Adrienne: estudiar Comunicación Institucional de la Iglesia para trabajar en la NASA

Adrienne Alessandro O’Brien

Adrienne: estudiar Comunicación Institucional de la Iglesia para trabajar en la NASA

20 min
Después de obtener la licenciatura en la Facultad de Comunicación Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, la estadounidense Adrienne Alessandro trabajó en la NASA, la Agencia espacial del gobierno de Estados Unidos, como responsable de comunicación del Centro de vuelo espacial Goddard. Relata su experiencia como comunicadora católica y su vocación al matrimonio y como madre.

En las Universidades Pontificias no solo se forman sacerdotes y religiosas. También profesionales que trabajan en el ámbito de la comunicación en instituciones no solamente eclesiales, sino también académicas. Este es uno de los objetivos de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, y sobre todo de la Facultad de Comunicación Social e Institucional: preparar a las personas que trabajan en radio, televisión entidades culturales u organismos gubernamentales y científicos, como es el caso de Adrienne Alessandro O’Brien.

Responsable de Comunicación en la NASA

Después de obtener la licenciatura en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Santa Cruz (entre 2007 y 2008), Adrienne Alessandro O’Brien trabajó en la NASA, la Agencia espacial del gobierno de Estados Unidos, como responsable de comunicación del Centro de vuelo espacial Goddard (Goddard Space Flight Center). Se trata  de un laboratorio de investigación de la NASA que tiene la mayor organización de científicos e ingenieros dedicados a expandir el conocimiento de la Tierra, el sistema solar, y el universo vía observaciones desde el espacio dentro de los Estados Unidos y que, además, es fundamental para desarrollar y operar satélites científicos no tripulados y dirigir la investigación científica, los desarrollos y operaciones espaciales y muchas misiones tanto de la NASA como internacionales, incluyendo al telescopio espacial Hubble (HST), el programa Explorers, el programa Discovery, y muchas otras.

Desde la indecisión, hasta la Basílica de San Pedro

Adrienne nació en 1983 en Wilmington, Delaware, en una familia católica. 
La fe y la práctica religiosa impregnaron la vida diaria de nuestra familia. Mi mamá me llevaba a misa diaria y me animaba a acompañarla a rezar el rosario. Cuando mis padres se enteraron de que las escuelas públicas locales estaban introduciendo elementos de educación sexual desde el primer grado, me sacaron para educarme en casa, lo cual fue un paso bastante radical para principios de los noventa. La fe era algo tangible para nosotros. De pequeña era tímida y sensible, me sentía mucho más cómoda observando a los demás que contando mis historias. Con estas características personales, en alguna ocasión pensé si Dios me estaba pidiendo ingresar en una orden religiosa.

Esposa, madre y comunicadora

Y ¿cuándo entendiste con más claridad que estabas llamada a tu misión de esposa, madre y, comunicadora? 
Después de muchos años de indecisión sobre mi vocación, y desafortunadamente después de un tiempo en el que me aparté de Dios, finalmente encontré un lugar donde me sentí en paz: la Basílica de San Pedro, en Roma. Me encontraba en la Ciudad Eterna para realizar un semestre de estudios. En una de las visitas guiadas, contemplé el lugar donde reposan los huesos de San Pedro: un hombre que había caminado con Cristo y había abrazado su Cuerpo.  Pensé que el primer Papa había entendido el verdadero significado de la vocación. Le dijo que sí a Dios una y otra vez, incluso después de haberle negado. Así que, le pedí a Dios (nuevamente) que terminara mi confusión vocacional. Inmediatamente después sentí una paz profunda, algo literalmente de otro mundo: por fin veía iluminada con claridad mi vocación al matrimonio y nunca volví a tener ninguna duda al respecto.

Estudiar algo que impactara al mundo 

Tras esta experiencia en San Pedro, regresaste a Washington
Sí. pasé dos años haciendo trabajo administrativo para organizaciones políticas sin fines de lucro en Washington, D.C. Interminables horas haciendo fotocopias y reservando vuelos de compañeros de trabajo lentamente ahogaron la creatividad en mi alma. Profesionalmente, siempre había querido ser escritora y comunicadora y ahora me encontraba en un callejón sin salida. Quería hacer algo que impactara al mundo. Así es como llegué a la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

¿Por qué te llamó la atención la Universidad de la Santa Cruz?
Fundamentalmente porque ¡estaba en Roma!, pero la oferta académica de la Facultad de Comunicación, la calidez y amabilidad de los profesores, en particular del profesor Arasa y del profesor La Porte, me hicieron sentir inmediatamente como en mi casa. Académicamente, me encantó que el programa de la Santa Cruz fuera tan práctico. Aprendí a usar una cámara de video, a escribir guiones comerciales y a editar archivos de audio: ¡me encantaba todo! Las clases de capacitación en los medios de comunicación fueron mis favoritas porque me desafiaron a anticipar y explorar argumentos en contra de la fe y a crear respuestas racionales y adecuadas. Las amistades que hice fueron insustituibles. Estos son recuerdos que siempre atesoraré.

