D. Wuillis será el primer canonista de su diócesis en Venezuela. D. Rolvin quiere sembrar en los ambientes más alejados de Filipinas

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D. Wuillis será el primer canonista de su diócesis en Venezuela. D. Rolvin quiere sembrar en los ambientes más alejados de Filipinas

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Rolvin Capistrano y Wuillis Azuaje y (Filipinas y Venezuela respectivamente) son dos sacerdotes que estudian Derecho Canónico en la Universidad de Navarra. D. Wuillis será el primer canonista de su diócesis (Puerto Cabello) y D. Rolvin se forma para sembrar con alegría en los ambientes más alejados de Dios de su país.

Wuillis Azuaje y Rolvin Capistrano (Venezuela y Filipinas respectivamente) son dos sacerdotes que estudian Derecho Canónico en la Universidad de Navarra. D. Wuillis será el primer canonista de su diócesis (Puerto Cabello) y D. Rolvin se forma para sembrar con alegría en los ambientes más alejados de Dios de su país. Gracias a la beca de CARF coinciden en las Facultades Eclesiásticas de la UNAV en donde, además de recibir una formación académica integral, experimentan la universalidad de la Iglesia con otros sacerdotes.

“Estos diez años de sacerdote han sido los más maravillosos de mi vida”

Wuillis Azuaje tiene 39 años y estudia la Licenciatura en Derecho Canónico. Es de Venezuela, donde si Dios quiere, regresará en junio cuando termine su último curso.

La primera vez que cruzaba el Atlántico

Cuando Wuillis Azuaje (Trujillo-Venezuela,1981) llegó a Pamplona el 13 de septiembre de 2018 era la primera vez que cruzaba el Atlántico. Dos compañeros de la Residencia San Miguel de la capital navarra le esperaban aquel jueves por la noche en la estación de autobuses de la capital navarra.

Como venezolano le llamó la atención el carácter de los navarros, la cantidad de personas que se veían paseando por las calles y la variedad de Iglesias bonitas de la ciudad. También el número de eucaristías que diariamente se celebran en su parroquia (San Miguel): “Nueve todos los días”.

El primer canonista de su diócesis

Actualmente estudia el último curso de la Licenciatura en Derecho Canónico y cuando regrese a Puerto Cabello, ciudad donde era párroco antes de venir a estudiar a la Universidad de Navarra, será el primer canonista de su diócesis.

Wuillis Azuaje es el séptimo de ocho hermanos y aunque se había educado en el catolicismo e incluso tenía varios familiares sacerdotes, asegura que su vocación la fue descubriendo poco a poco.

Tuvo una mala experiencia en catequesis de primera comunión, lo que hizo que se distanciara un poco de la fe y no recibiera el sacramento hasta ser adolescente. Por casualidad conoció un grupo de formación católica en su Instituto, donde comenzó a acercarse poco a poco a Dios y volvió a la parroquia. “Éramos unos cincuenta jóvenes y lo pasábamos fenomenal”.

“En la Iglesia hay cosas maravillosas”

Recuerda que en 1998 tuvo la ocasión de conocer a un sacerdote del Opus Dei que fue a su Iglesia a dar una charla sobre el beato Josemaría Escrivá. “Nunca había escuchado hablar de él ni del Opus Dei, pero me quedé impresionado de ver a alguien vestido con sotana y tan sonriente. En mi cabeza se había grabado la imagen de aquel sacerdote, el rostro de San Josemaría y la curiosidad de conocer el Opus Dei. En la Iglesia hay muchas cosas maravillosas que desconocemos”, señala.

Cuando tenía 17 años, y a través de un amigo, visitó el seminario, empezó a asistir a la pastoral vocacional, “aunque todos me decían que no era el más indicado para entrar al seminario porque era un bochinchero (alborotador)”.

El respeto y obediencia al obispo

“Poco a poco fui perdiendo el miedo y dándome cuenta de que ser sacerdote es un sueño que tiene que cumplir con la ayuda de otros, no se puede soñar solo. Para mí fue clave la ayuda de mi director espiritual y de los compañeros del seminario. Estos diez años de sacerdote han sido los más hermosos de mi vida”, señala.

Se siente muy agradecido por la ayuda que ha recibido de los benefactores para formarse en la Universidad de Navarra. Y, preguntado por sus planes de futuro, asegura que son los que el obispo de su diócesis tenga para él: “Dentro de unos años me gustaría verme como en 2010 cuando me ordené, feliz y con fuerza para desgastarme por mi parroquia. Hay algo muy importante en el sacerdocio: el respeto y la obediencia al obispo y el amor a su diócesis”.

