«Siento una fuerza dentro de mí que me impulsa a ser sacerdote»

Vincent Sserwaniko tiene 25 años, proviene de Uganda, (África Oriental) y es miembro de la tribu de Buganda, concretamente del clan Butiko. Creció rodeado del amor de su familia y en medio de esta realidad, Dios lo llamó al sacerdocio y después de años de formación en su país natal, llegó al Colegio Eclesiástico  Internacional Bidasoa (Pamplona) para terminar su proceso formativo. Pertenece a la archidiócesis de Kampala y su ilusión es regresar a su país para poder servir a su comunidad.

¿Cómo descubriste tu vocación? 

Ingresé en el seminario a los 14 años, pero el deseo de entrar comenzó desde los 9 años cuando empecé a servir como monaguillo en mi parroquia y me permitió conocer a seminaristas. Me llamaron mucho la atención y sentía admiración por ellos. Entonces le pedí a mi papá que me permitiera ingresar en el seminario. Él me respondió que no, que esperara un poco más. Y así fue: después de 4 años, pude ingresar en el seminario menor.

¿Cómo fue tu experiencia en el seminario menor?

La vida en el seminario menor es básicamente la misma que se vive en una institución educativa regular de mi país; la única diferencia fue que teníamos dirección espiritual y Eucaristía diaria. Mi papá un día me preguntó “¿Por qué quieres ser sacerdote?”. Yo le respondí: “No sé las razones, pero siento una fuerza dentro de mí que me impulsa a serlo».

¿Cuál fue la reacción de tu familia al decidir ser seminarista? 

Mi familia nunca se opuso a mi decisión. Sin embargo, mi país es una sociedad patriarcal, por lo que algunos familiares y allegados no veían con buenos ojos que el varón de la familia fuese a ser sacerdote y renunciara a tener la suya propia. Pero gracias a Dios mi familia nunca se dejó influir por esos comentarios.

¿Qué te impulsa en tu camino vocacional?

Creo que lo que Dios ha encendido en mí no ha parado, nunca he dudado de mi vocación. He aprendido que ser sacerdote no es un fin, sino un medio para llegar a la santidad. Por eso cada día lo disfruto, porque estoy más cerca de llegar a mi destino, que es la santidad, sirviendo a la Iglesia y a los demás.

¿Cómo ha sido tu experiencia en el Colegio Eclesiástico Bidasoa?

Al principio me constó el idioma. Pero algo que me llamó la atención y todavía lo experimento, es que el amor supera cualquier barrera que encontramos en esta vida. La amistad que encontré en los seminaristas me ha ayudado a superarlo todo. Desde mi primer día en el seminario Bidasoa, el amor con que la gente me ha tratado, ha superado todas las preocupaciones y me han hecho sentir parte de esta gran familia.