Coronavirus: Un grupo de sacerdotes cantan a los vecinos

Nos llegan a CARF testimonios de sacerdotes y seminaristas para contarnos sus experiencias durante el confinamiento  por el coronavirus. Una de las cartas titula: «El sacerdocio no está en cuarentena durante esta pandemia».

Otro grupo de sacerdotes nos cuenta cómo todos los días a las 20.00 horas, salen al balcón para aplaudir a los profesionales sanitarios y, guitarra en mano, cantan y comparten un poco de alegría con los vecinos. Algunos de ellos les han escrito dándoles las gracias por sus canciones «llenas de esperanza». Son sacerdotes ante el coronavirus.  

ALEGRÍA A NUESTROS VECINOS  

En medio de estos acontecimientos que vivimos a causa de la crisis derivada del Covid-19, inevitablemente nos tropezamos con la realidad más íntima de nuestra existencia: la fragilidad y la caducidad de nuestra vida que nos descoloca y amenaza nuestros deseos y sueños. Una pandemia que nos empuja a participar de un verdadero drama: la desesperanza.

Sin embargo, no podemos olvidar que nuestra limitación no es obstáculo para luchar y emprender caminos distintos. En nosotros hay algo divino que siempre nos mueve a dar lo mejor de nosotros mismos, sobre todo en los momentos más difíciles. Y esto es muy importante.

Verdadera esperanza

Por ello, en estos días de cuarentena, a pesar de la tristeza y emociones encontradas que podamos experimentar, no podemos dejar de lado nuestra llamada interior que da luz y es motivo de esperanza para los demás y para nosotros mismos. Como afirma la sabiduría bíblica: «Hay más alegría en dar que en recibir» (Hechos 20,35).

En mi casa somos dieciséis sacerdotes de varios países de América Latina que, gracias al CARF, estamos haciendo estudios de especialización en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Además, en este tiempo de cuarentena, intentamos dar esperanza a los demás. 

Ambiente familiar en los balcones 

Así, un día después de haber salido a aplaudir como todos a las 20.00 horas, para homenajear y demostrar nuestro apoyo a los profesionales sanitarios, se nos ocurrió aprovechar ese momento en el que estamos todos en los balcones para cantar y compartir un poco de alegría con los vecinos. Queríamos así hacer visible nuestra cercanía en estos momentos de tristeza e incertidumbre.

Al principio nos miraban con cara de sorpresa. Sonreían y algunos aplaudían. Pero, gracias a Dios, cada día se han ido añadiendo poco a poco más vecinos, creándose, desde los balcones, un ambiente familiar de apoyo mutuo, donde ya no somos lejanos porque estamos muy cerca, en el mismo edificio o en la misma calle.

Ciertamente, es un gesto muy sencillo, ya que, además, no somos profesionales del canto. Sin embargo, cantamos con el corazón afinadísimo, porque intentamos sembrar esperanza y mantenernos unidos en esta situación verdaderamente difícil.

Pedimos a Dios por el fin de la pandemia 

Además de este momento de fraternidad vecinal, nuestra oración no cesa. Como afirma Benedicto XVI: «La oración es la fuerza que en silencio transforma el mundo». Así, cada día celebramos la Eucaristía, la Liturgia de las Horas y ofrecemos nuestras oraciones personales pidiendo a Dios por el fin de la pandemia. Porque en nuestra oración recordamos a los profesionales de la salud y a todas las personas que sufren por esta enfermedad.

Y, como hacemos a diario, encomendamos, con gratitud y cariño, a todos los benefactores del CARF, que hacen posible nuestra formación, para que Dios les guarde en su amor.

P. Francisco Javier Rivas Tobal. (Aquí pueden ver el vídeo

A este grupo de sacerdotes les ha llegado una carta de unas vecinas que dice así: «Estimados padres: lo primero, millones de gracias por sus canciones. Es un gran ánimo y alegría para todos los vecinos, y más en estos difíciles momentos. Somos tres vecinos que vivimos en el bloque de arriba. Todos los días a las 20.00 horas esperamos con ilusión a salir a aplaudir y a escuchar sus canciones llenas de esperanza. 

