Sylvestre y Pius, de Pamplona a Camerún: “Jesús no era políticamente correcto”

Sylvestre y Pius, de Pamplona a Camerún: “Jesús no era políticamente correcto”

10 min
Sylvestre y Pius son dos seminaristas de Camerún. Regresan a su país donde se ordenarán diáconos y después sacerdotes.

Sylvestre Marcel Ndongo y Pius Messongon son dos seminaristas de Camerún que finalizan ahora sus estudios en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Tras unos días en Madrid realizando labor pastoral, parten para su país después de varios años de formación, donde se ordenarán primero diáconos y después sacerdotes.

En esta entrevista para CARF, hablan de la situación de su país, de la libertad religiosa, de las conversiones en África, de lo que deben aprender los católicos españoles y europeos del continente africano y viceversa.

Una curación milagrosa 

Sylvestre Marcel Ndongo es un seminarista de Camerún de 31 años. Creció en una familia católica de seis hermanos, tres chicas y tres chicos. Es el tercero.

Para él, lo maravilloso de su vida llegó cuando encontró su vocación que define como una apasionante historia con Jesús a través de su Madre a “quien debo la curación milagrosa de una extraña enfermedad que me había molestado durante muchos años sin encontrar curación”.

Su madre se gastó mucho dinero en hospitales buscando la curación de su hijo. Y al final, la Virgen escuchó sus plegarias. “Si existiera un punto de partida de mi vocación diría que fue mi curación milagrosa al invocar a la Virgen de Nsimalen para curar mi enfermedad extraña. Al sanarme, decidí entrar en el seminario para dar mi vida al Señor y ayudar a los que quieren conocer a Dios”.

Dios le llamó cuando estudiaba una carrera universitaria. Al principio su padre y algunos de sus hermanos no entendieron su vocación.

Donde la gente rechaza a Dios 

Si pudiera elegir, le gustaría que le destinaran al lugar más pobre y donde la gente rechaza a Dios “para hablarles de mi experiencia personal”.

Por otra parte, a él le gustaría ser un sacerdote querido y no temido, un sacerdote servicial. “Creo que una de las causas de la caída de la fe en Occidente se debe al distanciamiento entre fieles y sacerdotes, al menos hace algunas décadas. Ahora, tras cuatro años en España, observo que sí existe esa fraternidad entre los sacerdotes y los católicos”.

«Me gustaría que me destinaran a un lugar donde se rechaza a Dios para hablarles de mi experiencia personal»

 

Sylvestre Marcel Ndongo de 31 años, es un seminarista de Camerún que creció en una familia católica de seis hermanos, tres chicas y tres chicos. Es el tercero. Tras muchos años sufriendo una enfermedad extraña con visitas continúas a hospitales y gastos familiares, cuenta que la Virgen de Nsimalen le curó. «Al sanarme, decidí entrar en el seminario para dar mi vida al Señor y ayudar a los que quieren conocer a Dios”.

Dificultades económicas para entrar en el seminario 

Pius Messongon estudia quinto del Bachiller en Teología en la Universidad de Navarra y es uno de los alumnos de Camerún que se forman gracias a la Fundación CARF. Tiene treinta años. Desde julio de 2016 vive en el Seminario Internacional Bidasoa.

Es el único varón de siete hermanos. Ambos padres son católicos: “He tenido la gracia  de tener un padre firme en relación a la religión”, afirma.

Desde pequeño se planteó ser sacerdote, aunque había tenido dudas durante la adolescencia. “Pensaba que era imposible entrar en el seminario a causa de las dificultades familiares y sin recursos para pagar esta formación que dura muchos años”. Pero al final, los recursos siempre se encontraron.

Vivir la fraternidad con los fieles

La formación de su párroco que predicaba muy bien y que le ayudó a defender su fe delante de sus compañeros o amigos que no eran católicos, fueron pequeñas experiencias que se le grabaron en el corazón.

