Gerardo Ferrara
01 Abr, 22

Testimonios de sacerdotes

Guido Gualberto: De los Andes a Roma

Guido Gualberto Chalaco Jaramillo nació en Macará, Ecuador, justo en la frontera con Perú, el 29 de marzo de 1991. Está estudiando la Licenciatura en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz gracias a una beca de estudio otorgada por CARF – Centro Académico Romano Fundación. Es sacerdote Diocesano perteneciente a la Diócesis de Loja, en el sur del país.

Guido Gualberto: De los Andes a Roma

Guido nos cuenta su testimonio: De los Andes a Roma. 

El lugar de donde procedo – comenta – está ubicado al extremo sur occidental de la República del Ecuador, en los Andes Bajos, recibiendo mayor influencia del pacífico como de la Amazonia, otorgándole una gran flora y fauna en el lugar.

Mi padre es Santos Agustín Chalaco Torres y mi madre Corina Jaramillo González. Somos tres hermanos y yo soy el pequeño.

Una familia católica

Mi familia siempre ha sido muy católica, así que mi vocación nace en el mismo contexto familiar. Mi madre que es catequista y de niño la veía siempre alegre.

Personalmente nunca me proyecté con ser sacerdote. Es más: siempre tenía una mala concepción del sacerdote, lo definía como un ser raro, serio, molesto y que compartía poco con los demás, es decir un tipo fuera de lo común.

Una adolescencia normal

Mi adolescencia en el colegio fue muy normal como los demás jóvenes, con expectativas e ideales grandes. Practicaba y sigo jugando al fútbol, el deporte apasionado de mi vida. También salía de campo, me gustaban las caminatas, comidas al aire libre, serenatas, bailes, reuniones y diversiones muy sanas con otros jóvenes adolescentes de mi edad. Incluso tuve una novia de juventud.

Unos sacerdotes alegres

Pero entonces, mi concepto sobre el sacerdocio cambió. Sucedió algo que me causó admiración. En cierto momento llegaron a mi parroquia unos seminaristas con un sacerdote y observé en ellos todo lo contrario a las ideas que yo me había formado en mi cabeza.

¡Los jóvenes seminaristas jugaban al fútbol! Es más, el sacerdote vestía en pantalón de deporte y también jugaba al fútbol. Los veía siempre alegres, compartiendo con los jóvenes, entonando con la guitarra las canciones populares modernas del momento, y como no, también música religiosa.

Algo me comentaron sobre el sacerdocio y cómo era la vida del Seminario. A pesar de esta alegría que irradiaban, yo no me había planteado la vocación y no había cambiado mi idea de ser un buen profesional.

Grupos juveniles  

Realicé mi proceso de formación académica en la Unidad Educativa Marista-Macará, regentada por la comunidad de Hermanos Maristas, donde me gradué de bachiller en Ciencias, especialidad Físico Matemático.

En este centro educativo tuve la oportunidad de formar parte del consejo estudiantil, conformar grupos juveniles, aunque también – y cómo no – en la parte deportiva, integrando la selección de futbol.

Después de finalizar mis estudios, trabajé en diversos campos: agricultura, imprenta, comercio. Además, colaboré en la catequesis parroquial, donde tuve una experiencia grata en trabajar con niños y jóvenes de la parroquia.

Me identifiqué con la integración y la formación de grupos juveniles tanto en el ambiente religioso como en el ambiente deportivo, que me ha servido muchísimo en mi vida.

¿Por qué no ser sacerdote?

Estos grupos juveniles de la parroquia fue el camino que Dios me puso para llamarme a Él. Fue en una de estas ocasiones que el párroco de mi ciudad me invitó a jugar al futbol con otros jóvenes.

Después de un partido, el párroco me invitó a que le ayudara en la catequesis con unos niños de iniciación cristiana, algo que al principio me causó ciertos nervios.

Sin embargo, al participar otro joven a estas clases de catequesis, me sentí más motivado y terminé ese año pensando que me gustaba mucho el trabajo pastoral que se realizaba con el sacerdote.