Ser un miembro fuerte de la Iglesia 

Además, descubriste la universalidad de la Iglesia en Roma 
Sí, y también su fragilidad. Fue un momento decisivo en mi vida en el que me pregunté: ¿qué podría hacer, a nivel personal, para ser un miembro más fuerte y santo del Cuerpo de Cristo y ayudar a sanar esta hermosa y rota Iglesia? Todavía pienso en estas preguntas hasta el día de hoy, especialmente a la luz de los escándalos de abuso sexual en todo el mundo que han hecho que muchos otros cuestionen su fe. Y creo que la Pontificia Universidad de la Santa Cruz me dio las herramientas que necesito, personal y profesionalmente, para ayudar a abordarlo.

 

 

 

«Creo que cuando se predica con honestidad, comprensión y convicción, el mensaje de Cristo permanece fresco y convincente, incluso para los jóvenes, que están hambrientos de respuestas a las preguntas más importantes de la vida»

Adrienne Alessandro O’Brien

Adrienne Alessandro O’Brien nació en 1983 en Wilmington, Delaware (Estados Unidos). Es madre de dos hijos pequeños y uno en camino. Después de obtener la licenciatura en la Facultad de Comunicación Social e Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (entre 2007 y 2008), trabajó en la NASA, la Agencia espacial del gobierno de Estados Unidos, como responsable de comunicación del Centro de vuelo espacial Goddard (Goddard Space Flight Center). En un momento de su vida se preguntó: ¿Qué puedo hacer yo, a nivel personal, para ser un miembro más fuerte y santo del Cuerpo de Cristo y ayudar a sanar esta hermosa Iglesia?

Para ella, las mujeres, con su capacidad única (si no exclusiva) de fomentar las relaciones interpersonales, tienen un papel fundamental. «Pero todos necesitamos apoyo. Necesitamos campañas de base estratégicas, atractivas y de alcance, apoyadas por nuestros obispos y líderes, para involucrar y catequizar tanto a los fieles como a los más alejados»,  afirma. 

Mujer, católica y en la NASA

Trabajaste para la NASA ¿Te resultó difícil como mujer y como creyente?
Éramos pocas compañeras de trabajo, pero siempre me sentí increíblemente respetada y apreciada por mi equipo. Sin embargo, al principio estaba muy cohibida. Trabajaba con hombres y mujeres que habían gestionado las misiones para actualizar y reparar el telescopio espacial Hubble. Acababan de comenzar a desarrollar tecnologías que permitirían el reabastecimiento y la reparación de satélites robóticos en órbita. ¿Qué diablos podría ofrecerles a estos genios? Me preguntaba

Comunicar para la gente corriente  

Explícanos como desarrollaste tu trabajo  
A medida que pasaba el tiempo, adquirí confianza en mis habilidades, como comunicadora y como mujer. Por muy brillantes que fueran mis compañeros de trabajo, necesitaban a alguien que pudiera captar su idea técnica y comunicarlo de una manera que la gente “corriente” pudiera entender. Eso era algo que podía hacer. Me encantó participar en sesiones de estrategia, donde podía ayudar al equipo a identificar a su público objetivo y formular formas efectivas de llegar a ellos. Descubrí que mi formación, orientada y centrada en la persona, junto con mis características femeninas me ayudó a intuir e identificar algunos problemas humanos y escollos que enfrentaría el equipo, mucho antes de que el equipo orientado a la tecnología pudiera reconocerlos.

Confianza y relación sólida

¿Qué fue lo que más te sirvió de tu formación recibida en la Universidad de la Santa Cruz?
Dos enseñanzas siempre me acompañaron: Primero, gánate la confianza y construye una relación sólida con los ejecutivos de tu equipo si quieres ser un comunicador eficaz y preciso. Y segundo, siempre, ¡siempre! ten en cuenta a tu audiencia. Durante mis siete años en la NASA, creé y ejecuté campañas de comunicación para experimentos robóticos que iban a ser puestos en la órbita y funcionar en la Estación Espacial Internacional; diseñé el sitio web del equipo desde cero; dirigí sesiones de capacitación en medios para televisión y entrevistas escritas; concebí y gestioné producciones de videos educativos; ofrecí recorridos por nuestras instalaciones robóticas a políticos y científicos; y actué como asesora estratégica de relaciones públicas para los principales líderes de mi equipo.

