P. Queirós: “En Angola, la Iglesia católica ayuda a reconstruir un país tras años de guerra”

El padre Queirós Figueras

P. Queirós: “En Angola, la Iglesia católica ayuda a reconstruir un país tras años de guerra”

20 min
El padre Queirós Figueras nació en Angola hace 42 años. Estudia Comunicación Institucional en la UPSC en Roma. De niño padeció los sufrimientos de la guerra en su país. Y como sacerdote, ha visto el desastre en términos de pobreza y falta de desarrollo. "Desafortunadamente, los casi treinta años de conflicto militar han provocado, en Angola, no solo víctimas y refugiados, sino también pérdidas de capital físico y económico", afirma.

El padre Queirós Figueras nació en Kibala, en la Província de Kuanza-sur, en Angola, el 14 de julio de 1978. Estudia la Licenciatura en Comunicación en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma gracias a una beca de CARF – Centro Académico Romano Fundación. De niño sufrió los sufrimientos de la guerra en su país. Y como sacerdote, ha visto el desastre en términos de pobreza y falta de desarrollo de su país. «Desafortunadamente, los casi treinta años de conflicto militar han provocado, en Angola, no solo víctimas y refugiados, sino también pérdidas de capital físico y económico», relata. 

Por eso, afirma que con la ayuda de Dios se podrá reconstruir un país, darle unas perspectivas nuevas para encontrar la paz y para que la gente de Angola pueda recuperar las condiciones básicas de una existencia devastada por la guerra. 

“Había una vez una viejita…”  

Había una vez una viejita que vendía cola y jengibre
y por la tarde lavaba la ropa de un jefe importante.
Y nosotros, los niños, saliendo de la escuela le preguntábamos a la abuelita:
“Cuál es la razón de nuestra pobreza y de todo el sufrimiento?”.
Y ella contestaba:
“Ay, niño, ¡no sé de política!”.
Pero la viejita, sumergida en sus pensamientos,
sabía, pero no decía, la razón de aquel sufrimiento.

Son las letras de una canción maravillosa, cuyo título es “Velha chica” (la viejita). La escribió Waldemar Bastos, un cantante y músico angoleño que se crió en Portugal, huyendo de la guerra en su país. Bastos cantó la misma canción con la famosa cantante portuguesa Dulce Pontes que se puede ver aquí en YouTube. 

Con las notas y las letras de esta canción en el fondo, nos encontramos con el padre Queirós Figueira, para continuar con nuestros reportajes sobre la Facultad de Comunicación Institucional con ocasión del 25 aniversario de su fundación.

Comunicar la fe en Angola

P. Queirós, muchísimas gracias por compartir con nosotros, en su portugués tan bonito, la historia suya y de su país.
Gracias a ustedes, es un placer poder comunicarme con los lectores de lengua española.

La canción Velha chica, de Waldemar Bastos, nos cuenta el sufrimiento de un pueblo inocente y las preguntas de los niños frente a la guerra. ¿Fue usted uno de aquellos niños en Angola? 
Sí, como la mayoría de los niños de mi generación. De hecho, yo nací en un pueblo llamado Utende, en el municipio de Kibala, pero tuve que mudarme con mi familia a la ciudad de Luanda, donde crecí en las afueras de la capital con mis padres y hermanos, siendo yo el segundo hijo de siete hermanos. Nos tuvimos que escapar debido a la guerra civil que vivía el país en ese momento, en 1983.

Rodeado de una fe muy viva 

Así que pudo usted crecer bastante protegido…
Pues sí, y rodeado de una fe muy viva. Recién llegado a Luanda, comencé a frecuentar la Parroquia de Nossa Senhora das Graças. Crecí en esta Parroquia, participando en la catequesis de la niñez y de la adolescencia y siendo parte de los grupos de acólitos y misioneros que se ocupaban de nosotros, niños y jóvenes. Entonces en 1995 hice mi primera comunión y en 1997 recibí el sacramento de la confirmación. En ese momento ya estaba asistiendo al grupo vocacional y en 1998  pedí entrar al Seminario de la Arquidiócesis de Luanda, para asistir al curso introductorio. Fue una época bonita, de hecho pude profundizar el llamado que el Señor había puesto en mi corazón a servirle como sacerdote. Pero un año después, tuve que dejar el seminario para hacer el servicio militar obligatorio.

¿Y tuvo usted que ir a la guerra?
No, gracias a Dios y a la oposición de mi familia. Así que pude volver al seminario y pude asistir al curso de Filosofía y de Teología en 2009. En aquella época, la ciudad de Luanda tan sólo tenía una diócesis, que fue dividida en tres en 2007 por el Papa Benedicto XVI. Así que dejé la Arquidiócesis de Luanda y fui ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2010 en la Diócesis de Viana, por Monseñor Joaquim Ferreira Lopes, primer obispo de esa misma diócesis.

