Ordenaciones Bidasoa: Siete nuevos diáconos en la era del Covid

Ordenaciones Bidasoa: Siete nuevos diáconos en la era del Covid

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El pasado 31 de mayo, Pentecostés, se ordenaron siete nuevos diáconos de Bidasoa. Ordenaciones en la era del Covid, un motivo para la esperanza

El pasado 31 de mayo, solemnidad de Pentecostés, se ordenaron siete nuevos diáconos del CEI Bidasoa. Ordenaciones en la era del Covid, un motivo para la esperanza.

En este curso, las ordenaciones de Bidasoa de los seminaristas han sido distintas: la fecha (solemnidad de Pentecostés), la hora (a las 5 p.m. como en las faenas taurinas), menos público del habitual (la parroquia de San Nicolás a la mitad de aforo), el pueblo con mascarillas, las distancias prudenciales por motivos higiénicos, mucho gel desinfectante….Pero con la alegría de recibir a siete nuevos diáconos ordenados en la era del Covid.

A pesar de estas nuevas circunstancias, en el fondo, la celebración se ha vivido como siempre: desde que en la primitiva comunidad cristiana por manos del obispo se impuso las manos sobre los diáconos, hasta las ordenaciones en una catedral muy concurrida, pasando por las ordenaciones en los sótanos de una casa de un país donde la Iglesia está perseguida…

Esencialmente, cada ordenación es la misma respuesta de Dios a la petición constante del pueblo cristiano que no deja de pedir al Señor de la mies que envíe trabajadores a su campo, porque es mucha la mies y pocos los obreros.

Las ordenaciones del Covid

Las ordenaciones diaconales del 2020 pasarán a la historia como las ordenaciones del coronavirus; pero también como las ordenaciones de la esperanza.

Ante el dolor de las familias que han perdido a sus seres queridos, las secuelas de un virus que ha dejado una huella profunda en la salud y en el ánimo de muchas personas, o la incertidumbre por el futuro social y económico, las ordenaciones de este año han sido un motivo de esperanza. Dios no nos deja solos, pues sigue suscitando nuevos pastores, servidores de sus hermanos los hombres.

Los siete nuevos diáconos

Los nuevos diáconos proceden de tres países. Dos de Nicaragua: Pedro Antonio Martínez Mena (diócesis de Granada) y Jairo Antonio Calero (Juigalpa); cuatro de México: Héctor Alejandro Pérez (Tabasco), Saúl Ruíz (Tabasco), Ángel de Jesús González (Tehucán) y Federico Enyer Valiente (Tehucán), y de Tanzania: Enock Rutashubanyuma Leopold (Bunda).

Han comenzado sus estudios de Teología en el seminario de sus respectivas diócesis de origen y han terminado sus estudios en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

 

 

Dios no nos deja solos, pues sigue suscitando nuevos pastores, servidores de sus hermanos los hombres.

Los nuevos diáconos proceden de tres países. Dos de Nicaragua: Pedro Antonio Martínez Mena (diócesis de Granada) y Jairo Antonio Calero (Juigalpa); cuatro de México: Héctor Alejandro Pérez (Tabasco), Saúl Ruíz (Tabasco), Ángel de Jesús González (Tehucán) y Federico Enyer Valiente (Tehucán), y de Tanzania: Enock Rutashubanyuma Leopold (Bunda).

D. Juan Antonio Aznaréz

El rito propio de la ordenación comenzó después del Evangelio con la presentación de los candidatos que han sido considerados dignos de recibir el sacramento del orden. Posteriormente tuvo lugar la homilía.

El obispo consagrante, D. Juan Antonio Aznaréz, obispo auxiliar de Pamplona y Tudela, comenzó su homilía dirigiendo un afectuoso saludo a los familiares de los ordenandos que al no poder viajar hasta Pamplona estaban siguiendo la ceremonia por internet.

Juan Antonio recordaba al inicio de sus palabras la feliz coincidencia del día de la ordenación y la fiesta de Pentecostés: nos recuerda la ordenación de los siete diáconos relatada por los Hechos de los apóstoles, y los siete dones del Espíritu Santo que descendió tal fiesta como hoy sobre los apóstoles.