De esta experiencia, comenzó a rondar mi cabeza una idea: ¿Por qué no ser sacerdote? Pero seguía deseando formar una familia, tener una profesión, ganar dinero, tener proyectos, seguir en la universidad, etc., etc… ¡Pero esto lo hace todo el mundo! Y yo, ¿porqué no ser algo distinto? ¿Por qué no ser sacerdote?

Ángel Alberto Cepeda Pérez- Seminarista de Venezuela-Estudiante de Teologia - Roma - Testimonios CARF

Guido Gualberto Chalaco Jaramillo nació en Macará, Ecuador. El fútbol y los grupos juveniles de la parroquia fueron el camino que Dios le puso para llamarme. «Fue en una de estas ocasiones que el párroco de mi ciudad me invitó a jugar al fútbol con otros jóvenes», cuenta. Desde entonces, no ha dejado esta afición. 

«Llevo tres años de ministerio sacerdotal y puedo decir que nunca se termina de aprender… Todo es aprendizaje y todo enriquece, porque a lo largo del camino he podido comprobar  que una cosa es el estudio y la formación en el seminario y otra es la realidad, es decir la vida cotidiana», afirma.

 

Un encuentro providencial

Cuando le expresé mis pensamentos al párroco, él me propuso tomar parte en una convivencia vocacional, con la cual muy gustoso tuve la oportunidad de asistir y compartir, con un grupo de jóvenes, el proceso vocacional.

Y en ese momento tuve una gran oportunidad, o mejor, una gran bendición: conocer al Padre Armando Jiménez (ya difunto), en aquel entonces párroco de San José de Loja, la capital de mi provincia, quien me fue motivando y afianzando mi vocación a la vida sacerdotal.

Tengo gratos recuerdo de él porque ha sido mi director espiritual y me ha sostenido en mi vida sacerdotal, mientras se acercaba el momento de tomar una decisión definitiva.

Las dudas y crisis que fortalecen la vocación

Llegó el momento de ingresar al Seminario. Recuerdo que esa noche no pude dormir pensando en el futuro, en la perspectiva de cambiar mi vida para siempre… Ingresé y los primeros días era con ciertos nervios, por conocer una nueva realidad.

Con esta experiencia fue cambiando mi idea que tenía acerca del centro de formación y del sacerdocio. Esta concepción negativa del seminario se convirtió en una vida totalmente activa con ciertos itinerarios para formarse como sacerdote: trabajo, estudio, deporte, oración, pastoral, vida comunitaria, etc.

Claves de la vida en el Seminario

Las claves de la vida en el Seminario son la disciplina, la sinceridad y la disponibilidad para formarse.

Durante los siete años de formación, me dejé ayudar por mis padres formadores y mi director espiritual y claro, han existido crisis vocacionales, como es normal… Me planteé dejar el seminario, pero siempre he logrado superar cada situación, gracias a la ayuda de buenas  personas.

Así que puedo decir que la mejor etapa de mi vida, aunque con dudas y dificultades, ha sido el Seminario, espacio donde conocí diversos amigos y compartí con ellos la vocación. Es una alegría que queda corto describirla.

La vida sacerdotal

Llevo tres años de ministerio sacerdotal y puedo decir que nunca se termina de aprender… Todo es aprendizaje y todo enriquece, porque a lo largo del camino he podido comprobar  que una cosa es el estudio y la formación en el seminario y otra es la realizad, es decir la vida cotidiana.

Como diácono y luego ya como sacerdote, he estado colaborando en distintas parroquias de mi diócesis y por eso mi vocación se ha ido fortaleciendo, sobre todo, una vez más, gracias a los jóvenes.

Pero en este caso no me enfrenté solo a problemas, exigencias y desafíos de la vida juvenil. Tuve grandes maestros, el patrimonio de personas más mayores que yo con gran experiencia.

Jóvenes para la vida sacerdotal 

También, el señor Obispo me invitó a colaborar en la pastoral vocacional de la Diócesis de Loja, encargo pastoral que realicé antes de trasladarme a Roma.