 

«Los casi treinta años de conflicto militar han provocado, en Angola, no solo víctimas y refugiados, sino también pérdidas de capital físico y económico»
El padre Queirós Figueras.

El padre Queirós Figueiras estudia la Licenciatura de Comunicación Institucional en la Facultad de Comunicación, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma. Nació en Kibala, en la Província de Kuanza-sur, en Angola, hace 42 años. Es el segundo de siete hermanos. De niño sufrió el horror de la guerra pero afirma que siempre creció con el apoyo de la familia y de una fe muy viva. Se libró de la guerra gracias a Dios y a la ayuda de su familia. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2010 en la Diócesis de Viana, por Monseñor Joaquim Ferreira Lopes, primer obispo de esa misma diócesis.

Enfrentarse a las consecuencias del conflicto 

Usted se ha enfrentado como sacerdote con las dificultades de la posguerra angoleña y las consecuencias del conflicto…
Efectivamente. Ya en mi periodo de aprendizaje pastoral, antes de la ordenación diaconal, pude ver, en los territorios de las parroquias donde prestaba mi servicio, el desastre en términos de pobreza y falta de desarrollo. Desafortunadamente, los casi treinta años de conflicto militar han provocado, en Angola, no solo víctimas y refugiados, sino también pérdidas de capital físico y económico (infraestructura, viviendas, trabajo), lo que ha inducido una reducción del bienestar del país, que sigue siendo uno de los más pobres en el mundo.

Hay que recordar que Angola sufrió una de las más largas y sangrientas guerras civiles de nuestra época.
Sí, de hecho empezó tras la proclamación de la independencia nacional en 1975, en una lucha abierta entre tres partidos, el Movimiento de Liberación Popular de Angola (MPLA), la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA).

El fin de la guerra 

Y fue un conflicto interétnico pero, al mismo tiempo, también fue una de las muchas “guerras por poder” que caracterizaron la Guerra Fría: de hecho, una de las principales características del conflicto fue la participación directa e indirecta de otros países como la URSS, Cuba, Sudáfrica y el Estados Unidos.
Así es… Y sólo llegó a su fin en 2002, con la muerte del líder de la UNITA, Jonas Savimbi. Con el fin de la guerra, el enfoque en Angola se centró claramente en las posibilidades de paz para generar prosperidad en el país, junto con la noción cada vez más clara de que las prioridades nacionales evolucionaran de un contexto de emergencia a un contexto de desarrollo, priorizando el crecimiento con diversificación económica, la lucha contra el hambre y la reducción de la pobreza.

Niños soldados 

Cuando terminó la guerra en 2002, con la victoria del MPLA, más de 500 mil personas habían muerto y más de 1 millón habían sido obligadas a abandonar sus hogares. La infraestructura del país quedó devastada. La Iglesia sigue necesitando la ayuda de los cristianos de todo el mundo. ¡Sin mencionar a los niños soldados! Human Rights Watch (HRW) estimó que UNITA y el gobierno emplearon entre 6 mil y 3 mil niños soldados respectivamente durante la guerra, algunos a la fuerza. Además, los análisis de HRW mostraron que entre 5 mil y 8 mil niñas menores de edad tuvieron que casarse con milicianos de UNITA. Como pasaba con el ISIS en Siria e Irak, también en Angola los milicianos de la UNITA eran recompensados ​​con mujeres, que a menudo sufrían abusos sexuales.

Sí, y muchos tuvieron que ser reubicados después de la guerra. La reunificación de familias separadas por la guerra es una de las prioridades. De hecho las condiciones de vida de la población, tras los desplazamientos forzados, con la inseguridad, la escasez de comida que provoca desnutrición, los problemas para acceder al sistema de salud y de educación, son muy mala. Después de la guerra, los gobiernos angoleños lanzaron una estrategia de lucha contra la pobreza que, como consecuencia directa del conflicto, afecta sobre todo a las zonas rurales, pues la guerra limitó el acceso de la población a las áreas de cultivo y los mercados, y destrozó los recursos de los campesinos; vació los campos de trabajo obligando a  miles de personas a desplazarse a las ciudades.

Reconstruir un país 

¡Muchísimo trabajo por hacer!
Con la ayuda de Dios… Hay que reconstruir un país, darle unas perspectivas nuevas relacionadas con la paz para que la gente de Angola pueda recuperar las condiciones básicas de una existencia devastada por la guerra. En términos materiales (recuperación del capital físico, de la movilidad territorial en condiciones seguras, reencuentro y reunificación de familias separadas por la guerra, crecimiento de la economía y de las oportunidades de trabajo, acceso a bienes y servicios) como espirituales y humanos. La Iglesia católica, en particular, a través de sus misioneros, sigue tratando de ayudar al gobierno en la reconstrucción del tejido social, en proporcionarle a la población alimentos, instrucción y formación profesional, además de asistencia sanitaria  en la lucha contra la llaga del SIDA.

