Marta Santín
04 May, 22

Testimonios de sacerdotes

Jaime Jesús Meleán Bravo y Julio César Morillo Leal, seminaristas venezolanos.

Jornada Mundial por las Vocaciones: Dos venezolanos se ordenan diáconos en España

El próximo 8 de mayo se celebra la Jornada Mundial por las Vocaciones. Julio César Morillo (35 años) y Jesús Jaime Meleán (31 años) ambos de la diócesis de Cabimas, (Venezuela) se ordenan diáconos en España.

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

El próximo día 8 de mayo, coincidiendo con el IV Domingo de Pascua, se celebra la 59ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, promovida por la Santa Sede.

Unidos a este llamamiento del Papa, CARF tiene en marcha una campaña titulada “Que ninguna vocación se pierda” y que tiene por objetivo recoger los fondos suficientes para que estudien, en Roma y Pamplona, 20 seminaristas de todo el mundo.

Dos seminaristas venezolanos se ordenan diáconos en España

Aprovechando esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, CARF quiere celebrar la ordenación diaconal de dos seminaristas venezolanos: Julio César Morillo Leal (35 años) y Jesús Jaime Meleán Bravo (31 años) ambos de la diócesis de  Cabimas, (Venezuela) , estudiantes de Teología en la Universidad de Navarra y residentes del Seminario Internacional Bidasoa, se ordenarán diáconos el próximo 29 de mayo en Bidasoa.

Ambos dejaron sus profesiones para seguir su vocación sacerdotal.

Jaime Jesús Meleán Bravo y Julio César Morillo Leal, seminaristas venezolanos.

Con motivo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones CARF quiere celebrar la ordenación diaconal de dos seminaristas venezolanos:  Julio César Morillo Leal (35 años) y Jesús Jaime Meleán Bravo (31 años) ambos de la diócesis de Cabimas, (Venezuela), estudiantes de Teología en la Universidad de Navarra y residentes del Seminario Internacional Bidasoa. Se ordenarán diáconos el próximo 29 de mayo en Bidasoa.

Ambos dejaron sus profesiones y su vida de éxito, para seguir su vocación sacerdotal.

 

Julio César Morillo 

Julio César Morillo:

Me gradué como Ingeniero de Petróleo y ejercí mi profesión en este campo y como profesor Universitario. Estaba en la cumbre de mi proyecto profesional. Creía que esto sería lo que me haría plenamente feliz, pero en realidad no lo era. Me sentía un poco vacío y también sentía que estaba llamado a algo más por lo cual debía concentrarme en descubrirlo». 

Sacrificar todo por la vocación 

«Me percaté que, si bien había realizado mi plan, nunca lo había sometido a consideración de Dios para ver si eso era lo que realmente Él quería para mí, sino que sólo mi oración se basaba en pedir ayuda para realizarlo y siento que Dios me permitió cumplirlo. A partir de ese momento comenzaron a suceder diversos acontecimientos en los que vi claramente que el Señor me pedía una entrega total para seguirle: dejar mi empleo, profesión, estudios, incluso a mi familia, quienes al principio no estuvieron de acuerdo. Hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo por la vocación”.

¿Cómo despertar la vocación en los jóvenes?

Este seminarista venezolano responde:

“Para despertar la vocación es necesario estar atento a la voz de Dios, detenerse por un instante y preguntarse qué quiere Dios de cada uno de nosotros. 

Observar a nuestro alrededor, ser conscientes de cada detalle que el Señor utiliza para hablarnos y atrevernos a escuchar, no con los oídos solamente, sino con el corazón, pues Dios nos habla también en nuestro interior. 

Pero, sobre todo, debemos estar dispuestos a responder a la llamada divina, sabiendo que no somos dignos de tan hermoso don, pero que, con la ayuda de Nuestra Madre, la Virgen María, podremos dar ese paso necesario para iniciar la gran aventura de discernimiento vocacional, tratando de hacer realidad el sueño que Dios ha pensado para cada uno”.

Julio César Morillo: «Vi claramente que el Señor me pedía una entrega total para seguirle: dejar mi empleo, profesión, estudios, incluso a mi familia, quienes al principio no estuvieron de acuerdo. Hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo por la vocación”.

Jesús Meleán 

Jesús Meleán nos cuenta su vocación: 

En su familia, a pesar de ser católica, son pocos los que están comprometidos: la mayoría no asisten asiduamente a la iglesia. Jesús también era parte de esa mayoría. 

A partir de vivir un programa de los Encuentros Familiares de Venezuela, dedicado a los jóvenes y la familia, sintió que Dios le llamaba a cambiar de vida, a buscarle y a encontrarse con cada miembro de su familia a través del amor de Dios.

«Desde ese momento comencé a comprometerme con la iglesia, y poco a poco sin darme cuenta estaba lleno de compromisos y sirviendo a Dios en todo lo que podía. Paralelamente a todo esto, estaba terminando mi carrera universitaria, y mantenía una relación de noviazgo de años, con planes serios de matrimonio». 

Un trabajo en la televisión regional 

Culminé mi carrera universitaria, me gradué de Licenciado en Comunicación Social e inmediatamente comencé a trabajar en una televisión regional, donde desde el primer momento me fue muy bien, llegando a ser el moderador de la emisión estelar del noticiero. 

«Pero seguía pensando que algo me faltaba, que estaba haciendo todo lo que me gustaba, pero sentía que Dios quería mas de mi, que yo podía dar más. En ese momento sentía que mi trabajo no me llenaba a plenitud». 

«Dios me llamaba a algo grande»

«Todo esto me llevó a preguntarme qué era lo que realmente quería Dios de mi. Con la ayuda de mi director espiritual comencé mi proceso de discernimiento, y mientras más ahondaba en mi interior, sentía en mis adentros que Dios me estaba llamando a algo grande, me estaba llamando a entregarlo todo, a dejarlo todo por Él». 

Pero solo pensar en esto, le llenaba de miedo, de temores, de negaciones y  «me quise hacer el sordo a todo lo que pasaba a mi alrededor». 

«Esto me llevó a experimentar una sequedad espiritual, donde me sentía mal. En ese momento, buscando encontrar el lugar donde me sintiera bien tomé la decisión de renunciar a mi trabajo y encontrar otro, donde solo dure 1 mes, y volví a renunciar». 

En un momento de adoración 

«Fue hasta una vigilia de Pentecostés, donde en el momento de la adoración, en mi oración le pedía a Dios que me perdonara por hacerme el sordo, por pretender vivir de espaldas a Él», declara. 

En ese momento comencé a sentir nuevamente todo lo que no sentía desde hace mucho tiempo, ese llamado dentro de mi corazón, esa voz que me decía, Ven y Sígueme, en ese momento me levanté y dije que Si, quería comenzar mi proceso en el seminario, porque me sentía llamado a esa vocación». 

 

Marta Santín 
Periodista especializada en información religiosa 

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