Quisiéramos pedirle un favor. Nuestra hija cumple 8 años y si le quisieran cantar el cumpleaños feliz ¡lloraríamos de emoción!. Espero puedan hacerlo, para ella será una sorpresa y lo recordará toda su vida. Ya que no podemos celebrarlo con la familia, ojalá podamos hacerlo con los vecinos, gracias a ustedes. Un abrazo enorme a todos, gracias y mil gracias, ¡ánimo y fuerza!

Sacerdotes cantando en el balcón.

Sacerdotes cantando en el balcón.

EL SACERDOCIO NO ESTÁ EN CUARENTENA

En la Sede II del Colegio Mayor Echalar vivimos 45 sacerdotes estudiantes (y algunos profesores) de las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Una de las características más destacadas de estas facultades es la diversidad de nacionalidades de los estudiantes y en Echalar II vivimos 45 sacerdotes de 18 países.

Algunos “estrenan” su ministerio y otros llevan más de 20 años de vida sacerdotal. Varios tienen experiencia parroquial, otros han dedicado algunos años a la formación de sacerdotes o a labores de misión. Toda esta combinación hace que nuestra formación académica sea enriquecida con las experiencias pastorales que compartimos unos con otros.

Sin embargo, en estos días experimentamos, como muchísimas personas, una realidad totalmente nueva a causa del confinamiento preventivo como medida de contención ante la actual pandemia.

Una clase virtual.

Una clase virtual.

Un nuevo aprendizaje lleno de retos 

Ciertamente ha sido necesario «reprogramarnos» en muchos sentidos durante estos días, pues limitar nuestra actividad a un espacio concreto y delimitado es algo a lo que pocos estamos acostumbrados. Pero este modo de funcionar se ha convertido en un nuevo aprendizaje, en un contexto lleno de retos y de enseñanzas para el futuro.

Por ejemplo: ante las nuevas circunstancias, algunos de nosotros han participado por primera vez en una videoconferencia, otros han enviado su primer mensaje en vídeo a su diócesis, y otros fortalecen sus habilidades artísticas.

Y es que, a decir verdad, nuestra cuarentena está muy lejos de ser un sinónimo de inactividad o de aburrimiento, porque seguimos haciendo prácticamente las mismas cosas, pero de modo distinto: hemos mantenido nuestra actividad académica, ahora haciendo más uso de las nuevas tecnologías, con muchas clases online y diversas actividades vía Internet. 

En lugar de partidos de fútbol, hacemos “maratones” de subir y bajar los siete pisos de nuestra casa; y los paseos los cambiamos por conversaciones en la terraza, donde abundan las bromas y las risas.

Por otra parte, hemos iniciado conversaciones en inglés y en italiano, se está formando un pequeño coro para las celebraciones litúrgicas, y proyectamos clásicos del cine para aumentar la formación cultural.

Concelebración Misa de San José.

Concelebración Misa de San José.

Formas distintas de evangelización 

También podríamos decir que el trabajo de evangelización tiene formas distintas, pues nuestra labor de pastores ahora se debe concentrar, primeramente, en nuestras familias y amigos, con quienes nos comunicamos constantemente para transmitirles tranquilidad, paz y alegría.

Además, son muchas las personas a las que nos hemos acercado «virtualmente» con una palabra de aliento, con una oración conjunta a través del ordenador o teléfono móvil, y por qué no, con un intercambio de mensajes divertidos que luego compartimos entre todos.

Vivir el ministerio con alegría 

Lo más importante es que seguimos viviendo nuestro ministerio con alegría, constatando que la vida ministerial puede materializarse de las maneras más variadas y siempre manteniendo un denominador común: la búsqueda constante de nuestra configuración con Jesucristo, el Buen Pastor.

De modo que, en medio del confinamiento, seguimos celebrando diariamente la Eucaristía, tenemos más tiempo para la oración personal y para la formación doctrinal. Pero, sobre todo, nos mantenemos unidos al Papa y a todos los que sufren directamente los efectos de esta crisis, ya que, más allá de las circunstancias exteriores, el sacerdocio nunca está en cuarentena. Sacerdotes ante el coronavirus. 

P. Jorge Castro, alumno de derecho canónico de Navarra. Diócesis de Santa Marta, Colombia.