Dirigiéndose a los nuevos diáconos, les animó a considerar que el Paráclito es quien hará su obra a través de ellos si son instrumentos dóciles en sus manos. Tomando pie del Evangelio de la Misa del día, en el que Jesús se presenta resucitado ante los apóstoles y sopla sobre ellos el Espíritu Santo, les hizo considerar cómo Dios, que eligió a los Apóstoles conociendo su debilidad, los eligió también a ellos conocedor de sus debilidades.

A pesar de sus debilidades, Jesús mismo les encomienda una misión: dar a conocer la misericordia de Dios a través de la Palabra y la Eucaristía. Y para ser capaces de servir fielmente a esa misión ellos mismos deben alimentarse de la Palabra de Dios y de la Eucaristía.

Fidelidad al ministerio

Una vez concluida la homilía, los candidatos realizaron las promesas de fidelidad al ministerio y de obediencia al obispo. Después tuvo lugar el momento de la postración en el que todo el pueblo invoca la intercesión de los santos por los ordenandos que, postrados en tierra, piden con humildad el auxilio del cielo.

A continuación, tuvo lugar la imposición de manos y la plegaria de la ordenación en virtud de la cual los candidatos son ya nuevos diáconos, recibiendo la estola cruzada y la dalmática, ornamentos que caracterizan al orden de los diáconos.

Después del rito de la ordenación, los nuevos diáconos accedieron al presbiterio y comenzaron a ejercer su ministerio ayudando al obispo en la celebración eucarística; y también en el momento de la comunión, fueron los nuevos diáconos los que, junto al obispo consagrante, distribuyeron la comunión entre los asistentes.

En nombre de los nuevos diáconos

Una vez concluida la ceremonia, Pedro Antonio Martínez, en nombre de los nuevos diáconos pronunció unas palabras de agradecimiento a Mons. Juan Antonio Aznárez, al párroco de san Nicolás y a las demás autoridades eclesiásticas. De modo especial agradeció al rector y a los formadores del Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa la formación recibida durante estos años.

Los agradecimientos se hicieron extensivos a los benefactores, al CARF y a la Fundación Vasconia que han hecho posible esa aventura vocacional que comenzó hace años en lugares muy distantes de esta ciudad de Pamplona. No faltaron las palabras de gratitud a las personas que atienden el servicio doméstico de Bidasoa que de manera sacrificada han cuidado de los seminaristas especialmente en este tiempo de confinamiento.

Y agradecimiento también a tantas personas que de un modo u otro siguen creyendo en la fuerza de la petición a Dios para que siga enviando trabajadores a su mies, también en estos tiempos de pandemia: tiempos de incertidumbre, pero también tiempo de esperanza.

 

 

CARF ha preguntado a alguno de estos diáconos sobre su vocación, algunas características de su país y alguna experiencia vivida durante el confinamiento

El obispo consagrante, D. Juan Antonio Aznaréz, impone las manos y se reza la plegaria de la ordenación en virtud de la cual los candidatos son ya nuevos diáconos, recibiendo la estola cruzada y la dalmática, ornamentos que caracterizan al orden de los diáconos.

Testimonios de los nuevos diáconos  

CARF ha preguntado a alguno de estos diáconos sobre su vocación, algunas características de su país y alguna experiencia vivida durante el confinamiento.

Saúl Ruiz García

Saúl Ruiz García tiene 33 años. Lleva cuatro años de formación en Bidasoa. A los 15 años descubre la llamada de Dios mientras participaba en un movimiento de adolescentes en su parroquia en el municipio de Nacajuca, diócesis de Tabasco en México. “El testimonio de vida de los sacerdotes que nos acompañaban en la parroquia, fue una inspiración para escuchar la voz de Dios que me susurraba al oído: «Ven, sígueme», afirma.

Tras concluir sus estudios universitarios, respondió al llamado que Dios me hacía siete años atrás pero que cada día recordaba cómo la primera vez: «Ven, sígueme».

“Este tiempo de pandemia ha sido un momento de encuentro verdadero con Dios en la oración, y de la misma manera, un acercamiento más a la Virgen María, pues a ella he recurrido en incontables ocasiones para solicitar su intercesión por todos. Ella que ha cuidado de Jesús cuide también de toda la humanidad”.