«Con la ayuda de Dios, hay que reconstruir un país, darle unas perspectivas nuevas relacionadas con la paz para que la gente de Angola pueda recuperar las condiciones básicas de una existencia devastada por la guerra»
El padre Queirós Figueira.

Desde su ordenación hasta 2019, fue párroco de una de las parroquias más pobladas de Viana: la Parroquia de São Paulo. «Aquí pude ver cuán grande es la misión a la cual Dios me llama y nos llama a todos los sacerdotes», afirma el P. Queirós. 

Este sacerdote angoleño explica que la Iglesia católica, en particular, a través de sus misioneros, sigue tratando de ayudar al gobierno en la reconstrucción del tejido social, en proporcionarle a la población alimentos, instrucción y formación profesional, además de asistencia sanitaria  en la lucha contra la llaga del SIDA.

¡Qué grande es la misión a la que Dios me llama! 

En un mundo tan globalizado como el nuestro, la única institución que queda al lado de la gente cuando el estado falla, la economía falla y la sanidad falla es la Iglesia católica. A pesar de guerras y persecuciones, los sacerdotes y los misioneros permanecen en aquellos lugares y entre aquellas personas que más padecen la injusticia. 
Sí, de hecho, desde mi ordenación hasta 2019, fui párroco de una de las parroquias más pobladas de Viana, que es la Parroquia de São Paulo. Aquí pude ver cuán grande es la misión a la cual Dios me llama y nos llama a todos los sacerdotes.

Y estudiar comunicación, ¿por qué? 
Pues, es la nueva frontera… Siendo también director de Radio María-Angola y Vicario Episcopal para la Evangelización y la Catequesis, me di cuenta de que hoy, en un mundo dominado por las nuevas tecnologías, la Iglesia debe capacitar a sus miembros para que se adapten a los nuevos métodos de transmisión de la fe. Sabemos que el mensaje es el mismo, la doctrina es la misma, pero los métodos de transmisión están cambiando y necesitamos mantenernos al día con estos nuevos desafíos. Ya el Concilio Vaticano II, en el Decreto conciliar “Inter Mirifica”, dio este paso, pidiendo a los pastores que utilicen los medios tecnológicos para evangelizar. Por lo tanto, mi obispo me mandó a estudiar en Roma, en la Facultad de Comunicación Social e Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

Fermentar la masa de la sociedad 

Así, los sacerdotes cuya misión es evangelizar vienen a Roma para formarse con una buena y sólida formación académica y espiritual para luego volver a sus países y ser como levadura que fermente toda la masa de la sociedad y devolverle el alma que muy a menudo le fue arrastrada por la guerra y la violencia.
Éste es precisamente mi deseo: quiero regresar a mi país, dentro de un año y medio, y ayudar a mi diócesis a desarrollar su cuidado pastoral y de evangelización, gracias a la excelente formación recibida en esta gran Universidad Pontificia, donde me encontré con profesores que cuidan no solamente del crecimiento académico de los estudiantes, sino también del desarrollo humano y espiritual, que es tan importante como las herramientas teológicas y de comunicación.

Gracias a los benefactores 

Muchas gracias, padre Queirós… Nos da un mensaje de esperanza, a pesar de todo lo que su país ha sufrido. Como vemos en Angola. en Siria o Irak y en muchos países que siguen sufriendo por la guerra, los conflictos se terminan pero las heridas y las cicatrices se quedan… Sin embargo, no tenemos que perder la fe 
¡Por supuesto! Y más, veo que hoy Angola necesita urgentemente a personas capacitadas en diversas áreas del conocimiento, precisamente porque las consecuencias de la larga guerra que asoló al país aún hoy son visibles. Por esta razón, quiero agradecerles a los benefactores de CARF – Centro Académico Romano Fundación, a la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y a la Iglesia Católica por toda la ayuda proporcionada no solamente a mi, sino a todo Angola y a los angoleños a través de la formación de los sacerdotes.

Una Iglesia universal 

Por esto la Iglesia es católica, que quiere decir “universal”, de todo el mundo. Ya no somos solamente judíos o griegos, como bien decía San Pablo, o españoles o italianos… Todos los cristianos somos ciudadanos del mundo, y por lo tanto angoleños, iraquíes, chinos, sirios, etc.

Y el tiempo pasó
Y la viejita se hizo aun más vieja
Se hizo una cabaña con techo de zinc.
Y quién ve hoy el rostro de esa señora,
solo ve las arrugas del sufrimiento.
Y ahora ella solo dice:
Ay, niño, cuando me muera
quiero ver Angola y el mundo en paz

 

Como ella, todos queremos ver por fin el mundo en paz.

Con la colaboración de: Gerardo Ferrara

Representante de CARF en Roma, escritor y experto de historia en Oriente Próximo 

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