Seminaristas José Rolando y Ángel, mexicanos: A pesar de la secularización, “México siempre fiel”

Seminaristas José Rolando y Ángel, mexicanos: A pesar de la secularización, “México siempre fiel”

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José Rolando Becerra y Ángel Antonio García Jiménez son dos seminaristas mexicanos y residentes en el Colegio Internacional Bidasoa. Estos meses de verano están en Madrid realizando labores de pastoral en la Basílica Pontificia de San Miguel y en la Colegiata de San Isidro respectivamente. Nos cuentan su vocación y la fe que reina en México a pesar de la creciente secularización.

José Rolando Becerra y Ángel Antonio García Jiménez son dos seminaristas mexicanos y residentes en el Colegio Internacional Bidasoa. Estos meses de verano están en Madrid realizando labores de pastoral en la Basílica Pontificia de San Miguel y en la Colegiata de San Isidro respectivamente. Nos cuentan su vocación y la fe que reina en México a pesar de la creciente secularización.

«Entré en el seminario con 20 años»

José Rolando Becerra Ramírez, tiene 26 años y es originario de la Diócesis de Celaya, Guanajuato, México. Ha concluido su primer curso en el Seminario Internacional Bidasoa, después de haber estado 5 años en el seminario de su diócesis.

«Desde muy pequeño estuve muy relacionado con la vida y el servicio en la Iglesia, pero nunca me había planteado la posibilidad de entrar en un seminario, mucho menos de ser sacerdote. Fui creciendo y con ello crecía mi fe al aprender, poco a poco, más sobre Dios y la Iglesia. El deseo de conocer el camino hacia el sacerdocio se produjo cuando tenia 18 años, es ahí donde inicio un proceso vocacional, para finalmente, entrar al seminario a los 20 años», relata.

Aunque desde mucho tiempo antes sintió el llamado del Señor, le daba miedo la idea de seguirle y dejar todo por Él, «He ido comprendiendo que con Dios no se pierde, pues nos da mucho más de lo que necesitamos. En este tiempo me he dado cuenta de las necesidades que tiene la Iglesia, sobre todo la necesidad de sacerdotes santos. Para mí, cada día es una oportunidad de responder a ese llamado, dando una respuesta con generosidad que nos lleva a rebasar fronteras y encontrarnos con los hermanos», afirma.

Pastoral en la Basílica Pontificia de San Miguel 

En estos meses de verano, realiza labores de pastoral en Madrid, concretamente en la Basílica Pontificia de San Miguel. «La pastoral está llena de grandes experiencias y también de muchos retos. Consiste en ir aprendiendo poco a poco de los sacerdotes y de las personas que trabajan aquí, pues nos enseñan demasiado. Apoyamos en las necesidades de la sacristía, de la atención a los fieles y por el tema de la pandemia, algunas veces también con los filtros sanitarios. Además de cumplir con lo propio de la pastoral, vamos afianzando nuestro trato con el Señor en la oración y con los sacramentos», describe Rolando.

«A pesar de las dificultades en México, tenemos una gran bendición en nuestro país: la Virgen de Guadalupe. Creo que debemos recurrir siempre a Nuestra Señora recordando también las palabras de San Juan Pablo II, “México siempre fiel”. 

José Rolando con el Nuncio de España.

El Nuncio Apostólico en España, Bernardito Cleopas Auza, visitó la Basílica de San Miguel para acompañar a los seminaristas que se encontraban haciendo la pastoral en Madrid: José Rolando Becerra (primero a la izquierda) junto a Benigino de Filipinas y Oscar de Colombia.

«La pastoral en la Basílica Pontificia de San Miguel está llena de grandes experiencias y también de muchos retos. Consiste en ir aprendiendo poco a poco de los sacerdotes y de las personas que trabajan aquí, pues nos enseñan demasiado», expresa. 

Disminuye el porcentaje de católicos 

Según el último censo de población que se realizó en México, el porcentaje de católicos ha disminuido, pasando del 82% al 77% y el de protestantes ha aumentado del 7.5% al 11.2%. «La misión de la Iglesia ha de comenzar por ella misma. Necesitamos una formación sólida entre los fieles católicos, para que fortalezcan su fe y no sean arrastrados por otros caminos. Necesitamos una fe sencilla pero que sepa también dar razón de lo que cree», expresa José Rolando.

Inseguridad y delincuencia 

A este seminarista de Bidasoa le preocupa algunas situaciones de su país:  La pandemia que continua afectando a la pobreza de la gente, que sigue creciendo y con ella la falta de oportunidades para muchos. La inseguridad, la delincuencia, son de las cosas que más se hablan en México, el crimen organizado sigue haciendo de las suyas y provocando miedo y desesperación.

