la cristianización de Lituania, las dramáticas circunstancias de los votos de L’viv de 1656 del rey Jan Kazimierz que colocó a toda la nación bajo el reinado de la Santísima Virgen María. Finalmente el difícil momento de los 123 años de ocupaciones durante los cuales la Iglesia fue el único espacio público donde pudimos nutrir libremente la cultura nacional. Y así hasta el siglo XX, marcado por la gracia del primado cardenal Stefan Wyszyński y el pontificado de Juan Pablo II.

-La fe parece haber acompañado a su pueblo…

– Desde el punto de vista sociológico la religiosidad de los polacos ha estado influida por el destino común de la Iglesia y la nación. En su historia, la nación polaca ha tenido períodos de gran esplendor, pero también de amenaza para su existencia. La Iglesia Católica compartió destino con la nación en su miseria y angustia. Yo diría que quizás más en períodos difíciles. Permítanme mencionar el momento de los 123 años de ocupaciones, cuando perdimos nuestra propia condición de Estado como resultado de la agresión de Rusia, Prusia y Austria. En ese momento, la Iglesia Católica era la única institución que resistió y luchó por la independencia, y pudo mantener esa independencia apoyándose en la Santa Sede. Es por eso que la nación polaca sintió que la Iglesia no era una agencia de potencias extranjeras. Lo mismo sucedió durante las guerras mundiales o el régimen comunista. Así, el destino común en la desgracia unió a la nación polaca y la Iglesia Católica, lo que tiene una influencia considerable en la forma actual de la religiosidad polaca.

-¿Hay algo más?

– Entre los factores que consolidan la religiosidad de los polacos también mencionaría la familia. Los polacos son una nación familiar, pero de una manera específicamente polaca. Debido a lo sucedido en los dos últimos siglos los polacos han desarrollado la convicción de que el entorno familiar es un refugio seguro y de ayuda mutua. Por tanto, los polacos desconfían de las instituciones estatales, e incluso de las instituciones sociales o cívicas. Se trata de una desconfianza aprendida resultado del dramático giro de los acontecimientos en la historia de nuestra patria. La familia es el entorno de vida básico de los polacos y la religiosidad juega un papel muy importante en este entorno. La fuerte posición de los abuelos, a quienes a menudo se les confía el cuidado de la generación joven también ayuda a consolidar la religiosidad de los polacos.

 

– Su país destaca por una defensa decidida de la vida y la familia, lo que ha provocado numerosos ataques de otros países e instituciones internacionales…

– Me atrevería a decir que la batalla última por las almas de la humanidad es la familia, que es una bendición de Dios que garantiza al hombre una experiencia de arraigo que le permite construir una cosmovisión coherente. Sin familia, el hombre sigue siendo un nativo sin raíces que se adapta a la corriente dominante. La ausencia de la familia es una gran brecha para el hombre que no se puede reemplazar fácilmente. Así, la familia como entorno fundamental para el crecimiento humano es el último bastión aún no conquistado definitivamente por fuerzas hostiles a Dios, a la Iglesia y al hombre, que buscan romper todos los lazos que unen a la humanidad con Dios Creador, Salvador y Santificador.

La Christianitas en la vida pública ya ha sido significativamente destruida y reemplazada por el concepto de Estado liberal; la Iglesia Católica es blanco de ataques e intentos de burla sin precedentes, y ahora ha llegado el momento de la familia. La ferocidad de los ataques a la familia, y la forma sistemática en que se llevan a cabo, hace necesario ver no solo la mano humana en esto sino también la implicación del espíritu maligno.

-¿Tiene relación este fuerte posicionamiento de Polonia con la fuerte catolicidad de sus gentes?

-Es cierto que muchas iniciativas en defensa de la familia y la vida en Polonia están conectadas con la fuerte identidad católica de nuestra nación. Me gustaría enfatizar que muchas iniciativas al servicio de la familia no provienen directamente de la Iglesia sino de personas que, refiriéndose a su identidad católica y a la misión bien entendida de los laicos en la Iglesia y en el mundo, hacen todo lo posible por fortalecer la vida familiar y defender la vida desde la concepción.

La Iglesia jerárquica se une a ellos un poco más tarde, invitada o solicitada por ellos para apoyar las buenas obras. Estoy muy feliz por esto porque es un signo de la madurez de los laicos y el fruto del legado espiritual del Papa San Juan Pablo II, quien nos educó como miembros de la comunidad de la Iglesia para defender con valentía la familia.