Héctor Alejandro Pérez

Héctor Alejandro Pérez tiene 25 años. Lleva ocho años en el seminario, cuatro en el de su diócesis de Tabasco y cuatro en Bidasoa. “Mi vocación nació cuando pertenecía al grupo de monaguillos de mi parroquia y a un grupo de misión, donde conocí a Dios y el gran valor que tienen los sacerdotes. Vengo de una familia católica que me enseñaron desde muy pequeño el valor de la fe”, cuenta.

Aunque México es un Estado laico, agradece que el país respete mucho la fe, porque, además, hay mucha devoción. “Algo que me ha enseñado esta cuarentena es que la iglesia no son los templos sino las personas, pues muchas familias se han convertido en iglesia doméstica”, afirma.

Ángel de Jesús González

Ángel tiene 25 años y lleva cuatro años en Bidasoa cursando el Bachiller en Teología. Cuando entró en el Seminario con 14 años, tenía poca idea de lo que iba a hacer allí. El formador del Seminario menor le dio una pista para descubrir su vocación: disfrutar de cada momento y de cada día. “Fui entendiendo que mi vocación era una relación de amor con Dios que día a día tenía que ir dejándome enamorar por Él. Yo tenía que corresponder disfrutando cada día y dejándome amar por Él”, señala.

Durante este confinamiento, además del rezo del Santo Rosario, le ha ayudado también rezar una jaculatoria que su madre le enseñó de niño para cuando alguien estuviera enfermo: “María, salud de los enfermos, rogad por ellos y por nosotros”. Sus padres no han podido acompañarle en su ordenación diaconal por el coronavirus, a pesar de que habían ahorrado estos años para asistir. “Lo hemos visto con ojos de fe. Preguntamos al Señor qué quería de nosotros en estas circunstancias. Y como familia nos refugiamos todos en el rezo del santo Rosario. Y aunque estábamos lejos físicamente, hemos estado más unidos que nunca y nos hemos unidos en oración, y nos hemos unido por internet en las distintas consagraciones en este tiempo”.

Pedro Antonio Martínez Mena

Pedro Antonio tiene 29 años y lleva cuatro años de estudio en Bidasoa. Después de terminar la universidad, licenciándose en Arqueología, se decidió entrar en el Seminario. “Al principio mi papá y mi mamá no me apoyaban, pero en 2013 mi papá falleció. Fue muy difícil, pero me di cuenta de la cercanía del Señor, necesitábamos su consuelo, sobre todo mi mamá y mi hermano”. En su vocación también influyó su bisabuela materna con la cual asistía a los rosarios y a las misas, y también una tía materna.

Reza por su país, Nicaragua donde actualmente hay focos contra la libertad religiosa y los obispos se han puesto al frente de los derechos humanos.

En este tiempo de pandemia, se ha refugiado en la Virgen, en la Señora de Calendaría. Y cuenta una anécdota: “Me llamó una amiga de Madrid, Carmen, para decirme que el hermano de una amiga, Roberto, había fallecido. Me decidí a pedir a uno de los formadores grabar un responso y se lo enviamos a esta persona que se quedó muy agradecida y dijo que sintió el consuelo de los sacerdotes y la cercanía del Señor”.

Jesús Melean, un seminarista de Bidasoa, entrevista a los nuevos diáconos en este vídeo del perfil de Facebook. Rezamos por todos ellos y nos unimos a la campaña de CARF: «Qué ninguna vocación se pierda». 

Para ver la celebración de la ordenación en este vídeo:

Una vez concluida la homilía, los candidatos realizaron las promesas de fidelidad al ministerio y de obediencia al obispo. Después tuvo lugar el momento de la postración en el que todo el pueblo invoca la intercesión de los santos por los ordenandos que, postrados en tierra, piden con humildad el auxilio del cielo. 

Con la colaboración de: José Ángel García Cuadrado, profesor de Antropología Filosófica en la Facultad Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra. Formador del CEI Bidasoa.

 

Colabora con un donativo para que ninguna vocación se pierda

Cada año más de 800 obispos de todo el mundo solicitan ayudas al estudio para sus candidatos, que necesitan de personas generosas que les ayuden a completar su formación eclesiástica. Desde CARF hemos arrancado una campaña para que el próximo curso puedan estudiar 20 seminaristas más.

Conoce la campaña al completo

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