Me tocó, pues, recorrer parte de la Provincia de Loja, conocer sus parroquias buscando a jóvenes para la vida sacerdotal, un trabajo que he realizado con agrado y con dedicación y siempre convencido de que el dueño de la vocación es Dios y que yo soy un instrumento.

«Las claves de la vida en el Seminario son: la disciplina, la sinceridad y la disponibilidad para formarse. Puedo decir que la mejor etapa de mi vida, aunque con dudas y dificultades, ha sido el Seminario»

La situación en Ecuador

Al recorrer la Provincia de Loja pude observar cuáles son los principales problemas de mi país  y también de la Iglesia local: fundamentalmente la emigración hacia el extranjero, sobre todo a Europa y Estados Unidos, debido a la falta de trabajo y a la poca estabilidad económica.

Y esto es una tragedia, pues ha ocasionado destrucción de familias en general, niños que han crecido sin la figura paterna – y en algunos caso ni materna – , produciendo más pobreza, poca inversión en la educación por parte de los gobiernos, más vulnerabilidad infantil y juvenil, embarazos a temprana edad, jóvenes que abandonan los estudios.

La ayuda de la Iglesia

Frente a todo esto la Iglesia ha iniciado un camino para combatir todos estos frentes, en la medida de lo posible, en particular implementando y fortaleciendo los centros de Caritas parroquial.

También, aumentando la formación en valores por medio de retiros, convivencias juveniles en aquellos centros educativos que están a cargo de la Iglesia. Esto también genera que los religiosos, agentes de pastoral, sacerdotes se deban capacitar para esta misión formativa.

Consolidar mi formación 

Porque el consagrado debe tener las pautas claras y convincentes para establecer un diálogo con las personas.

Es por esta razón que decidí, con el consejo de mis superiores, solicitar una beca de estudio. He considerado, pues, que la formación del sacerdote es importante para servir mejor a las personas.

Un sacerdote bien formado ayuda al pueblo y es un referente en la comunidad donde presta sus servicios, sobre todo en un mundo donde la exigencia a las respuestas de la fe y de la vivencia cotidiana están latentes. Por esta razón, el consagrado debe tener las pautas claras y convincentes para establecer un diálogo con las personas.

He escogido la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, porque he considerado una institución con experiencia en la licenciatura que estoy emprendiendo, Derecho Canónico, para mi formación personal, para ponerla al servicio de la Diócesis en el lugar que me encomienden.

Roma

En cuanto a la experiencia en Roma, ha sido una de las decisiones más difíciles de mi vida. Estudiar la licencia de Derecho Canónico en otra cultura diferente, una de las materias que me gustan de manera muy personal.

Pero está siendo muy buen experiencia. He conocido diversos sacerdotes de distintas diócesis del mundo, con sus culturas. Poder vivir en un colegio sacerdotal, como es el Collegio Tiberino, me ha ayudado en lo personal para trabajar la fraternidad.

Dios pide humildad

Cuando uno llega a Roma, tiene que dejar todo atrás: Dios te pide una exigencia mayor y te pide humildad, te vuelves como un niño que está comenzando a conocer una nueva vida y una nueva cultura.

Pero quiero contarles que muchas veces tenemos miedo a perder: a perder nuestra vida, nuestros seres queridos, nuestra comodidad presente. Y por miedo a perder, no nos atrevemos a avanzar, ya que muchas veces desconfiamos de Dios.

Sin embargo, si nos enfrentamos a la vida de esa manera, seremos derrotados por ella. Para ello, dejemos entrar a Dios en nuestra vida… Que su ayuda se manifieste por diversos medios de la Providencia, como, en mi caso, mis queridos benefactores de CARF – Centro Académico Romano Fundación.

Dios siempre tiene preparado algo bueno para nosotros y no debemos desconfiar de él. Así que  quiero terminar con un recuerdo especial, en mi oración, por las personas que me están ayudando de manera económica a cumplir esta meta planteada, los amigos del CARF.

«El consagrado debe tener las pautas claras y convincentes para establecer un diálogo con las personas»

Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable del alumnado
Universidad de la Santa Cruz de Roma

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