El trabajo para un católico

…¿y en qué te ayudó el hecho de ser católica?
Pues, a lo largo de toda mi carrera, mi identidad como mujer católica fue fundamental, con las características que nuestra fe puede añadir a cualquier profesión: amabilidad y consideración por el tiempo y los talentos únicos de los demás, respeto, trabajar siempre por el bien de mi equipo…

Lo que veo en tu historia humana y profesional es es visión positiva de lo que puede hacer un cristiano cuando vive bien y realmente su fe en todos los aspectos de su existencia ordinaria
No veo al mundo occidental y secularizado como un obstáculo para evangelizar, especialmente a la juventud. Creo que cuando se predica con honestidad, comprensión y convicción, el mensaje de Cristo permanece fresco y convincente, incluso para los jóvenes: un grupo hambriento de respuestas a las preguntas más importantes de la vida.

Obstáculos para la evangelización

En tu opinión, ¿cuál es el mayor obstáculo para la evangelización?
Creo que son las crisis que crecen dentro de la Iglesia misma. No podemos transmitir lo que no tenemos, y en muchas parroquias y comunidades hemos perdido el verdadero conocimiento de nuestra identidad católica: quiénes somos, qué creemos y qué significa ser católico en la vida diaria. Las generaciones de católicos actuales ya no pueden explicar las enseñanzas básicas, incluida la Eucaristía. Podemos culpar a los demás o bien podamos mirar hacia adentro y considerar si yo, personalmente, he levantado la voz últimamente para dar testimonio de Cristo en la plaza pública o con mi vecino.

La mujer en la evangelización 

Hoy en día se habla del papel de la mujer en la evangelización…
Cada uno de nosotros, en nuestras interacciones diarias con los demás, estamos llamados a compartir la fe. Las mujeres, con su capacidad única (si no exclusiva) de fomentar las relaciones interpersonales y construir una comunidad, tienen un papel fundamental. Pero todos necesitamos apoyo. Necesitamos campañas de base estratégicas, atractivas y de alcance, apoyadas por nuestros obispos y líderes, para involucrar y catequizar tanto a los fieles como a los más alejados. En particular, tenemos que estar dispuestos a hablar con los jóvenes y conocer sus desafíos y sus corazones. Si bien los jóvenes pueden ser escépticos o resistirse a mensajes amplios e impersonales, El acompañamiento es de gran ayuda para responder sus preguntas y fomentar la comprensión del amor de Cristo y el propósito de sus vidas.

 

 

«Debemos esforzarnos, en la medida de lo posible, en identificar las heridas personales y buscar la sanación de Dios en nuestra vida, ya sea a través de acompañamiento o terapia, especialmente en los jóvenes»

Adrienne Alessandro O’Brien

Para Adrienne, la oferta académica de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz es muy completa, y sobre todo «¡porque está en Roma!», señala.  «La calidez y amabilidad de los profesores, en particular del profesor Arasa y del profesor La Porte, me hicieron sentir inmediatamente como en mi casa. Académicamente, me encantó que el programa de la Santa Cruz fuera tan práctico. Aprendí a usar una cámara de video, a escribir guiones comerciales y a editar archivos de audio: ¡me encantaba todo! Las clases de capacitación en los medios de comunicación fueron mis favoritas porque me desafiaron a anticipar y explorar argumentos en contra de la fe y a crear respuestas racionales y adecuadas. Las amistades que hice fueron insustituibles. Estos son recuerdos que siempre atesoraré». 

Regresar a nuestra auténtica identidad católica

Todo lo que cuentas presupone una mayor conciencia y responsabilidad por parte de los católicos…
¡Indudablemente! Ninguno de estos esfuerzos servirá mientras abordamos, por ejemplo, la crisis de abuso sexual. Hasta ahora, muchos han considerado que la respuesta de la iglesia ha sido inadecuada. A raíz de nuevas historias horribles, algunas diócesis de Estados Unidos han emitido declaraciones envueltas en un lenguaje legal protector, rancio y evasivo: palabras que no logran captar las profundidades del arrepentimiento y de la expiación que nuestra propia fe católica exigen. La naturaleza y profundidad de estos pecados claman y exigen una respuesta humilde e incondicional. ¿Cómo podemos pretender proclamar la Palabra de Dios cuando nuestras propias acciones y esfuerzos de relaciones públicas están tan lejos de encarnar lo que Dios nos llamó a hacer? Abandonar la mentalidad puramente legalista y regresar a nuestra auténtica identidad católica al manejar esta crisis, nos permitirá recuperar nuestra credibilidad y proclamar a Cristo ante un mundo que necesita desesperadamente nuestro mensaje.