“La misión más importante del sacerdote es estar al servicio de Dios y de sus hermanos los hombres. Así que estaré abierto a la voluntad de mi obispo, y donde me mandara iré con mucho gusto, ya sea en una parroquia o en otro servicio pastoral de la diócesis. Pretendo ser un sacerdote que viva la fraternidad con sus fieles. En mi país, por lo general, los párrocos se sienten como miembros de una familia que la necesita por su misión de pastor, sus consejos, acompañamiento espiritual…etc. En general, los fieles acogen, respetan y ayudan a los sacerdotes como en muchos lugares en el mundo”.

 

«Pretendo ser un sacerdote que viva la fraternidad con sus fieles y estar al servicio de Dios»

Pius Messongon tiene 30 años, estudia quinto del Bachiller en Teología en la Universidad de Navarra y es uno de los alumnos de Camerún que se forman gracias a la Fundación CARF. Tiene treinta años. Desde julio de 2016 vive en el Seminario Internacional Bidasoa.  Es el único varón de siete hermanos. Ambos padres son católicos. Desde pequeño se planteó ser sacerdote, aunque había tenido dudas durante la adolescencia. “Pensaba que era imposible entrar en el seminario a causa de las dificultades familiares y sin recursos para pagar esta formación que dura muchos años”.  Pero al final, los recursos se encontraron. 

Un 40% de católicos

Camerún es un país laico con diversas religiones y existe libertad religiosa y de culto. El 40% de los habitantes de su país son católicos y el 70% cristianos de otras religiones. Los católicos viven en lo que se llaman comunidades o asociaciones que ayudan a la nueva evangelización y a la participación muy activa de los fieles. Es un país donde hacen falta más templos. El camerunés al igual que los africanos, son naturalmente hombres y mujeres religiosos.

Sylvestre advierte que la secularización también está llegando a África. Y se lamenta de la incoherencia de vida de algunos representantes de Dios que influye en la indiferencia religiosa de muchos jóvenes. “Por eso es tan importante la formación de seminaristas y sacerdotes, para poder dar respuestas a muchos jóvenes de hoy”.

La fe en África y en Europa

Respecto a la diferencia de los católicos entre Occidente y África considera que los cristianos en Europa, en esta época, lo son por convicción y no por tradición. “Es el cristianismo de la experiencia. Esto es lo que he visto en España. Creo que en África no hemos llegado a este nivel. Es verdad, que se encuentran también muchos fieles por convicción, pero la gran mayoría siguen un cristianismo que tiene que madurar”.

En esta línea dice que los sacerdotes de su país deben aprender de los sacerdotes españoles la humildad y la sencillez. Evitar la vanagloria y los honores de este mundo. “Y al revés, creo, que los sacerdotes de Europa y de España en general deben evitar lo que se llama ser políticamente correcto”.

“Jesús no era políticamente correcto”

“Jesús no vivía en lo políticamente correcto. Aquí a veces los sacerdotes dicen las cosas para complacer a los oyentes. Todos los sacerdotes, sean de un continente o de otro, tienen que ser coherentes”, expone.

Pius también opina que los católicos españoles y europeos pueden aprender de los católicos de Camerún lo que se puede llamar la experiencia de la alegría de la fe.

A la inversa, los católicos de Camerún deben aprender de los españoles y europeos que la fe y la razón van juntos. “Son dos realidades al servicio del ser humano y deben permanecer unidos y garantizar un desarrollo integral de la persona”.

Respecto a las conversiones de católicos en África, ambos consideran que se debe a la labor de los fieles católicos que anuncian el Evangelio más por su testimonio de vida que por sus palabras.

“También me parece que se debe al esfuerzo que mantienen muchos sacerdotes de anunciar el Evangelio en la verdad. Ellos tienen el coraje de ser profetas de nuestra sociedad actual y esto da más credibilidad a la religión católica. Pues, donde hay un amor a la verdad del Evangelio, también está Jesucristo, y su presencia hace fructuoso la labor pastoral y es una gracia para toda la Iglesia”, concluyen.

Sylvestre y Pius han realizado labores pastorales en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen en Pozuelo (Madrid). Tras finalizar sus estudios en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y después de varios años de formación, parten para su país donde se ordenarán primero diáconos y después sacerdotes. Piden oraciones de todos los benefactores y les prometen que siempre rezarán por CARF. 

Marta Santín es periodista especializa en información religiosa. 

 

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