«Lamentablemente hemos tenido que sufrir la pérdida de algunos de nuestros sacerdotes, incluso recientemente han asesinado un sacerdote de la Diócesis a la que pertenezco. México ha ido cayendo paulatinamente en manos del crimen organizado. Duele ver como en las páginas de periódicos y demás medios de comunicación abundan las noticias de asesinatos, de asaltos, de secuestros, de robos, extorciones, etc. Es un país que ha perdido la paz, da miedo caminar por las calles a determinadas horas. Pero a pesar de esto, México no deja de ser tan maravilloso, pues al lado de estas personas que hacen el mal, hay otras con un gran corazón que siguen trabajando por el bien de todos». 

Avanza el secularismo 

Además, en México, como en otros países de Latinoaméríca, el secularismo está avanzando. «Muchos jóvenes ya no quieren escuchar sobre Dios. La asignatura de religión ha ido desapareciendo de las escuelas, poco a poco se va colocando a Dios hacia un lado. Pero aun asi, hay muchas personas que reconocemos la necesidad de Dios en nuestras vidas y por eso es necesario que el testimonio cristiano se haga presente para aquellos que no creen o que se han ido alejando de la Iglesia». 

A pesar de estas dificultades, Rolando no pierde la esperanza: «Tenemos una gran bendición en nuestro país, la Virgen de Guadalupe. Creo que debemos de recurrir siempre a Nuestra Señora recordando también las palabras de San Juan Pablo II, “México siempre fiel”, para que sean un motivo de seguir esforzándonos por llevar el Evangelio, y como lo menciona ahora el Papa Francisco ir contra esa “cultura del descarte”, abriendo horizontes para la llamada “civilización del amor”.

Ángel Antonio: «México es un país hermoso»

De la misma opinión es Ángel Antonio García Jiménez, seminarista de 25 años de la ciudad de Cárdenas, Tabasco, México.

«México es un país hermoso, que cuenta con lo necesario para salir adelante, con una enorme riqueza en todos los sentidos. México como cualquier otro país tienen sus altas y bajas, pero considero que es necesario verlo desde su conjunto. Es cierto que existen situaciones fuertes, pero también es verdad que de México se puede aprender mucho, porque son muchas las cosas buenas que posee».

Ángel considera que el secularismo está avanzando en menos proporción que Europa. Teniendo matices de indiferencia religiosa y cierto ateísmo. Y recuerda que México, Brasil, Colombia y Venezuela son países muy católicos de América Latina.

Raíces católicas muy profundas 

«México es un país muy católico, con raíces muy profundas y que poco a poco va creciendo, lleva un proceso constante y que se sigue extendiendo. Es verdad que se nota el protestantismo, pero de igual manera se notan los conversos», señala.

 

 

«México es un país muy católico, con raíces muy profundas y que poco a poco va creciendo, lleva un proceso constante y que se sigue extendiendo»

Ángel Antonio García en Covadonga.

Ángel Antonio García se encuentra estos meses de verano realizando pastoral en la Colegiata de San Isidro de Madrid. Atiende en la eucaristía, en el servicio a los fieles, en el mantenimiento de los objetos litúrgicos, salones y verificación del inventario. También preparan el material para la catequesis a padres de familia y en algún momento dando una charla al grupo.

«Ha sido una experiencia muy bonita y llena de mucho aprendizaje y sobre todo el poder compartir la fe con los fieles de la Colegiata. Estuve de campamento en Covadonga con un grupo de jóvenes, impartiendo charlas, dialogando con ellos, compartiendo experiencias, la alegría de compartir la fe y aprendiendo unos de otros», relata. 

«Dios salió a mi encuentro»

Ángel Antonio García Jiménez es el segundo de tres hermanos. Actualmente reside desde hace ocho meses en el Colegio Internacional de Bidasoa. Nos cuenta su vocación: 

«He de reconocer que fue Dios quien salió a mi encuentro, me encontró por la noche y me miró con ternura. Mi vacación no surgió en la luz, sino que en la oscuridad el Señor me iluminó.

Tenía 7 años cuando uno amigo me invitó al seminario, Eliseo Hernández Morales, que actualmente es sacerdote por gracia de Dios. A los 14 años buscaba ayuda y encontré un buen director espiritual: era un buen amigo sacerdote de mis padres párroco de Nuestra Señora Virgen del Carmen, a la cual pertenecíamos en esos momentos.