El reto de los católicos en Estados Unidos

Estados Unidos, ha sido particularmente afectado por esta plaga. Estamos viendo una sociedad norteamericana cada vez más dividida en su interior. ¿No podría ser un buen reto para los católicos de Estados Unidos?
Esa es una pregunta realmente difícil de responder, ya que también los católicos estadounidenses están muy divididos en muchos temas, atacándose en las redes sociales y todo en nombre de… ¡Jesús! Yal vez ahí se ubique no solamente la raíz del problema, sino también un indicio de la cura. En mi opinión uno de los elementos más destructivos de la sociedad actual es nuestra adicción colectiva a los dispositivos móviles y las plataformas de redes sociales, y la consiguiente descortesía que fomentan. Estamos entrando constantemente en un campo de adoctrinamiento virtual lleno de concepciones seculares y respuestas sin virtudes, y muchos de nosotros (incluido yo misma), a menudo nos olvidamos de ponernos la armadura de Cristo antes de entrar en internet.

Humildad, gentileza, comprensión, caridad

A veces hay que cerrar una, dos, tres, miles de puertas virtuales para encontrar un poco de paz
Sí, y precisamente por eso creo que nuestra esperanza radica en reclamar nuestra identidad católica comenzando con estas pequeñas victorias a nivel personal. Vivamos el Evangelio y recordemos nuestro objetivo final. Cuando Cristo describió el juicio final, no mencionó la afiliación política ni “destruir” verbalmente a alguien en las redes. Más bien, dijo que nos preguntaría a cada uno de nosotros: ¿cuándo me alimentaste, me diste de beber, me diste alojamiento, o me vestiste? Nuestros corazones estarían mucho más tranquilos si pudiéramos recordar esto antes de cada encuentro con un ser humano, incluso los extraños sin rostro en línea. Las virtudes de la humildad, la gentileza, la comprensión, la caridad: estos son medios que pueden transformar nuestra conducta y, en última instancia, elevar a la sociedad. La santidad personal puede no ser una solución instantánea, pero ejercitar algunas gracias adicionales es la herramienta más poderosa que tenemos los católicos para provocar un cambio.

Madre de tres hijos

Además de tu trabajo, lo fundamental para ti es la familia.
Con dos niños menores de tres años y uno más en camino, ¡a menudo, mi marido y yo, sentimos que estamos en modo de supervivencia! Sin embargo, personalmente, en cada interacción con mis hijos, trato de recordar que soy más que una simple madre para ellos, que puedo ser dos cosas: o su primera y principal experiencia del amor, de la comprensión y del perdón de Dios; o, a la inversa, puedo establecerme a mí misma como modelo de cómo una autoridad querida puede juzgarlos con dureza, castigarlos, quebrantar su espíritu y traicionar su confianza. A veces deseé haber sido madre en otra época, una época en la que los vecindarios eran más seguros, los contrastes sociales no eran tan fuertes y el Internet lleno de pornografía no existía. Pero cada década tiene sus propios desafíos y obstáculos. Intento confiar en que Dios me dará la sabiduría y las palabras que necesito para pastorear a estos pequeños por la vida hasta el cielo.

Un mensaje final

Te agradecemos tu testimonio. ¿Algún mensaje final para nuestros lectores?
Ha sido un placer para mí. Si pudiera alentar en una cosa en general, sería esforzarse, en la medida de lo posible, por identificar las heridas personales y buscar la sanación de Dios en su vida, ya sea a través de acompañamiento o terapia, especialmente en los jóvenes. Dios nos ha dado herramientas tanto espirituales como “humanas” para estar en paz. Aprovechemos todas las oportunidades para ser personas sanas y completas y para que podamos responder adecuadamente a su llamado y compartir su amor con los demás.

Muchísimas gracias, Adrienne.

«Quien hace bien a Roma, hace bien al mundo» 

Es muy bonito seguir celebrando con historias como ésta el 25 aniversario de la Facultad de Comunicación Social e Institucional de nuestra Universidad, una Facultad que el Beato Álvaro del Portillo insistió mucho en tener y que no habría sido posible levantar sin las contribuciones de todos los amigos y benefactores del CARF. San Felipe Neri solía decir: “Quién hace bien a Roma, hace bien al mundo”. Y con las historias de nuestros estudiantes y antiguos estudiantes nos damos cuenta cada vez más de esta verdad: la más pequeña contribución de nuestros amigos y benefactores ha ayudado a nuestros estudiantes a llevar no solamente una buena formación alrededor del mundo, sino una verdadera sabiduría humana y cristiana, que es lo que el mundo necesita.

 

Con la colaboración de: Gerardo Ferrara 

Representante de CARF en Roma, escritor y experto de historia en Oriente Próximo 

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