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24 Ago, 22

Testimonios de sacerdotes

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Mathias: «mi diócesis necesita buenos sacerdotes para ayudar a los jóvenes»

Mathias es un joven seminarista de la Archidiócesis de Mwanza, en Tanzania. Tiene 23 años y estudia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma. “Mi diócesis necesita buenos sacerdotes para ayudar a los jóvenes contra la pérdida de valores y la droga”, afirma.

Mathias seminarista de Tanzania

Mathias Msonganzila es un joven seminarista de la Archidiócesis de Mwanza, en Tanzania. Nació en 1999, en Nyamangana, a la orilla del Lago Victoria, el segundo lago de agua dulce más grande de la Tierra, situando entre Uganda, Tanzania y Kenia. Con tan solo 23 años, este chico dejó su país para estudiar en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz –gracias a una beca de CARF, Centro Académico Romano Fundación– que le sostiene en su formación. Está cursando el bienio filosófico, antes de matricularse en el Bachillerato en Teología. Es un joven muy diligente, siempre con la sonrisa, muy amable y, al mismo tiempo, atento en las exigencias administrativas, espirituales y académicas que todo seminarista y estudiante debe de tener en cuenta. Nos relata su historia en este julio que, con más de 40 grados, ha sido el más caluroso de la historia de Roma.

El tercero de seis hermanos

«Es una gran alegría poder compartir algo de mí con quienes me están ayudando en este proceso tan bonito y difícil a la vez que es dejar toda la vida que conocía para venir a la otra parte del mundo, y abrir mi mente a nuevos conocimientos y a nuevas experiencias.

Les cuento, pues, que nací el 23 de septiembre de 1999 en el distrito de Nyamagana, que está en la ciudad de Mwanza. En mi familia éramos seis y yo era el tercero. Sin embargo, mi hermano más pequeño falleció a los dos años en 2007, por lo que en la tierra en total somos cinco, dos hermanos y tres hermanas, pero ya está en el cielo uno de nosotros, el sexto. He pasado mi niñez en el pueblo de Lwanhima con mis padres: mi madre, Letisia Msonganzila, y mi padre, Faustine Luswetula, quien falleció en el año 2018″.

Una familia muy católica y una vocación temprana

«Fui bautizado en 2000 en la parroquia de Nyegezi, y recibí la primera comunión y el sacramento de la confirmación en 2009 en la parroquia de Mkolani. Vengo de una familia muy católica, ya que mis padres siempre han sido muy religiosos y nos han educado a nosotros en la fe y en la doctrina de la Iglesia Católica.

Ingresé en el seminario preparatorio de San Gregorio el Grande de Sayusayu en 2013, para luego ingresar en el seminario menor y terminar allí mi educación secundaria, de nivel avanzado, especializándome en estudios de física, biología y química. Siempre me ha gustado mucho la ciencia, pero el deseo de ser sacerdote ha estado dentro de mí desde mi infancia, lo que me empujó a estar más cerca de la Iglesia y, cuando era niño, fui monaguillo en nuestra capilla en Lwanhima.

Dios fue el que me impulsó y el que me llevó a ingresar en el seminario menor para cursar mis estudios, donde la sed de convertirme en sacerdote se vio acrecentada por la observación de algunos sacerdotes muy atentos y devotos, que se esforzaban al máximo para ofrecer su servicio a pesar de la escasez de medios de nuestra pobre realidad y de la difícil situación general».

Necesidad de sacerdotes

«En particular, en el seminario de niños de San Luis Gonzaga, que era un seminario nuevo, con muchas cosas aún por terminar, y con sólo dos sacerdotes que se enfrentaban a la pesada carga con valentía. Éste ejemplo supuso un avance en mi vocación, ya que me hizo darme cuenta y sentir la necesidad de trabajar yo también en la viña del Señor pues hay mucha necesidad.

Por lo tanto, después de completar la educación secundaria,  en julio de 2020, dos meses más tarde, informé a mi madre sobre mi decisión de ingresar en el seminario para ser sacerdote y ella me dio su permiso. Esto me ayudó para seguir adelante y compartir mi decisión con el director vocacional, con lo cual pedí formalmente unirme a la casa de formación de la Archidiócesis de Mwanza, en Kawekamo, donde me quedé durante casi un año.

Mathias Msongazila, seminarista de Tanzania.

Mathias Msonganzila es un joven seminarista de la Archidiócesis de Mwanza, en Tanzania. Tiene 23 años y es el tercero de seis hermanos. El pequeño falleció a los dos años y ya está en el cielo. Proviene de una familia católica cuyos padres les han educado en los valores religiosos y en la fe. “La sed de convertirme en sacerdote se vio impulsada por la observación de algunos sacerdotes muy atentos y devotos, que se esforzaban al máximo para ofrecer su servicio a pesar de la escasez de medios de nuestra pobre realidad y de la difícil situación general”, relata.

Una nueva aventura

«En mayo de 2021, fui informado por el obispo sobre la posibilidad de cursar mis estudios en Roma, e inmediatamente comencé a preparar todo lo necesario para viajar el mes de julio. Salí de Tanzania el 30 de julio, y llegué a Roma sano y salvo por la gracia de Dios el 31 de julio, y el mismo día al Colegio Internacional Sedes Sapientiae. En este Seminario Internacional he asistido al curso de lengua italiana durante dos meses y, más tarde en octubre, comencé los estudios de primer año de filosofía en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma».

Decadencia de valores morales

«Mi diócesis, que se encuentra en la ciudad de Manza y es testigo de un notable aumento de la población que va acompañado, por otro lado, de un alto grado de decadencia de los valores morales con otros problemas sociales como el abuso de las drogas. Sin embargo, la Iglesia y, en particular en mi diócesis, trata de superar estas dificultades abriendo más parroquias para que los servicios religiosos estén disponibles para la gente en los distintos lugares. La iglesia también se dedica a dar conferencias y a fomentar encuentros para los jóvenes con el objetivo de enseñarles cómo comportarse frente a las diversas tareas de su vida, y para evitar que se involucren en cosas que conducen al deterioro de la conducta moral de nuestra sociedad. Esto implica enseñanzas sobre la religión y también para mantener la fe viva en todos».

“Mi diócesis es testigo de un notable aumento de la población que va acompañado de un alto grado de decadencia de los valores morales. La Iglesia de mi país necesita buenos sacerdotes bien formados”.

Gracias a todos los benefactores

«Gracias a mis benefactores de CARF – Centro Académico Romano Fundación. A veces puede que, para un joven europeo, sea normal tener la oportunidad de formarse en una universidad tan prestigiosa como puede ser la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, pero les puedo asegurar que no es así para la gente de mi país: su ayuda me ha permitido tener la oportunidad de estudiar en Roma y de compartir mi vida y mi fe con otros jóvenes seminaristas de todo el mundo. Así que de verdad, mi deseo es que Dios les bendiga en su trabajo diario y mantenga en ustedes ese maravilloso corazón».

Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

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