«Un sacerdote me escuchó con atención»

Recuerdo que fue un domingo cuando el sacerdote Pedro Aquino le dijo a mis padres que me llevaran a la parroquia para que platicáramos, que me atendería con mucho gusto. Lo que más me sorprendió y me sigue sorprendiendo es que, como es normal en un pueblo, el sacerdote visita muchas comunidades en domingo, día del Señor. Él estaba muy ocupado pero me comentó que con mucho gusto me atendería.

Durante un periodo de dos horas me escuchó con mucha atención, Yo intentaba hacer un resumen de toda mi vida (muy corta, por cierto), pero con sus altas y bajas. Me atendió sin decir nada y al terminar me aconsejó y por primera vez en mi vida experimenté la misericordia. Fue en ese momento cuando decidí acercarme más a la iglesia.

Empecé a perseverar poco a poco sin ninguna intención de querer ser sacerdote, la verdad es que nunca lo había pensado y no era algo que buscaba, simplemente quería seguir al Señor. Mis primeros pasos fueron muy lentos, pero fueron los necesarios para ser quien soy hoy por hoy. Me preparé para la primera Comunión y al siguiente año para la confirmación.

Un retiro con un grupo juvenil 

Participe en muchos retiros, sobre todo los de Pascua. Me preparé para formar parte del equipo de liturgia de mi comunidad. Quería ser ministro extraordinario de la Sagrada Comunión pero era consciente que necesitaba prepararme más; así que comencé a formarme como parte del equipo de lectores, fue así como empezó mi cercanía con Dios.

A la edad de 17 años viví un retiro con un grupo juvenil que pertenece a la parroquia de San Antonio de Padua de la ciudad de Cárdenas Tabasco. Fue una experiencia que cambió totalmente mi vida, me marcó y me ayudó mucho para dar un giro.

La influencia de mi madre

Muchas personas me preguntaban si por casualidad yo quería ser sacerdote, y mi respuesta siempre era la misma, les decía que no, pero si Dios quería, ¿por qué no?pero  no estaba en mis planes, aunque en el fondo me llamaba la atención. Mi vida interior fue cambiando poco a poco, las misas las vivía cada vez mejor, es cierto que también influyó mucho mi madre que es muy piadosa y de cierta manera me enseñó a vivir la misa de una manera diferente.

Llegó un momento en mi vida en que lo único que quería era servir al Señor, experimentaba una paz que nunca había sentido. Después de la experiencia que tuve a los 21 años de casi morir, conocí a un grupo de jóvenes con los cuales nos reuníamos los sábados por la tarde para rezar y tener charlas formativas. 

Ahí conocí a un joven que había participado en procesos vocacionales y me contó su experiencia. Con 21 empezaba a tener dificultades porque necesitaba tomar una decisión que cambiaría totalmente mi vida. Al final tenía claro que quería ser sacerdote. Me siento llamado.

«¿Aceptas el llamado de Dios?»

Hablé con mi anterior párroco para que me orientara sobre lo que yo quería y me animó a seguir adelante, que si eso era lo que realmente quería que lo hiciera con mucha generosidad y que no apartara mi mirada de Él para no perderme.  Después de vivir un proceso vocacional la iglesia me aceptó como seminarista. Las palabras que me dijo el sacerdote al terminar mi entrevista fueron si aceptaba el llamado que Dios me estaba haciendo, y respondí que sí. 

Entré al Seminario Diocesano del Señor de Tabasco el día 4 de agosto de 2018. Posteriormente el equipo formador del seminario me llamaron para informarme que debía continuar con la formación en España, concretamente en el Colegio Internacional de Bidasoa. Llegué a España el 21 de octubre de 2020. He concluido mi primer curso gracias a Dios.

Pastoral en la Colegiata de San Isidro

La pastoral en la Colegiata de San Isidro en Madrid consiste fundamentalmente en ayudar en la Eucaristía, atendiendo a los fieles en la recepción para agendar misas, bautizos y bodas. Apoyamos en el mantenimiento de los objetos litúrgicos, salones, verificación del inventario. Preparamos el material para la catequesis a padres de familia y en algún momento dando una charla al grupo. Ha sido una experiencia muy bonita y llena de mucho aprendizaje y sobre todo el poder compartir la fe con los fieles de la Colegiata. También estuve de campamento en Covadonga con un grupo de jóvenes, impartiendo charlas, dialogando con ellos, compartiendo experiencias, la alegría de compartir la fe y aprendiendo unos de otros». 

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