“Que ninguna vocación se pierda”: Once seminaristas cuentan su testimonio

“Que ninguna vocación se pierda”: Once seminaristas cuentan su testimonio

10 min
El pasado domingo 3 de mayo, CARF inauguró su campaña “Qué ninguna vocación se pierda” con un encuentro virtual de puertas abiertas entre seminaristas de Bidasoa en Pamplona y Sedes Sapientiae en Roma.

José Calderero, periodista, moderó este seminario de puertas abiertas en el que todos los participantes pudieron conocer de manera online, a los rectores de ambos seminarios a los que ayuda CARF: D. Juan Alonso García, Rector del Colegio Eclesiástico Internacional BIDASOA (Pamplona) y D. Javier Canosa, Rector del CEI SEDES SAPIENTIAE en Roma.

Varias decenas de benefactores se unieron a este encuentro único en CARF. Calderero comenzó felicitando a todas las madres por celebrar este seminario en el Día de la Madre. Y es que muchos de los seminaristas mencionan la influencia de sus madres en su vocación.

Las cuatro cercanías del sacerdote

El rector de Bidasoa, D. Juan Alonso inició su intervención recordando los 32 años desde que se erigió el Seminario, por el que han pasado más de mil seminaristas y se han ordenado 600 sacerdotes en todo el mundo.

“Un sacerdote da consuelo en medio del mundo, hace presente al Señor. Hoy se espera de los sacerdotes 4 cercanías: que estén cerca de Dios, cerca de su obispo, cerca de los sacerdotes de su diócesis y cerca de los fieles. A los benefactores les digo: un sacerdote es una inversión increíble”, dijo D. Juan Alonso

Seis seminaristas de Pamplona

Los seminaristas que contaron su testimonio del CEI Bidasoa fueron: FRANCISCO JOSÉ LUCERO Diócesis de Santiago (Guatemala); JOSÉ MIGUEL Diócesis no declarada (China). LAWRENCE KAWAGGA Diócesis Kasana-Luweero (Uganda), AXEL DAVID CASTILLO Diócesis Santa Rosa de Lima (Guatemala), JULIO CÉSAR MORILLO Diócesis de Cabimas (Venezuela), y MASAHIRO YUKI Diócesis de Oita (Japón).

Lawrence Kawagga tiene once hermanos y se quedó huérfano de padre de joven

Este es el testimonio de Lawrence Kawagga, de la Diócesis Kasana-Luweero (Uganda) (foto de portada).

“Vengo de una familia católica de doce hermanos. En 2002 murió mi padre y mi madre se quedó sola para sacar la familia adelante. Yo le ayudaba vendiendo leña y hojas de plátano en la ciudad. Recorría diez kilómetros desde la casa a la ciudad durante la semana y los fines de semana. En 2005, siendo monaguillo, descubrí mi vocación y  desde ese momento quería entrar al Seminario, pero el costo era muy grande. Por lo tanto, me fui a estudiar a una escuela protestante. Un día, le pedí al director que permitiera que un sacerdote católico celebrara misa para los alumnos católicos y lo aceptó.».

«Unos años después, en 2011 como seguía queriendo entrar al Seminario, un sacerdote me ayudó económicamente a ingresar.  Tuve la suerte de que el obispo junto con otras personas, me ayudaron a entrar en el Seminario Mayor. Allí estudie tres años bachillerato de Filosofía y luego dos años de Teología. Luego mi obispo me envió a estudiar al Colegio Eclesiástico Bidasoa para continuar con mi formación en la Universidad de Navarra. Soy el único de mi familia que ha estudiado en la Universidad y mi madre está muy orgullosa. Agradezco a CARF y a todos los benefactores que nos ayudan en lo material y en la oración”.

Francisco José descubrió su vocación con el rosario

Francisco José Lucero comentó que su llamada a seguir al Señor en el sacerdocio tuvo lugar cuando él tenía 27 años. “Tenía mi vida hecha y eso me produjo muchas dudas”. Decidió entonces refugiarse en el rezo del Rosario con un audio y un rosario que le habían regalado en un retiro espiritual. Un día, su hermana le pidió que si le podía dar ese audio y el rosario para un amigo suyo. En un primer momento dijo que no. Pero luego recapacitó y se lo entregó. “Al cabo de tres días mi hermana me llamó para decirme que su amigo había comenzado a rezar el rosario y que estaba muy feliz. A mí me generó una alegría muy bonita que viene de Dios». 

Al poco tiempo su hermana le comunicó que su amigo había tenido un accidente y que había fallecido. «Esa noticia me pegó muy fuerte. La dudas que tenía respecto a mi vocación se disiparon porque el hecho de que le dejara ese rosario al amigo de mi hermana poco antes de morir, me hizo sentir que era un instrumento del Dios. Un pequeño SÍ que nosotros damos, se puede convertir en algo gigante. Tres años después de este suceso, aquí estoy, en Bidasoa, con el rosario en la mano ,y confiando mucho en Dios» relata Francisco José. 