-No podemos obviar que es compatriota de San Juan Pablo II. ¿Qué nos podría destacar de este gran santo?

-No conocí a Juan Pablo II en persona, pero estudié su magisterio durante años, sobre todo durante mi estancia en la Universidad de Navarra, por lo que es muy cercano a mí. Ya durante mis años de seminario profundicé en las obras de Karol Wojtyla, especialmente en Amor y Responsabilidad, que me conmovieron mucho y me mostraron nuevas formas de mirar al hombre y al amor.

Hoy, como obispo, vuelvo a menudo a la enseñanza de Juan Pablo II, que es una inspiración importante para mí en el ejercicio de mi ministerio episcopal. Me gustaría destacar dos hilos de la enseñanza del Papa polaco que trato de poner en práctica: la comunión y el diálogo. El pontificado de Juan Pablo II coincidió con un período de la Iglesia en el que se hicieron esfuerzos para profundizar y adaptar a la praxis eclesial el principio de comunión sustentado por el Concilio Vaticano II. La Iglesia debe ser hogar y escuela de comunión. Esto es muy importante para mí. Creo que este es uno de los desafíos fundamentales que la Iglesia del siglo XXI debe abordar continuamente. Y si es comunión, también diálogo, que es una forma de encuentro respetuoso con el prójimo. Juan Pablo II fue maestro del diálogo, hablaba a menudo de diálogo pero al mismo tiempo era un hombre de diálogo con una identidad claramente definida que quería compartir en un espíritu de apertura y respeto hacia los demás.

damian-bryl-celebrando-la-santa-misa. Recorrido Pastoral - Beca de CARF - Formación sacerdotal - Obispo

Celebrando su primer Santa Misa como Obispo de Kalisz

Usted se doctoró en la Universidad de Navarra, donde estuvo tres años. ¿Qué recuerdos guarda de su paso por Pamplona?

El período de estudios  en la Universidad de Navarra fue un momento muy fructífero para mí, gracias al cual pude crecer espiritual e intelectualmente. Estoy muy agradecido a Dios y a la Iglesia por haber podido realizar mis estudios superiores en una institución del Opus Dei. Agradezco especialmente el espíritu de fidelidad a la Santa Sede y la espiritualidad de trabajar y buscar a Dios en la vida cotidiana. Creo que estos valores, junto con los conocimientos adquiridos durante mis estudios, constituyen para mí una importante inspiración y ayuda en mi ministerio pastoral.

De esos días guardo recuerdos no solo de un sólido trabajo intelectual, sino también de bellos encuentros. Estudiantes de diferentes países del mundo estudiaban en nuestra facultad, y conocerlos, hablar, discutir, conocerse y confrontar los puntos de vista y pensamientos de los demás fue una experiencia extraordinaria por la cual estoy agradecido a Dios y a tantas personas buenas.

En la Universidad de Navarra se busca dar una formación integral y profunda. ¿Qué importancia debe tener una buena formación en el desarrollo de los seminaristas y sacerdotes?

– En los últimos años he estado trabajando en el marco de subgrupos de la Conferencia Episcopal Polaca en el documento sobre la formación para el sacerdocio, gracias al cual he tomado aún más conciencia de la importancia de la formación para el sacerdocio y en el sacerdocio.  

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damian-bryl-obispo-beca-de-carf-formacion-sacerdotal-recorrido-pastoral

Sin una formación humana, espiritual, intelectual y comunitaria confiable y profunda no hay buenos sacerdotes. Junto a la formación para el sacerdocio, la formación de los ministros ordenados es igualmente importante. Su propósito es acompañar a los sacerdotes en su camino y estimularlos al desarrollo espiritual y al crecimiento en santidad. En definitiva, la formación tiene la tarea de moldear el estilo de vida cristocéntrico del sacerdote, y de este estilo de vida depende en gran medida la fecundidad del ministerio sacerdotal. Porque no nos ennoblecemos solo por nuestras acciones, sino también por la forma en que las llevamos a cabo, es decir, con qué intención y actitud las realizamos.

Una petición directa a los benefactores

CARF, a través de su Patronato de Acción Social, esta comprometido con la cruzada de estos estos sacerdotes cuando vuelven a sus países de orígenes, y da la oportunidad de colaborar con su proyecto o su formación y así servir mas y mejor a la Iglesia.

Si usted representa a una Empresa o Institución y dispone de fondos de responsabilidad social, contacte con nosotros en carf@carfundacion.org

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