Un fuego inmenso que no podía apagar

 

Ngcebo Gift Mzobe es un seminarista de la diócesis de Eshowe en Sudáfrica. En 2013 entró en el seminario de Ciudad del Cabo, y año y medio más tarde su obispo le envió al Colegio Eclesiástico Internacional Sedes Sapientiae en Roma para comenzar sus estudios filosóficos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Ngcebo cuenta su vocación a CARF. 

“Nací el 26 de enero de 1993 y soy el mayor de siete hermanos: 3 chicas y 4 chicos. Mis padres son los dos cristianos, pero solo mi padre era católico, ya que mi madre pertenece a la Iglesia evangélica.Crecí con mi familia paterna que era católica. 

Mi abuela fue la que me enseñó todo lo que sé sobre la fe, ella fue quien introdujo el amor a la Iglesia en mi corazón. 

Mi abuela me transmitió la fe y me llevaba a misa todos los domingos. Con 8 años le pedí permiso para ser monaguillo y realicé este servicio durante nueve hermosos años. En este período descubrí la vocación al sacerdocio, encendida por Dios a través del ejemplo de mis párrocos.

Esta vocación fue encendida por Dios a través del P. Mthanti, quien fue mi párroco hasta 2005, y al P. Mkhize, quien le sucedió. Ambos me mostraron lo que realmente es el sacerdocio, una vida de servicio, caridad y Providencia

Dificultades para el sacerdocio 

Siendo el mayor de mi familia, por tradición tenía ciertas responsabilidades, como por ejemplo perpetuar el nombre de la familia, lo que significa que tenía que casarme y constituir mi propia  familia. Esta era una de las razones por las que me preocupaba contarle a mi padre mi vocación al sacerdocio. 

En abril de 2009 mi padre murió. Su muerte me presionó mucho porque, como era el mayor, tenía que asumir la responsabilidad de ser el hombre de la casa y pospuse mis planes
vocacionales.

El fuego de mi vocación 

Después de terminar el College, donde estudié Química, trabajé durante un año tratando de ayudar a mi familia, pero me di cuenta de que no era feliz.

El fuego de la vocación era tan inmenso que no podía apagarlo.

En 2012 escribí una carta al obispo para que me aceptara en el seminario. La primera persona
a la que se lo conté fue a mi abuela. Se sorprendió pero, como esperaba, me apoyó incondicionalmente.

Ella fue quien convenció a mi madre, ya que, al ser evangélica, no entendía qué significaba ser sacerdote católico. Pero al final, me dio su bendición y gracias a ella, ingresé en el seminario con un corazón libre.

¡Wow, qué bendición!

En 2013 entré en el seminario de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), y estuve allí durante un año. En 2015 mi obispo me envió a Roma para comenzar mis estudios filosóficos. Me alegró mucho recibir la noticia de que me enviaran a Roma, ya que ahí es donde realmente podemos sentir la catolicidad de la Iglesia y es el sueño de todo católico. Yo, además, iba a vivir allí, así que me dije a mi mismo: ¡Wow, qué bendición!

Comencé mis estudios de Filosofía en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, lo cual fue un gran desafío principalmente por el idioma, ya que en casa hablamos zulú, en la escuela estudié en inglés y ahora tenía que estudiar en italiano…

No fue fácil, pero Dios estaba conmigo. ¡Y lo logré! Después de Filosofía proseguí con  Teología. El año pasado recibí la triste noticia del fallecimiento de mi abuela. Me rompió el corazón, porque cada vez que pensaba en la ordenación sacerdotal, ella era la que creía que iba a estar a mi lado, animándome y manteniéndome fuerte. Pero la esperanza de que ella esté cerca de Dios, me hace seguir porque sé que mi abuela está intercediendo por mí.

Estoy muy contento en el Colegio Internacional Sedes Sapientiae gracias a nuestros ángeles guardianes, mis benefactores del CARF, que nos permiten estudiar para servir a Dios como sacerdotes. Espero y rezo para que con la ayuda de Dios, me convierta en un sacerdote santo. 

Entiendo los sacrificios que a veces los bienhechores tienen que hacer para que podamos recibir una formación completa e integral. Estamos muy agradecidos y ninguna palabra puede expresar nuestra gratitud. Lo único que podemos hacer es prometerles todas nuestras oraciones y nuestro amor. Siempre rezo para que Dios los bendiga y, sobre todo, que les pague con felicidad eterna.

Ngcebo Gift Mzobe