“La llamada de Dios supera todos los obstáculos”

Soy Padre Marwan Akoury, un sacerdote libanés de la diócesis maronita de Beirut. Soy el hijo mayor de una familia de cinco miembros: mi padre, mi madre y mis dos hermanas.

Desde mi niñez he amado al Señor y era consciente de que Él me amaba. Gracias a que mi familia me ha enseñado este Amor, ha contribuido al desarrollo de mi vocación y mi deseo de consagrar mi vida al Señor. Sobre todo desde mi ayuda en la parroquia de Santa Tecla, donde vivía.

Nací el 29 de septiembre de 1980, en la época de la guerra de Líbano, que empezó en 1975 y duró más de 30 años. Y a pesar de los grandes destrozos de la guerra, la vida cristiana en Líbano y el compromiso de la Iglesia en la sociedad libanesa seguían siendo una característica de mi país. Pero las cicatrices de la guerra persisten aún hoy.

A eso hay que añadir el sectarismo y el rechazo de todo lo que es diferente y que no pertenece a mi comunidad, especialmente el musulmán. En el seno de todo eso, me he dado cuenta de que Jesús me ha invitado a dar testimonio de su Salvación y de su Amor a todo el mundo, para destruir los obstáculos del odio y de la discriminación.

El compromiso en la vida de la Iglesia en la parroquia, con los movimientos de los jóvenes, no me bastaba, así que he buscado en otro lugar unas formas para calmar mi deseo ardiente por la misión.  Después de un largo camino, que ha precedido los años de la universidad y que ha durado hasta el final de mi carrera profesional en la escuela donde he enseñado hasta los 27 años,  llegó el tiempo donde tomé la decisión de dejarlo todo para servir al Señor en la vida sacerdotal.

No fue fácil tomar una decisión como ésta, sobre todo porque soy el hijo mayor, y se contaba conmigo para agrandar la familia. Pero la llamada de Dios supera todos los obstáculos y sostiene nuestras decisiones para que Su voluntad se cumpla.

En el seminario diocesano de  Beirut “Saint Augustin”, he cumplido mi formación y me he preparado para mi ordenación sacerdotal, que tuvo lugar el 19 de mayo 2013, Domingo de Pentecostés.

Como el Señor envió a sus discípulos para enseñar y bautizar, me envió a la misión con todas las diversidades que hay al interior de la Iglesia de Beirut, o sea en la parroquia de Saint Michel y también en el Collège de la Sagesse, donde yo era director del liceo.

Durante aquellos tres años, he aprendido de sacerdocio, he aprendido que un cura, para cumplir su ministerio, necesita estar siempre en comunión con su Maestro y siempre escuchar su Palabra.

Sembrar el espíritu de Cristo y crear puentes de paz y de dialogo es algo que exige una buena comunicación, sobre todo en un país que es un ejemplo concreto de la diversidad y de la coexistencia con el otro, que sea cristiano o musulmán. Y una vez más, fue la llamada del Señor, a través de mi obispo Monseñor Paul Matar que me propuso de estudiar Comunicación en Roma, para responder a las exigencias de la Iglesia de Líbano.

Así que aquí estoy, en Roma, desde 2016, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, siguiendo mis estudios en Comunicación Social Institucional. Aquí he descubierto lo que buscaba, y vivo con alegría e ilusión mi nueva misión en el corazón de la Iglesia, con Cristo, al cual le he entregado toda mi vida, mi pasado, mi presente y mi futuro.

Père Marwan Akoury