 

 

 

“Tuve una mala experiencia en catequesis de primera comunión y no recibí el sacramento hasta la adolescencia gracias a un grupo de formación católica que conocí en el Instituto»

Wuillis Azuaje

 

Cuando Wuillis Azuaje (Trujillo-Venezuela,1981) llegó a Pamplona el 13 de septiembre de 2018 era la primera vez que cruzaba el Atlántico. Estudia la Licenciatura en Derecho  Canónico en la Universidad de Navarra.  Cuando regrese a Puerto Cabello, ciudad donde era párroco será el primer canonista de su diócesis. Wuillis Azuaje es el séptimo de ocho hermanos y aunque se había educado en el catolicismo e incluso tenía varios familiares sacerdotes, asegura que su vocación la fue descubriendo poco a poco. 

D. Rolvin: “Mi madre ayudó a mi padre a comprender mi vocación”

Rolvin Capistrano es de Viga Catanduanes (Filipinas). Tiene 41 años y actualmente está cursando segundo de la Licenciatura en Derecho Canónico. Pamplona no le pilla de nuevas, pues es la segunda vez que viene a estudiar a la Universidad de Navarra. Entre los años 2000 a 2004 cursó el Bachiller en Teología mientras se formaba en el Seminario Internacional Bidasoa.

Aquí llegó, enviado por el obispo de su diócesis para estudiar con una beca de la Fundación CARF. No venía solo. Tuvo la suerte de coincidir con un compañero del seminario menor donde había estudiado y a quien conocía desde niño, cuando ambos eran monaguillos en la misma parroquia.

Asegura que venir de nuevo a esta tierra ha sido como volver a su segunda casa: “La ciudad ha cambiado mucho, pero en el fondo sigue siendo mi Pamplona de antes”.

“El Señor me cautivó”

Cuenta que su vocación no fue muy bien acogida por su padre, aunque con la ayuda de su madre, supo mostrarle cuál era su camino. Pero la fe le viene de sus abuelos, con quien pasaba los fines de semana él y sus tres hermanos.

“El Señor me cautivó con lo atractivo de la vida de un sacerdote. Tenía doce años cuando entré en el seminario. Allí encontré la felicidad: estaba donde debía estar y haciendo lo que debía hacer. He tenido ocasiones para declinar, pero no lo hice”.

La herencia de los españoles

Actualmente también colabora con el Arzobispado de Pamplona celebrando misa en Caparroso, porque el párroco está enfermo. Y en otras ocasiones ha ayudado en algunas parroquias de Artajona, Ulzama y en el Valle del Baztán.

Los filipinos hemos heredado muchas cosas de la religiosidad popular de los españoles. Navarra es tierra misionera. Estoy aprendiendo mucho y ahora entiendo muchas cosas al adentrarme en los pueblos: sus costumbres, las fiestas patronales, las procesiones…”, explica.

Sembrar con alegría

Preguntado por su labor pastoral, afirma sentirse muy contento: “Para mí no es algo extraño. Los sacerdotes no nos ordenamos para nosotros mismos, sino para ayudar a las personas y estar con ellas. Hay pueblos que tan sólo tienen 5 o 6 personas en misa y podemos pensar que no estamos haciendo nada. Sin embargo, debemos sembrar con alegría, igual que nosotros fuimos fruto de la semilla que sembraron nuestros antepasados. Así hemos ido creciendo”.

Las “sorpresas” de Dios

Además de formarse académicamente en la Universidad, Rolvin practica deporte en su tiempo libre (tenis y footing), “sobre todo cuando me siento agobiado por los estudios”, recalca.

Agradece mucho la ayuda recibida de los benefactores para poder sacar adelante sus estudios, sin la cual no hubiera sido posible: “Hay mucha gente que nos ayuda y aunque no lo ven, están haciendo muchas cosas buenas por la Iglesia. El apoyo que recibimos de ellos es parte de las sorpresas de Dios y las alegrías que vivimos son también suyas”.

Los filipinos hemos heredado muchas cosas de la religiosidad popular de los españoles

Rolvin Capistrano

Rolvin Romero tiene 41 años y es un sacerdote de la diócesis de Virac, en Filipinas. Se formó en el Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa y en el año 2006 se ordenó sacerdote. Ha vuelto a la Universidad de Navarra por orden de su obispo, para cursar Licenciatura en el Derecho Canónico.

Con la colaboración de: Mª Jesús Cantalapiedra 

Responsable de Comunicación de las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra

 

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