Lawrence: “De joven, recorría diez kilómetros diarios para vender leña y hojas de plátano”

Julio Cesar Morillo, tiene 33 años y es seminarista de de la Diócesis de Cabimas (Venezuela) Estudia en las Universidades Eclesiásticas de Navarra y es residente del Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa. Había llegado a la cumbre de su proyecto profesional y personal, era profesor universitario, pero algo le faltaba. “Comenzó en mi una constante búsqueda de lo que me faltaba y Dios empezó a hablarme de distintos modos». 

José Miguel, el seminarista chino que sobrevivió a la política de hijo único

José Miguel es el segundo hijo de una familia china y nació cuando el Gobierno de su país todavía aplicaba con severidad la política del hijo único. José Miguel no puede ser muy preciso en sus datos. Es de China, de una diócesis de la que prefiere no decir el nombre para evitar problemas con las autoridades. Sin embargo, el anonimato le permite hablar claro, en primera persona, contra la terrible política del hijo único implementada durante demasiados años en el gigante asiático.

La conoce bien porque José Miguel es el segundo hijo de una familia China y nació «cuando el Gobierno todavía ponía en práctica esta ley». Por ello, la alegría de su madre por tener una vida creciendo en su interior dio paso, rápidamente, al miedo a que el Gobierno pudiera enterarse y acabara con la vida de su segundo hijo. Así, hubo de y madre fue forzada a abortarme en el hospital». Cuando ya estaba esperando, se agarró a la oración «y me ofreció a Dios para hacer su voluntad en el futuro». Y sucedió el milagro. «Apareció una doctora desconocida, que ayudó a mi madre a darme a luz». Lo cuenta José Calderero en Alfa y Omega.

Axel sufrió con 14 años el dolor de la muerte de su padre

Axel creció en una familia católica, frecuentaba la eucaristía y participaba en un grupo de la parroquia. Desde pequeño sentí la llamada de Dios. Cuando tenía 14 años, su padre falleció y su madre se hizo cargo de sus 4 hermanos. Él es el mayor. “La llamada del Señor seguía, pero no podía responderle por mi situación familiar. Pero al final, pude responder a su llamada”, afirma.

Entonces, ingresó en el Seminario Mayor de la Asunción. Para su familia y su comunidad fue un momento de alegría. “Espero regresar a mi país para contribuir a la evangelización de las comunidades. Quién colaborar con la formación de los futuros sacerdotes de nuestra Iglesia. Quién ayuda a la formación de sacerdotes y seminaristas, edifica sobre su tumba un altar”.

Julio Cesar: “Tenía de todo, pero no encontraba la felicidad”

Julio César tiene 33 años. Desde joven participó en los Encuentros Familiares de Venezuela, un movimiento que impulsa los valores familiares y el compromiso a los jóvenes para crear una familia. “Formar una familia es lo que planificaba en mi vida”, señala.

De padres divorciados, se graduó en Ingeniería del Petróleo. “Mi madre me apoyó en mis estudios y pude apoyar a la familia para salir adelante”. Había llegado a la cumbre de su proyecto profesional y personal, era profesor universitario, algo con lo que siempre había soñado, pero algo le faltaba.

“Comenzó en mí una constante búsqueda de lo que me faltaba y Dios empezó a hablarme de distintos modos. Mi director espiritual me ayudó.  Pero tuve miedo a dejarlo todo: formar una familia, mis estudios, mi trabajo. Entonces me acordé de una frase de San Juan Bosco: cuando se trata de seguir la vocación, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo. Ahora cada día me siento más feliz”.

Julio Cesar agradece a todos los que le ayudan a sacar su vocación adelante. “Poder formarse con seminaristas de distintas culturas y poder recibir una excelente formación teológica es lo mejor de estudiar en Bidasoa”.

Masahiro, de ateo a seminarista

Masahiro proviene de una familia sin creencias. De hecho, sigue siendo el único católico de su familia. Cuando tenía 17 años, despertó en él un interés por la historia de la Iglesia Católica, una institución que él veía muy atacada por la sociedad.  Cuenta su vocación en otro artículo publicado por CARF.

Michael de Tanzania, junto con otros tres seminaristas, serán ordenados diáconos el próximo 24 de mayo en Roma. 

MICHAEL LUSATO, de la Diócesis de Bunda (Tanzania), quiso hablar de la importancia de los ancianos de en la vocación de los jóvenes. “Descubrí mi vocación por una persona mayor, un catequista de mi parroquia. Él rezaba por mí, para que fuera sacerdote». En la foto aparece con D. Javier Canosa, rector del Colegio Eclesiástico Sedes Sapientiae en Roma. 

Cinco seminaristas de Sedes Sapientiae

Tras los testimonios de los seminaristas de Pamplona, llegó el turno de los de Roma, todos residentes del Colegio Eclesiástico Internacional Sedes Sapientiae y estudiantes de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

Abrió el turno Javier Canosa, rector del CEI Sede Sapientiae quien destacó la oportunidad de los seminaristas de “tener esa cercanía con el Papa, escuchar sus palabras, pero también la de acompañarle más de cerca y llevarle el cariño, el afecto y la unión de sus diócesis de orígenes”. Canosa, además, subrayó “el sentido universal que adquieren los seminaristas” al estudiar en un centro internacional como el Sede Sapientiae.

Federico: “La confesión es una experiencia de paz y de comunión”

FEDERICO TORRES, de la diócesis de San Roque (Argentina) relató el camino que ha ido recorriendo hasta llegar al Seminario con la ayuda de Dios, en especial de la eucaristía y de la confesión, sacramento con el que experimenta “paz, alegría y la comunión con Dios y con la Iglesia”. Su párroco, una persona muy cercana y familiar, fue quien le ayudó a reflexionar sobre su vida sacerdotal. Su familia siempre le apoyó. Además, en su juventud la participación a los encuentros vocaciones en el seminario de su diócesis, fortalecieron el deseo de entregarse más al Señor. “Mi deseo es conducir a otras personas a estar más cerca de Jesús”, afirma.

José y su encuentro con un Sagrario de madera en un poblado indígena

 JOSE SAMPIERI AGUILAR, de la archidiócesis de Puebla de los Ángeles (México) contó su testimonio de vocación:

“De joven participé en un grupo de misiones en zonas rurales e indígenas, realizando una labor humanitaria y de evangelización. La primera vez que llegué una capilla muy sencilla, donde el sacerdote iba una o dos veces cada semestre por la dificultad de la zona, vi una pequeña caja de madera que me pareció un Sagrario. Dentro había formas eucarísticas. Aquello me golpeó bastante. Y mi primera pregunta fue: Señor ¿qué haces aquí en un contexto tan lejano? Y la respuesta que me dio el Señor fue: “Cómo qué hago aquí, si estoy en mi casa”.

«Otro hecho que me conmovió fue cuando el grupo de misiones pudimos dar la comunión con esas formas consagradas a una señora anciana de 93 años, sin familia, que estaba a punto de fallecer. La ayuda médica no llegó a tiempo, pero sí la ayuda del alma. Días después falleció. El Señor coge instrumentos donde la medicina de las almas llega antes que la del cuerpo”.

Alejandro: “Mi familia no estaba contenta con mi vocación. Ahora me dicen que también es un regalo”

ALEJANDRO RANGEL JIMENEZ, de la diócesis de Margarita (Venezuela) dio las gracias a los benefactores por compartir este encuentro, y les invitó a todos a su isla, Margarita, “qué es un paraíso en la tierra que Dios nos regaló”. Siempre se ha sentido bendecido por el Señor y no por sus méritos, sino porque le encontraba muy cerca. Al principio su familia no estaba muy de acuerdo con mi vocación, y menos su madre cuando se fue a Roma. “Pero el verano pasado, después de 3 años sin ver a su familia, me reencontré con mi familia y ahora no solo no estaban contentos con mi vocación, sino que se gloriaban. Siempre he sido muy querido y mimado, pero ahora veían que la vocación era también un regalo para mi familia, eso me decían. Eso quiebra a las personas. El Señor cambia las vidas”.

Michael y la importancia de los ancianos en la vocación de los jóvenes 

MICHAEL LUSATO, de la Diócesis de Bunda (Tanzania), hizo hincapíe en la importancia de los ancianos de en la vocación de los jóvenes. “Descubrí mi vocación por una persona mayor, un catequista de mi parroquia. Él me dijo que rezaba por mi para que fuera sacerdote. La primera vez que me dijo esto, no sentía nada. La segunda vez ya me lo volví a pesar. Entonces recé una novena para preguntar al Señor si me llamaba o era una ilusión. Al terminar esta novena sentí la voz del Señor. Creo que los ancianos son muy importantes para ayudar a los jóvenes a descubrir su vocación”.

JACOBO LAMA ABREU, de la diócesis de Santo Domingo República Dominicana fue otro seminarista que compartió su testimonio. Lo cuenta en otro artículo, publicado por CARF.

Cerró el seminario Edgardo Calvente, director de Promoción CARF. “CARF es una fundación privada que se fundó hace más de 30 años. Nuestra misión consiste en servir de puente que une a muchas personas generosas que están dispuestas a apoyar seminarios y sacerdotes de diferentes maneras, y los centros de estudios donde estos seminaristas y sacerdotes se forman en sus ciencias eclesiásticas que son enviados por sus obispos. A veces, alguien descubre su vocación, pero si no tiene medios económicos para poder formarse, quizás esa vocación se pierda. Por eso, este es el lema de esta campaña, que ninguna vocación se pierda. Buscamos 2.400 almas generosas que estén dispuestos a dar 150 euros y que sirva para que 20 seminaristas de cualquier lugar del mundo pueda formarse en estos Seminarios”.

 

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CARF es una fundación privada de carácter benéfico. Los primeros 150 euros donados tienen una deducción del 75% en la cuota íntegra del IRPF, gracias a la ley de incentivos fiscales al mecenazgo, el importe real queda en 37,50 euros. La cantidad donada que exceda de 150 euros tiene una deducción del 30% en la cuota. 

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